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Textos para Orar con Hermanita Magdeleine

(I)

 

Mi mayor enfermedad, ya lo adivina, es estar en la tierra en vez de estar en el cielo... No se cura, esta enfermedad, no puede hacer sino aumentar... Mi mayor enfermedad consiste también en amar con pasión a Alguien que está a la vez tan cerca y tan lejos, en vivir al mismo tiempo con él y con todos los seres humanos... en querer amarlo todo de una forma absoluta y estar desgarrada entre el Islam y el mundo obrero, Touggourt y El Abiodh,  el noviciado, la fraternidad obrera y todos los amigos que he encontrado por los caminos de Francia y de otros lados.

Desgarrada, es exactamente la palabra que conviene, como algo muy pequeño que se quiere llenar demasiado”.

11 de Mayo de 1947, al Padre Voillaume

 

(II)

 

Es muy consolador pensar que aquí mismo el Señor Jesús pasó largas y dulces horas de amistad  que le hacían olvidar tantas horas dolorosas de enemistad y de odio, pensar que, cuando ya no podía más al encontrar tantas incomprensiones y condenas, venía a descansar a una casa amiga donde todos le querían, le comprendían – incluso cuando decía cosas extrañas e incomprensibles, porque todos creían en él. Venía a descansar junto al amor ardiente y puro de María Magdalena. Le gustaba que se quedara a sus pies durante largas horas y no la rechazaba, aunque Marta protestara contra su aparente inutilidad.

Betania es muy cerca de Jerusalén, pero los senderos son muy duros y pedregosos. El Señor Amado atravesó estos montes... respiró este aire...

En esta dulzura de Betania y de Belén, y en el sufrimiento que se siente pesar sobre Jerusalén, no puedo pensar más que en una cosa: en el amor. No puedo desearos más que una cosa: comprender el amor. No puedo sufrir más que de una cosa: de las faltas de amor, y tengo más que nunca nostalgia del cielo, donde no habrá más sombras en el amor.

¿Habéis comprendido bien el verdadero sentido del amor? ¿Habéis medido sus exigencias, os habéis  dado cuenta de todos sus matices, todas sus delicadezas?

¿Será que el Señor Jesús hizo una selección? Al contrario, se ofreció a los clavos de la cruz con los brazos abiertos, para que nadie fuera excluido de su amor, ni siquiera el  más miserable, el más egoísta y el más ingrato de todos los hombres. Por todos, el Señor Jesús sufrió y murió. En nombre de su Amor todos, sin exclusión, tienen derecho estricto a vuestro amor fraterno”.

En Betania, 20 de agosto de 1950, a las Hermanitas

  

(III)

 

Vuelvo de la misa, en que he vivido profundamente con Jesús ofreciéndole mi sufrimiento de ayer, y toda impregnada aún por esta presencia, le escribo.

Durante la cena, anoche, revolvió muchas cosas hablando de la vida contemplativa y dijo, sobre todo, esta frase que me entró en el corazón: «Unas hermanas que tienen un ideal de vida contemplativa deberían tener una celebración más recogida». Y luego lo cuestionó todo, pensando que una vida de contactos debería llamarse más bien vida evangélica, y que no había que jugar con las palabras.

Padre, diga que hay riesgos, diga que hay dificultades, pero no ceda, se lo suplico. Todo el mundo tiene los ojos puestos en usted. Es la primera vez que una forma de vida tan en contacto con los hombres quiere ser al mismo tiempo tan auténtica y profundamente contemplativa.

La vida contemplativa, usted mismo lo dijo, es una vida de amistad con la persona de Jesús, es una vida interior mucho más profunda en contacto con el mismo Dios. Por qué esta amistad, este contacto no podrían coexistir con una llamada de las almas, e incluso de las muchedumbres. Justamente porque la amistad será mayor, la intimidad más profunda, tendremos más sed de llevar Jesús a la gente, de irradiarlo, de hacerlo amar. Y porque habremos sentido todas estas necesidades de la gente tendremos aún más sed de llenarnos de Jesús, de retirarnos con él. Padre, usted piensa que mi caso es una excepción. Todas las hermanitas que me rodean sienten en ellas muy claramente esta llamada. Es una necesidad del tiempo presente, una acción del Espíritu Santo. Las que vienen a verme de todas las regiones de Francia, de Inglaterra, de Italia... todas sienten esta misma llamada: una vida contemplativa muy intensa, y una vida completamente mezclada con la gente. No cambie las palabras, haría daño a todas estas almas que vienen hasta nosotros.

Que hay que salvaguardar este ideal de vida, yo también lo pienso. Que usted sufra como yo de no haber llegado aún a la plena madurez en la realización práctica, lo comprendo, pero se lo suplico, véalo con confianza para dar confianza a los demás, a los que le miran y le siguen, le aseguro que Dios está haciendo de usted un guía no solo para nuestras fraternidades, sino para todos los que buscan y dudan, que tienen un llamamiento confuso y no llegan a encontrar la buena forma. No puede escapar a este deber, aunque esto les quite tiempo a los hermanitos. Ni usted ni yo tenemos derecho a cerrar las puertas para protegernos”.

24 de agosto de 1947, al Padre Voillaume

(IV)

Señor Jesús:

Tú eres el Maestro de lo Imposible...

 

Por la intercesión de hermanita Magdeleine,

te pedimos con confianza:

 

Auméntanos la fe,

danos un corazón más fraterno

que abarque al mundo entero.

Concédenos la gracia de...

(decir la gracia solicitada).

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

Por los siglos de los siglos. Amén.

 

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