Francisco Clemente Rodríguez 

A través de Internet han expresados sus sentimientos amigos entrañables ante la muerte de Francisco Clemente. Sus aportaciones se pueden encontrar en la página Web de la Familia. Recordamos aquí unos trazos de su vida en unas letras que en su día sirvieron de prólogo a uno de sus libros.

* 26 julio 1926

              + 18 de Noviembre 2008

Caminando en el tiempo

Francisco Clemente Rodríguez es un sacerdote de la diócesis de Cartagena-Murcia que, desde la plenitud y madurez de vida, nos regala unas hermosas páginas tituladas Caminando en el tiempo en las que nos quiere hacer partícipes de su experiencia de Dios al que ha buscado con pasión y convicción desde su niñez.

Desde los astilleros de la empresa nacional Bazán, de la mano de una familia creyente y probada por las cicatrices de la existencia, ingresó en el Seminario con veintiséis años con las manos llenas de grasa de las máquinas y de sol y de sal pero también manos llenas de ilusión y entrega. Actualmente, después de muchos años de cura, de cura-obrero y párroco-obrero del Reino de Dios, disfruta de una jubilación activa en la que se empeña en diversas actividades pastorales y cuida exquisitamente las relaciones humanas con los amigos. Sus últimos años de párroco en san Francisco de Asís han estado marcados por la atención a inmigrantes y personas, como él llama, “pobres y sencillas”. En todo este quehacer, antes y ahora, siempre ha buscado tiempo para orar y para rellenar con ejemplar escritura caligráfica libretas de sentimientos.

Es miembro de la fraternidad sacerdotal “Iesus Caritas” de la familia espiritual del beato Carlos de Foucauld donde sirvió a sus hermanos sacerdotes españoles como responsable regional durante los años 1985 a 1991. En su calidad de responsable asistió a encuentros continentales en Gante, Innsbruck, Malta y Dublín así como al encuentro internacional en Santo Domingo, celebrado en agosto 1988. Es un profundo conocedor de la Iglesia europea y latinoamericana y autor de un libro, Testigo de unas Vidas, Almería,  1993,  sobre sus experiencias con personas e iglesias de distintas latitudes especialmente cuando fue responsable de la mencionada fraternidad española. También ha publicado varios libros de poesía tales como Con otra luz, con otra mirada, Almería, 2000 o A solas con el hombre, Almería 2002.

En el autor la poesía es sólo un medio para hablar de la belleza de lo trascendente y manifestar su insaciable deseo de comunión con el autor de toda bondad, de todo lo bueno, de todo lo bello. Desde esta premisa el libro que ahora tienes en tus manos ha sido concedido como un tríptico dedicado A los pobres y a los sencillos, que con sus vidas silenciosas me enseñaron el camino del amor”. El epígrafe “Esperando en la oscuridad”, abre la primera parte donde el autor nos ofrece veinticuatro salmos, acudiendo a la ayuda de san Juan de la Cruz para invitar a los lectores a sumergirse en la lectura: “¡Oh, llama de amor viva, que tiernamente hieres, de mi alma en el más profundo centro! En todo momento, con hondo realismo, el escritor reconoce que es “un hombre débil” y que “cuando la noche me cerca”, como a todo ser humano responsable, “un mar de dudas y deseos zarandea mi alma”. Nos enseña convencido que la oscuridad y la duda se disipan en todo momento confiando en el Señor  al que canta, “Tú, Señor, eres mi fuerza en el combate”.

La segunda parte intitulada “Dios habla en la Noche” está llena de resonancias místicas que expresan la lucha de Dios con el hombre, entre el gozo y la agonía, hasta caer rendido éste último ante el Creador arrullado en sus manos cantando con san Juan de la Cruz: “¡Oh cautiverio suave!... ¡Oh toque delicado... que toda deuda paga! Matando, muerte en vida la has trocado”. La oración-poesía está transida de la experiencia de experimentar que cuando Dios es el único refugio, desde el primer momento de la mañana hasta la noche,la vida del justo se convierte en una nueva aventura de la mano de Dios. “Buenos días, Señor. Tú eres el primero que encuentro cuando despiertan mis ojos a la vida. Mi corazón te saluda alborozado al romper la aurora. Contigo quiero hablar mientras camino, a lo largo de esta dura jornada. A Ti, Señor, te busco, dejándome encontrar por tu mirada, que se cruza con la mía al tropezar con los hombres y las cosas que me envías de manera sorpresiva e inesperada”.

En la tercera parte, clave de arco de bóveda de la obra, la luz vence a la niebla de la existencia desde la convicción hecha vida de saber que la felicidad, la salvación y la justicia tienen nombre y es persona a quien conocemos por la revelación de su amor y a quien intuimos a través de la creación, el silencio, la amistad y, en definitiva, del amor. El poeta que ha vivido la noche de la existencia y ha bebido la hiel de la lucha por la construcción de un mundo nuevo y mejor cae rendido ante la inmensidad de Dios acurrucándose en sus manos y diciéndole de manera queda y entre susurros que salen del alma, “Yo te ofrezco lo que soy … acéptame, Señor, y haz de mí un instrumento que lleve a las criaturas el amor de tu conocimiento”.                      

 

Emérito de Baria

 

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