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Paco CLEMENTE, memoria y actualidad

 

Ordizia, 21 de Noviembre de 2008.

 

Había hablado con él, pocos días antes de su ingreso en la clínica. Me había llamado para recomendarme a un inmigrante musulmán, amigo suyo, que se trasladaba, por razones de búsqueda de trabajo a un pueblo cercano a Ordizia. Me pidió, con la delicadeza habitual en él, si podía dar mi número de teléfono a este amigo suyo. Le dí una respuesta afirmativa, y a continuación charlamos de sus achaques, del tumor que le habían detectado, pero que él creía que no era tan grave, y la esperanza de una consulta con un doctor especialista, creo que me dijo de Barcelona, o por intermedio de un amigo de Barcelona. Me aseguraba estar tranquilo y esperanzado. Cuando a los pocos días intenté hablar con él, su teléfono no respondía, y te puso el primer email. No imaginaba yo en aquél momento que la muerte estuviera ya tan cercana.

Dentro de la gran pena que me ha causado su muerte, me consuela el saber que ha estado rodeado de quienes más le queríais, no sólo su familia, sino sus parroquianos, sus amigos, y sus hermanos de fraternidad. Deseo y espero que el recuerdo de esta amistad, que no se rompe con la muerte, nos siga acompañando, y que el nuevo modo de relación con Paco en la fe y la esperanza, nos haga vivir más y más en la caridad, que entre ambos habéis tejido en esta vuestra etapa de amistad fraterna en esta tierra.  

De la experiencia de mi amistad con Paco, de lo que a lo largo de estos años he conocido de su persona, destacaría, entre otras dimensiones y virtudes: la fuerza de sus convicciones; su pundonor evangélico; y su entrega personal a los amigos, -una multitud de gentes- y a los pobres. Sus convicciones estaban enraizadas en una espiritualidad evangélica, radical, que hacía de su persona, una personalidad recia. Quizás en momentos, poco matizada, pero volcada y concentrada en lo nuclear del evangelio, que él había descubierto en su infancia y juventud, y que había ido recreando y releyendo desde la experiencia de vida obrera y de la radicalidad de la espiritualidad del Hermano Carlos y de sus fraternidades. Un hombre, en quien como en Natanael, no había engaño. Esta radicalidad de su actitud de vida y de su convicción le causaba no poco dolor, cuando percibía una iglesia y especialmente una jerarquía y un clero, de componendas y medias tintas. En ocasiones este dolor desgarraba su alma, y una angustia, con deje de desesperanza haría su alma. Sin embargo salía de esa situación por la concentración de su persona en Jesús y su evangelio. De nuevo su espíritu se llenaba de lo fundamental y renovaba sus convicciones, para volver a la vida y a la evangelización.

Consecuencia directa de esta concentración y radicalidad era su pundonor, su constancia y su fidelidad. No era hombre de la post-modernidad trivial y despreocupada, sino hombre de la modernidad, habituado al trabajo serio, constante, incluso minucioso. De ahí los innumerables apuntes perfectamente ordenados, retiros, homilías, artículos, poemas, escritos, retocados, tomándose muy en serio, hasta el mínimo trabajo que se le solicitara o que se le ocurriera. De ahí su capacidad, durante tantos años, de compaginar trabajo obrero y pastoral. De ahí su capacidad de larga y silenciosa oración y de presencia servicial y acompañamiento discreto de muchas personas. De ahí la extensión y profundidad de sus relaciones de amistad. Paco fue moldeándose evangélicamente por una ascética del trabajo intenso y bien realizado. Era una forma de manifestar su modo de vivir para Jesús y los hermanos. Con Pablo podría decir con verdad: “Vosotros sabéis cómo tenéis que imitarnos: no procedimos entre vosotros desordenadamente, no pedimos a nadie el  pan de balde sino que trabajamos y nos fatigamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros. Y no es que no tuviéramos derecho; pero quisimos daros un ejemplo a imitar. Cuando estábamos con vosotros eso es lo que os recomendamos: quien se niegue a trabajar que no coma. Pues nos hemos enterado de que algunos de vosotros proceden sin orden muy atareados y sin hacer nada. A ésos les recomendamos y aconsejamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen tranquilamente y se ganen el pan que comen. Vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien” 2 Ts 3,7-15.

La fidelidad a su Señor, su deseo de hacerse uno con Él y su mensaje, la influencia del testimonio del Hno. Carlos, vivida en fraternidad, su sensibilidad compasiva, su propia afectividad, llevaron a Paco, a un compromiso permanente con los pobres y los pequeños que encontró en su camino. Si en todo fue apasionado, en su amor y dedicación a los últimos fue un testigo entregado del Señor Las bienaventuranzas en su versión lucana, y la parábola de Mateo, respecto del último juicio acompañaron, empujaron, realizaron, y modularon las más auténticas actitudes de la caridad sacerdotal de Paco. Esta dimensión subrayada por el Vaticano II, y por la Teología de la Liberación, le confirmó y le estructuró aún más, y se convirtio en el eje de toda su vida sacerdotal. Por ello, cuando estos últimos años, veía a la Iglesia universal y a muchas iglesias particulares alejarse de aquel talante, sentía una profunda tristeza, y como una traición a lo medular del evangelio. Él, sin embargo, fiel a sus convicciones más personales, permaneció no sólo intelectualmente sino con toda su vida y con gran generosidad en este servicio a los pequeños y a los pobres. A los últimos.

Tenemos, los que fuimos sus amigos, mucho que aprender del cristiano, sacerdote y contemplativo que fue Paco. Su amistad es una herencia que se transforma en el tesoro del que nos habla el evangelio, del que el escriba va sacando el agua del evangelio de Jesús, para hacer un mundo más humano. Un paso, o unos pasos para colaborar a la fraternidad de los hijos de Dios, que Jesús inició y que a nosotros nos dejó como tarea.

En la memoria, la esperanza y el amor,

Ion ETXEZARRETA

 

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