26 noviembre 2008

A mis hermanos de la Fraternidad en España:

 

He seguido, gracias a los correos de Aurelio, los días finales del transito de nuestro hermano Paco Clemente, a quien tuve el privilegio de conocer durante el pasado Retiro en Galapagar.

 

Conversé en un par de ocasiones con Paco, sobre sus recientes Bodas de Oro Sacerdotales. Me regaló con discreción una sencilla tarjeta de recordación de ese acontecimiento tan significativo de su amistad con Jesús y su fidelidad a la Iglesia. Su presencia silenciosa y respetuosa durante esos días me tocó interiormente. Al igual que la de otros hermanos mayores que siguieron con atención mis simples comentarios sobre las Bienaventuranzas y el Reino de Dios.

Me sentí desafiado por el ejemplo de perseverancia de estos hombres, que frágiles igual que yo, me decían con su sola presencia lo que significa confiarse al Padre durante toda una vida.

Todos nos hemos encontrado con personas capaces de un gesto de heroísmo, con algunos que durante un tiempo han sido testigos de entrega, pero no podemos pasar por alto el encuentro con aquellos que han sido fieles toda una vida.

España entregó a la Iglesia y al mundo ejemplos muy claros de santidad. Todavía, después de siglos, siguen inflamando el corazón de nuestros jóvenes y adolescentes. Teresa, Juan, Ignacio, Domingo, Francisco son sólo los más conocidos, pero son cientos los que han demostrado que lo único que puede cambiar el mundo es la santidad, la entrega incondicional y tenaz a un único Señor.

La Fraternidad necesita más que nunca hombres como Paco, que nos dijeron con su vida y su fidelidad extrema que vale la pena seguir al Nazareno. Los días finales de un hombre que nos recuerda que la radicalidad, la sencillez y la locura de Carlos tienen el poder de fecundar de nuevo una sociedad y un Iglesia que nos duele.

En la Misa de Navidad ofreceré junto a mi pueblo, una oración por España y por la Fraternidad en España. Rogaré a Paco, como lo he hecho varios de estos días al despertarme que su ejemplo nos anime a ser fieles, a usar mejor los medios que nos ofrece la Fraternidad para ser santos, para no dejarnos llevar de la corriente que enaltece el primer lugar, las riquezas y el poder.

Les expreso mis hermanos la dicha de haber conocido personalmente a Paco y les deseo desde mi corazón que su ejemplo sea emulado por muchos otros.

 

Abraham Apolinario

 

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