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Patricio Rice, defensor de los derechos humanos

 

El 8 de julio de 2010 falleció Patricio Rice. Tuvo un paro cardíaco fulminante entre dos aviones en el aeropuerto de Miami y falleció inmediatamente.

Patrick Michael Rice nació en Irlanda en 1945, en el seno de una familia rural. Cursó estudios de Filosofía y Teología. En 1970 llegó a Argentina y en 1972 ingresó a la Fraternidad de los Hermanos del Evangelio.

Fue secuestrado y torturado el 11 de octubre 1976 y pudo ser salvado por la presión de diplomáticos de su país de origen y de la Fraternidad de los Hermanos del Evangelio.

Cuando fue liberado, debió alejarse del país y se radicó en Londres desde donde regresó a Argentina al finalizar la dictadura, abandonando la congregación para casarse con Fátima Cabrera, que había sufrido torturas junto a él, alfabetizadora e integrante también del Observatorio de Derechos Humanos (ODH). Tuvieron tres hijos, que junto con ellos son militantes de esos mismos organismos.

Patricio seguía la espiritualidad del hermano Carlos como miembro de la Fraternidad Laica formando parte del Equipo de Coordinación de las Américas.

Últimamente jugó un papel fundamental en las ONGs que siguieron los trabajos de Naciones Unidas para la Convención de Desapariciones.

El lunes 12 de julio en una emotiva ceremonia familiares y amigos se despidieron de él. Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, junto a Hijos y familiares de desaparecidos y representantes de organizaciones sociales, que destacaron también su lucha junto a los pobres, se reunieron  para homenajear a quien calificaron como un hombre transparente, con una inacabable capacidad de amor por el pueblo, quien sufrió terribles torturas durante su paso por centros clandestinos de detención y nunca dejó de luchar por la verdad y la justicia.

Su esposa e hijos le dedicaron la siguiente despedida:

Patricio era nuestro padre y compañero. Ex cura obrero, ex detenido-desaparecido. Luchador y militante de la vida y los derechos humanos. Tenía la sonrisa más hermosa, la mirada más transparente, el corazón más bondadoso. Vivió todos sus días con alegría, convencido que un mundo justo, solidario y sin discriminaciones era posible. Nos enseñó que para transformarlo había que empezar por las propias manos. Supo sumar y sumarse a las luchas y resistencias en todo el  mundo.  

Escribió en el libro que construyó con sus compañeros de la Fraternidad Carlos de Foucauld “En medio de la tempestad”, algunas palabras que hoy nos lo recuerdan:

“Respecto a mi detención-desaparición, nunca pensé seriamente que algún día me iba a tocar. Hasta hoy me cuesta creer que como pudo haber seres tan depravados y perversos que torturan a otros seres humanos en estado de total indefensión. Ahora sé que es así y que el ser humano tiene una capacidad única para la brutalidad y la maldad. (…) Si bien fue una experiencia atroz, también tengo que confesar que pude descubrir a Dios en medio de todo ese dolor y esa incertidumbre. Nunca me sentí verdaderamente derrotado y creo que con Fátima, detenida junto a mí en ese momento, compartimos algo muy profundo con nuestros hermanos y amigos que hoy no están. Sobre todo su fortaleza y su alegría a pesar de todo.” 

“(…) Decía Monseñor Romero: ‘Si me matan, resucitaré en la lucha del pueblo salvadoreño’. Y los primeros cristianos afirmaban: ‘Los mártires son las semillas’. Estoy seguro que ninguno de nuestros amigos y compañeros se adjudicaría ese título de mártir. Estuvieron tan llenos de vida y  proyectos hasta el final. No se los puede imaginar de otra forma. Como el propio Carlos de Foucauld.  Este espíritu y la entrega generosa y creativa de sus jóvenes vidas es la herencia que queremos transmitir a las nuevas generaciones.”  

A nuestro irlandés se le detuvo su apasionado corazón cuando se proponía lograr la ratificación de los países a la Convención contra la Desaparición Forzada de Personas, para la triste realidad de que sea un derecho no ser víctima de la desaparición forzada.

Con una sensibilidad honorable lloraba la muerte pero sabía que era un paso más que había que dar. Hoy con infinita tristeza sabemos que quería que lo recordáramos con alegría y los invitamos a despedirlo de esta forma. Diciéndole adiós pero asumiendo el compromiso de no bajar los brazos hasta conseguir un mundo más justo.

 

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