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Adiós a nuestro hermano René Voillaume

Estamos reunidos hoy, para dar gracias; dar gracias por la vida que Dios nos da, y por la vida de nuestro hermano y padre René Voillaume.

En nombre de su familia y en nombre de nuestras diversas fraternidades, yo quiero agradeceros a todos y cada uno de los que nos acompañáis, a los que están en esta catedral, -algunos de los cuales han llegado de muy lejos-, y a todos y todas los que hubieran deseado estar aquí y nos han enviado algún mensaje de Fraternidad. Gracias, de verdad. Permitidme dos agradecimientos especiales. El primero al Padre Claude Feidt, que nos acoge en su catedral. Es una relación más con la diócesis de Aix a la que las fraternidades deben mucho; no olvidemos que Mons. Provenchères fue uno de los mas seguros y fieles apoyos y consejero del P. Voillaume y de Hermanita Magdalena, y que también aquí en Aix fueron fundadas las primeras fraternidades obreras de Hermanitos y Hermanitas de Jesús. El segundo al pueblo de Cépie (que ha acogido al P. Voillaume durante 28 anos; una delegación del mismo se encuentra hoy aquí, con nosotros, y para el P. Despierre, obispo de Carcassone, que no ha podido venir, pero nos ha enviado a su Vicario General. Gracias.

Evocar durante unos pocos minutos la vida de una persona no es fácil; menos todavía si se trata de la de René Voillaume. Por tanto, no revelaré sino algunos trazos notorios de la misma, tras recordar algunas fechas.

El P. Voillaume hubiera cumplido 98 anos el próximo 19 de Julio. A los 16 anos, en 1921, la lectura de la vida del P. De Foucauld, de René Bazin, fue el comienzo de una larga amistad con el Hermano Carlos. Poco antes, «un acontecimiento secreto y totalmente interior», le había hecho comprender, —según sus propias manifestaciones —que Cristo quería «que me consagrara totalmente a El y a su Eucaristía». Esta experiencia le condujo al sacerdocio, el 29 de Junio de 1929.

El 8 de Septiembre de 1933, en el Sagrado Corazón de Montmartre, tras anos de reflexión y preparación, René Voillaume y cuatro compañeros mas tomaron et habito del Padre De Foucauld y fueron a instalarse en el oasis sahariano de El-Abiodh-Sidi-Cheikh. De esta fraternidad nacerán !os hermanos de Jesús.

En 1938. y con ocasión de una peregrinación a la tumba de Carlos de Foucauld, en El-Golea, Argelia, conoció a quien había de ser la fundadora de las Hermanitas de Jesús.

Este encuentro iba a producir en el futuro frutos abundantes, por la relación que mantuvieron ambos y su estrecha colaboración al servicio de la vida y del desarrollo de las fraternidades.

A finales de 1950 publicó En el corazón de las masas. Este libro subtitulado "La vida religiosa de los Hermanitos del Padre De Foucauld", será el que dé a conocer al P. Voillaume en la Iglesia de nuestro tiempo.

 Cuando se piensa en la vida del P. Voillaume, e! primer rasgo que se detecta es el de ser fundador. No solo por dar una orientación, una estructura y una fuerte espiritualidad a los Hermanitos de Jesús, sino que hizo lo propio con los Hermanitos y Hermanitas del Evangelio, y se implicó fuertemente en el nacimiento de las Fraternidades Secular y Sacerdotal, y en la de los institutos seculares. Sino que se sintió siempre, hasta hace bien poco, dispuesto a ayudar a cada grupo que se inspiraba en la vida y el mensaje de Carlos de Foucauld.

Ha sido efectivamente fundador, pero ante todo y sobre todo disponiéndose a la escucha del Espíritu Santo y dejándose guiar por ÉI. Y el Espíritu a partir de una primera llamada para una vida contemplativa y misionera. le llevó a abrir caminos nuevos para la vida religiosa y le llevó incluso mas lejos de lo que podía ver y prever en su momento. Como a todo fundador se le concedió estar, a la vez, adelantado y en armonía a necesidades nuevas y a los movimientos profundos que el Espíritu iba suscitando en la Iglesia. Por ello han sido generaciones diversas las que se han reconocido en lo que se expresaba En el corazón de las masas.

El, que se consideraba tímido y poco comunicativo, recibió audacia y coraje, y una especie de seguridad interior impresionante para cumplir su misión, recorrer el mundo entero, y encontrarse con toda clase de personalidades. A menudo, olvidamos que el que dirigía el naciente grupo de El-Abiodh, tenía 28 años y una salud frágil...

Por esta apertura al Espíritu, el P. Voillaume, ha sido en profundidad un hombre de Iglesia. No en el sentido que se dice de un eclesiástico, o porque estuviera en contacto con numerosos hombres de Iglesia, sino porque "sintió con la Iglesia". Para alimentar su proyecto supo escuchar y dialogar con las corrientes eclesiales mas diversas: con las tradiciones del Carmelo y la Cartuja, los militantes de la JOC y la misión obrera, Jacques Maritain, Margarita Taride, obispos, otros religiosos..., la lista es larga^y muy diversificada. Hay que mencionar también la especial relación que mantuvo con la Iglesia de Argelia en su diálogo con los musulmanes, su gran apertura a las Iglesias de Oriente y a sus diversas tradiciones, a su amistad con el Hermano Roger y la comunidad de Taizé, etc. Hasta el final de su vida continuó interesándose de cerca por todo lo que de nuevo nacía en la Iglesia y en los nuevos movimientos. Ayudándose de una consigna simple y clásica; «Cuando no sepáis que pensar de un asunto, comenzad por conocer lo que de ello dice la Iglesia».

Si se le hubiera pedido al P. Voillaume definirse a si mismo en pocas palabras, seguramente hubiera insistido en el hecho de que era sacerdote. A nosotros se nos hacia difícil entender por que ser sacerdote era tan importante para él. Creo que estaba profundamente relacionado con la concepción de su vocación a la vez contemplativa y misionera: no somos nosotros los que damos la vida al mundo, es .Jesús quien la da. El lo ha hecho entregando su vida en Nazaret, en los caminos de Palestina y finalmente en la Cruz. No se participa en la obra de vida salvación de Jesús, sino entrando en la misma dinámica del don de si mismo. Para el P. Voillaume, ser sacerdote y celebrar la Eucaristía. era ciertamente, y a la vez, unirse, reactualizándolo, al misterio de Jesús que se entrega y ofrecer al mundo lo mejor, que no viene del mundo, y que es el manantial mismo de la vida. Y era también renovar la ofrenda de la propia existencia. En los últimos tiempos no podía celebrar, y ello le suponía un gran sufrimiento. Una de las últimas veces que le visité, me dijo: «Hay una forma de oración activa; y hay una forma pasiva en la que no hay otra casa que ofrecer que las largas horas y la dependencia...», otra forma de darse.

No hablaba mucho de si mismo, ni de su vida personal Pero se adivinaba que era, ante todo, un hombre de fe. Sin duda, a nivel de discurso y enseñanzas. Nos lanzó a una vida en el corazón del mundo, donde las relaciones ocupan mucho sitio; pero volvía a recordarnos con insistencia la dimensión de la fe que debe abrir cualquier relación a un misterio que la supera.

Se sentía sobre todo que la fe era para él un compromiso personal. No mas fácil para él que para nosotros, compromiso siempre cuestionado por la vida, y sobre todo nunca terminado. A menudo expresó que veía actualmente las cosas con una mirada nueva, que la ancianidad le hacía descubrir nuevas perspectivas, y que tenía todavía cosas que descubrir. Su manera de comunicar era escribir, y todavía hace pocas semanas nos decía: "Querría escribir algo sobre la fe». Esta dimensión de la fe en continua búsqueda es e! punto en que lo sentimos mas cercano a cada uno de nosotros.            i

Hoy, nos hemos quedado huérfanos. No como niños a quienes falta el apoyo paterno; sino mas bien con paz, como hijos e hijas adultos que ven partir a su padre tras una vida llena y no saben como expresarle su gratitud: "Gracias por habernos lanzado a la aventura; gracias por habernos equipado para el camino; gracias por habernos dejado marchar a nuestro ritmo, y habernos dejado descubrir lo nuestro. Hazte cargo de nosotros ahora. y continua ayudándonos".

Al final de su último libro (escrito a los 95 anos), René Voillaume escribía: «Al punto en que he llegado en la vida, no puedo evitar sentir una sorpresa llena de gratitud por la vida que Dios me ha dado y de confusión por tantas infidelidades y errores cometidos. Me siento pequeño y en paz,, en el corazón misericordioso de Jesús. Acabada mi vida y terminada mi misión, no tengo por que preguntarme por un futuro terrestre que y a no existe, sino anticipar otra existencia en el Reino de Cristo». Ahora que se abre para él esta nueva existencia, demos gracias juntos, y pidamos al Señor que le colme con su vida y la gracia de su presencia.

Y si os parece bien, me gustaría que asociáramos a nuestra acción de gracias a otro hermano, el hermano Pablo Cheval, uno de los primeros hermanos del Evangelio, y uno de sus primeros responsables, colaborador cercano de René Voillaume, que ha alcanzado también la fraternidad del cielo, hace unos diez días. Que juntos nos ayuden a permanecer en la alabanza del Señor.

 Marc HAYET

Responsable general de los Hermanitos de Jesús

Aix-en-Provence, 17 de mayo de 2003

 

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