Iesus Caritas Nº 158

Iesus Caritas

 

Editorial 

 

La Fe en el Dios Único y Grande:

Punto de encuentro en el diálogo islamo - Cristiano

El título de este BOLETÍN ha sido tomado de un hermoso poema de Husayn Mansûr Hallâdj y de él nos valemos para resaltar el punto de partida y al tiempo punto de encuentro del diálogo islamo-cristiano que no es otro que la experiencia de Dios, único, grande y trascendente. De tal suerte la cercanía al misterio insondable de Dios, en unos y otros, cristianos y musulmanes, “nos hace olvidar nuestro nombre” para mirarnos y abrazarnos como hermanos. El “Consejo de Redacción del Boletín ha preparado con esmero este número doble sobre el necesario diálogo islamo-cristiano  sabedores que nuestro carisma foucauldiano no se comprende sin la obligada referencia a los creyentes musulmanes.

En este contexto dialogal “la figura de Abraham es fundamental en la historia de Israel” y del resto de religiones monoteístas. Antonio Rodríguez Carmona nos ofrece una reflexión sobre el patriarca y su recuerdo bíblico donde “la idea fundamental del ciclo de Abraham es la presentación de Dios como el protagonista de la Historia de la Salvación, que libremente llama, promete, fija un camino y su meta, y lo hace recorrer de forma aparentemente absurda. El hombre responde con la fe, que le convierte en peregrino”.

El Hermano del Evangelio, André Berger, cita al comienzo de un documentado artículo lleno de resonancias evangélicas el texto conocido de la carta de Carlos de Foucauld a Henry de Castries, (8 julio 1901): “Sí, tenéis razón, el Islam ha producido en mi un trastorno profundo […] la vista de esta fe, de estas almas que viven en la continua presencia de Dios, me ha hecho entrever algo más grande y verdadero que las ocupaciones mundanas”. Es en este ambiente donde el hermano Carlos se sitúa “a su estilo” y abre así una relación de apertura, de acogida, de respecto mutuo y de compartir, en la cual lo esencial que queda es lo que le hace vivir para reunirse con “los más lejanos y abandonados” y reconocerlos así amados de Dios. Acoger al “Otro” y a los demás es para él como las dos facetas de un único encuentro que modela toda su vida.

De los muchos testimonios de apertura y presencia en medio del mundo musulmán desde el carisma foucauldiano hemos escogido algunos que pueden ser significativos de lo que pretendemos. José Megías narra su historia de amistad con un grupo de hermanos musulmanes “intentando crear unos espacios para el encuentro y la oración, desde los cuales ir irradiando una nueva forma de convivencia que vaya más allá de las diferencias externas y se dirija a lo esencial, a la persona”. Desde esa experiencia él y su grupo han llegando a la convicción de que “la mejor forma de establecer un diálogo interreligioso es crecer en la convivencia. Convivir con personas de diferentes creencias es la mejor prueba de que ese diálogo es una realidad. Lo demás son teorizaciones, que ciertamente pueden ayudar a la convivencia, pero la mayoría de las veces se quedan en una mera declaración de intenciones”. La experiencia se complementa con el relato de la visita a Marruecos de Francisco Clemente llevado de la mano de sus amigos musulmanes. La acogida en una familia en Rabat le lleva a decir que “ el contacto con este pueblo he descubierto gente mística, personas que viven en un estado continuo de humildad, en un clima de elevación, que sin alarde de nada reflejan lo grande que son las cosas y lo pequeño que es el hombre. Hay como cierta comunicación con Dios que se materializa en la vida y que no es algo estático, toda vez que se adecua a las diferentes realidades y necesidades sociales y espirituales, sin perder de vista el fin último de ese contacto con Dios que es la Vida”. Completan los testimonios anteriores un relato sencillo de la Hermanita Mercé de Jesús donde nos habla de la importancia de compartir la vida ordinaria con la gente en un Nazaret humilde donde “la vida debe gritar Evangelio”.

            Más extensa es la sección que tradicionalmente aparece bajo el epígrafe de Ideas y Orientaciones. Fr. Manuel Corullón escribe sobre la imagen de Dios en el Islam con una aportación que nos debe abrir las luces de la inteligencia para conocer y amar más las ricas expresiones de fe islámica. El teólogo José Luis Sánchez Nogales nos dirá que “cristianos y musulmanes tienen una referencia fundamental en sus escrituras sagradas, Biblia y Corán” y abundará con detenimiento en la tesis de que “no es equivalente la situación de ambas escrituras en las respectivas comunidades. Pa­ra los cristianos, la palabra del Dios viviente se manifiesta en plenitud en Jesucristo, palabra de Dios hecha hombre. La equivalencia se establece más bien entre el “Verbo eterno de Dios hecho hombre”, Jesucristo, y la “palabra eterna de Dios hecha libro”, el Corán. Sin embar­go, Biblia y Corán son, para las respecti­vas comunidades, paradigmas normativos de la fe. Es necesario intentar situar el Corán en la teología cristiana de la revelación, y la Biblia en la islámica, si se quiere saber en dónde residen las posibilidades y los problemas en el diálogo. ¿Qué podemos decir de este “encuentro” cuando las Palabras no tienen la misma categoría ni significado, dependiendo del interlocutor, y el encuentro lo es en el doble sentido de acercamiento y tropiezo?”. Original y atrevida es la exposición de Michel Cuypers, investigador del Instituto Dominicano para los Estudios Orientales en El Cairo, que últimamente ha concentrado enteramente sus estudios sobre la composición del texto del Corán, adoptando el método de análisis retórico que examina el texto así como es, en su versión canónica. Metodológicamente abstrae de la tradición, al menos en un primer momento, y afronta el texto en modo completamente diferente, para llegar frecuentemente a interpretaciones que no concuerdan con la misma. Sin embargo no ataca absolutamente el corazón de la fe musulmana, al contrario la pone más a la luz, liberándola de añadidos que la han recargado a lo largo de la historia. Mons. Claude Rault nos introduce en el camino del diálogo y considera que “el diálogo en sí mismo constituye un verdadero reto” ya que “actualmente, en muchos lugares, las relaciones entre cristianos y musulmanes son espacios de fragilidad. Etienne Wend-Zoodo Saïdou Ouégraogo, secretario de la comisión episcopal de Burkina Faso y Níger para el diálogo con el Islam, nos ofrece la experiencia de este diálogo en países subsaharianos, como Burkina Faso, donde no hay una mayoría cristiana, y donde se convive en las  mismas aldeas y ciudades sin conflictos y con un buen entendimiento entre ambas religiones. Xavier Marín escribe que “todo encuentro auténtico comporta un autocuestionamiento. Cualquier diálogo interreligioso es un riesgo, un reto que se puede leer como un peligro para la fe o como una oportunidad de crecimiento, purificación y profundización espiritual” y concluye que “No se trata tanto de respetar a los otros porque todos somos iguales como de respetarlos precisamente porque son diferentes. No es una cuestión de máximos sino de óptimos: reconstruir nuestra identidad religiosa siendo capaces de reconocemos en las otras tradiciones espirituales. Únicamente a través del diálogo descubriremos a los musulmanes como seres que actúan y hablan en nombre propio desde su particular comprensión de la realidad”. Rafiq Khoury, sacerdote católico palestino, sitúa el diálogo islamo-cristiano en el ámbito de una “una dinámica permanente” y nos invita a mantener este “combate espiritual, para el yihâd espiritual que es, para los musulmanes, el gran yihâd”. Jean Louis Déclais prefiere hablar al tratar estos temas de “cristianos y musulmanes”, es decir, personas a las que la vida nos invita a facilitar el encuentro y el diálogo porque para “comprenderse y hablarse, los hombres, ya sean cristianos, musulmanes u otros, deberían también recordar que ellos son en primer lugar hombres y que todos tienen a su disposición el mismo logos, la misma razón”. Agustin Arteche Gorostegui concluye su artículo, en el que dibuja algunas perspectivas pastorales para la actual época de globalización,  diciendo “no a la falta de confianza, no a la exclusión, no a los miedos y prevenciones. No tenemos necesidad de que las armas defiendan nuestra civilización.  Queremos la paz, el diálogo, el encuentro, la colaboración mutua, y la amistad. Queremos ser cristianos, sencillamente, siguiendo el modelo que Jesús nos señala en el Evangelio”.

La sección denominada Páginas para la Oración recoge algunos retazos de páginas Web construidas por musulmanes con las características de acercarse a la fe en Jesucristo desde su óptica y tradición al tiempo que se complementa con la Sura de Apertura y las letras de una intervención en una oración islamo-cristiana en la que Antonio López Baeza abrió su corazón y tendió su mano a “todos los que estamos aquí, musulmanes y cristianos, cristianos y musulmanes, afirmamos que existe un solo Dios, Creador de todas las cosas, Misericordioso y Eterno, que pide y espera de nosotros el mejor culto, el culto en espíritu y en verdad, el único que le agrada; y que, a través de todos nuestros actos, medios e instituciones, fomentemos la fraternidad entre todos los seres humanos y con el conjunto de la creación, porque todos somos criaturas de su amor, y Él no quiere ser ni aparecer como más creador de unos que de otros; ni como un Dios más verdadero en una religión que en otra”. Cierra la sección una sencilla y preciosa colaboración de la secretaria de nuestro Consejo de Redacción, Mª Carmen Picón Salvador, sobre un aspecto importante del diálogo como es la escucha.

Terminamos este prólogo con igual emoción que embargo en su día a Carlos de Foucauld en su encuentro con el mundo musulmán. Él escribió en reiteradas ocasiones la enorme impresión que le produjo el Islam en su primer viaje a Marruecos del siguiente tenor: “El Islam produjo en mí una profunda convulsión […] la visión de esta fe, de estas almas que viven en continua presencia de Dios, me dejó entrever algo de mayor envergadura y más verdadero que las ocupaciones mundanas: Ad maiora nati sumus (Nacimos para cosas más elevadas) […]”. Desde ese convencimiento no le fue difícil acometer tareas tales como traducir el Evangelio al árabe y al targui llevado de su deseo de “ser del país” y conocer su lengua, sus costumbres, su estilo de vida, en definitiva, llevado de deseos de conocer más para amar mejor.

Muchos, tras las huellas de Carlos de Foucauld, han intentado poner en práctica la intuición de aquel buen “marabouth” viviendo sus intuiciones. La IX asamblea de la Fraternidad Sacerdotal celebrada en Brasil (noviembre 2007) entre las interpelaciones actuales del mundo a la Iglesia señala el diálogo interreligioso, especialmente con el Islam, y se constata que “la presencia del Islam en muchos de nuestros países es percibido como un desafío a las religiones establecidas. El diálogo y la comprensión mutua se convierten en una gran tarea” [IX Asamblea de la Fraternidad Sacerdotal, Comunicado de la Asamblea, Correo de la Fraternidad, 89 (2007) 36-40].

Manuel Pozo Oller

Director