Caminando

EUSKADI 2003

Aún recuerdo el día en que Laura, Jordi y Joan nos anunciaban que pronto dejarían de ser nuestros monitores. Tras múltiples intentos para organizar un encuentro, los Rierols volvieron a fallar y una vez más demostramos que sin la ayuda de los “monis” éramos incapaces de ponernos de acuerdo. El 21 y 22 de febrero fueron los dos días escogidos para el encuentro. Joan tuvo que buscarnos alojamiento en un albergue de Vilafranca, pronto llegaría la Pascua y todavía no nos habíamos visto, y menos hablado sobre las colonias del próximo verano, las que serían nuestras últimas colonias. No tuvimos mucho tiempo, en una tarde tuvimos que organizar muchos proyectos. El primero de todos, y creo que el más difícil, fue asimilar que pronto nos quedaríamos sin monitores, y viendo las dificultades que teníamos entre nosotros para hacer cualquier cosa, esto significaba que se acababa el “grupo”, se acababan las colonias de cada verano, las rutas de montaña, mochilas, etc... Un reto muy difícil de conseguir, pero nada comparado con el que vendría más tarde. Si aquellas tenían que ser las últimas colonias (sin monitores), había que organizar algo distinto, algo que recordásemos para toda la vida y que reflejase todo el trabajo que desde pequeños habíamos hecho para llegar a ser los Rierols.

¡Y qué mejor que un viaje a Euskadi! La propuesta nos ilusionó mucho a todos, pero pronto llegaron las dudas. Aparte de organizar el viaje, había que crear un fondo que nos ayudase a reducir el presupuesto, algo como hacer camisetas y mecheros... Cada uno tendría que venderlos y aportar luego la misma cantidad de dinero. Por Pascua, aprovechando el proyecto del “cortometraje” realizado el último verano en Tarrés, decidimos hacer un pase de la película y montar un chiringuito a la salida del “cine” para vender las camisetas y mecheros que habían sobrado. ¡Todo un éxito! Pero aparte de la venta de camisetas, cada rierol tenía una tarea a preparar. Durante el último trimestre de escuela, teníamos que organizar el viaje: rutas, albergues, dietas... Pero, lo más importante, el Pacto de convivencia. Si algo tenía que quedar muy claro antes de partir eran los objetivos del viaje. Todos queríamos pasarlo muy bien y hacer muchas actividades, pero convivir durante una semana en grupo es complicado, y si no establecíamos unas normas aquello podía ser un caos.

Nos costó unos cuantos encuentros hacer un pacto en que todos estuviésemos de acuerdo. Todos teníamos una idea diferente de lo que podía ser aquel viaje, pero finalmente lo conseguimos, se hicieron grupos de dos o tres personas para repartir las tareas y ahora teníamos otra ayuda en que apoyarnos si las cosas no iban muy bien por ahí arriba, un documento que todos habíamos firmado y que se tendría que cumplir.

Y llegó el día de la partida, 8 de julio de 2003. A las 9:30 de la mañana estábamos todos en la estación de Sants, y no sé si era por el sueño o por los nervios pero nuestras caras eran un poco largas. Supongo que todos sentíamos el peso del Pacto de convivencia sobre nuestros hombros, además de las mochilas que por última vez se verían todas amontonadas antes de partir. Pero pronto nos animamos, los monitores llevaban las pilas puestas y como siempre nos transmitieron su energía. La primera etapa tenía que ser en Plentzia, así que, nada más llegar, el grupo de transportes ya se tuvo que despabilar para llevar a todo el grupo hasta allí.

La verdad es que el principio no podía ser mejor, pasar dos días en un albergue donde lo teníamos todo hecho nos ayudó a preparar el resto de los días que estaríamos fuera. Si queríamos pasar dos días de ruta por la montaña se tenía que hacer la comida, plantar tiendas, llevar unos horarios, etc. Pero todo fue sobre ruedas y pasados unos días ya parecíamos expertos en transportes, dietas, rutas y todo lo que se nos propusiera. El paso por la montaña fue magnífico, la noche del camping lo pasamos muy bien, pero el objetivo era descansar y recuperar fuerzas para la excursión del día siguiente. Nos esperaba un día intenso, la niebla matutina nos asustó un poco pero nada impidió que siguiéramos con lo que habíamos preparado y sobre todo con el vivac, uno de los grandes objetivos del viaje. A la mañana siguiente ya volvíamos, quedaban tres días de viaje y queríamos pasarlos en San Sebastián, haciendo deportes de aventura y disfrutando de las playas y del turismo.

Las actividades en San Sebastián fueron geniales, no sé si me gustaron más las canoas o las piraguas, pero lo que tengo muy claro es que nunca podré olvidar la voz de Joan diciendo: “Derecha, derecha, izquierda, izquierda...”, mientras Ariadna y yo remábamos intentando dominar la corriente del río. A la mañana siguiente ya volvíamos y ahora las caras largas de la ida se habían convertido en pesadillas. Euskadi se había acabado y con él las colonias de los Rierols. Suerte que el viaje fue un éxito y esto nos ha motivado a comprometernos para el año que viene. Ya no estarán los monitores para organizarlo todo, pero estará nuestra ilusión ahora que hemos podido comprobar que... ¡con confianza no hay barreras!

Emma Nin

 

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