TRIBUNA: LOS MANDAMIENTOS

En la guerra de Irak se ha dado cita el incumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios de forma deleznable. Conviene reflexionar al respecto.

Está claro que se ha utilizado el nombre de Dios en vano para justificar la “guerra preventiva”. Una invasión injusta para liberar al mundo de un tirano que sobre todo era peligroso para su pueblo y al que desde Occidente no se dudó en utilizar cuando así nos convino.

Se ha matado. ¿Por qué? ¿Para qué? Nunca hay justificación para matar al otro, pero en esta “guerra preventiva” matar al otro, en este caso al iraquí, no tenía ninguna importancia, y hemos asistido horrorizados a los terribles bombardeos desde las alturas contra un pueblo indefenso. No matarás.

No mentirás. Ahí parece que es donde más duele. Se ha mentido y esto no lo admitimos y puede ser que algunos de los que han mentido, que son muchos, aunque tres con mayor responsabilidad, paguen por ello y es justo que así sea. Mentir no, que nos engañen no vale, esto no se va a pasar por alto.

No codiciarás los bienes ajenos. Parece que la gran desgracia de Irak, más que tener un tirano sangriento (por desgracia no es el único que existe en el mundo y esperamos que no liberen a ningún otro pueblo con bombas), es tener petróleo. Este Mandamiento de la Ley de Dios tantas veces vulnerado está en el origen de guerras y enfrentamientos de todo tipo. Por esto se mata, por esto se miente. El otro no cuenta, el otro no existe.

Y para todos aquellos que defienden las guerras, muchas veces usando el nombre de Dios en vano, conviene recordarles que los Diez Mandamientos se resumen en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Es decir, si amamos a Dios somos libres y capaces de amar al otro y ver en él al hermano.

         M. Lluïsa Oliveres. Presidenta Fundació Alfons Comín

         La Vanguardia 7 septiembre 2003

 

 

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