Llamado a la casa del Padre

EN LA MUERTE DE UN HERMANO DE COMUNIDAD

El día 26 del pasado mes de junio la Comunidad de Jesús vivió el misterio de muerte y vida eterna de nuestro hermano Manuel Caballero Mor, que con 54 años ha ido a la casa del Padre dejando a su esposa M. Pilar y a sus cuatro hijos huérfanos. Pese al dolor de su familia y de todos los hermanos por la pérdida de una persona querida, damos gracias a Dios por todo lo que él ha hecho de bueno entre nosotros y por el fruto que ya ha dado para la vida eterna. Manuel era uno de los primeros jóvenes que conoció Pere Vilaplana a finales de los años 60, y vivió de cerca los lazos espirituales con el P. Estanislau M. Llopart y sor Maria Montserrat Capsir. En esta camino de compartir una verdadera amistad descubrió su vocación en el matrimonio, celebrando su boda el año 1977 en Tarrés. El compromiso comunitario lo vivió día a día con simplicidad de corazón y sin hacer ruido, con momentos difíciles y momentos dichosos, siendo de los primeros matrimonios que realizaron la consagración matrimonial el año 1978 ante el cardenal de Barcelona Dr. Narcís Jubany, signo y manifestación de la voluntad de los dos esposos de vivir un cristianismo encarnado en la familia, la Comunidad, la parroquia, el trabajo, los amigos... Este cristianismo encarnado los ha movido a sentirse estrechamente vinculados al pueblo de Tarrés, donde han vivido los principales acontecimientos familiares y comunitarios y han creado unos fuertes lazos de amistad con sus habitantes. Y en Tarrés su familia ha querido que fuera enterrado Manuel. El sábado 28 de junio celebramos en la iglesia parroquial la eucaristía en sufragio por su alma y el entierro en el cementerio del pueblo en un acto sencillo y lleno de vivencias para su familia, la Comunidad y el pueblo. La paz y serenidad que ahora llena el corazón de su esposa, de sus hijos y de todos nosotros, nos permite vivenciar la comunión de los santos con quienes nos han precedido como es el caso de Manuel, y con tantas personas que nos quieren y están unidas a nosotros por los lazos de la plegaria y la amistad. A todos quienes recibís el MÉS A PROP os pedimos que lo tengáis presente en vuestra plegaria para que, pese a sus debilidades, Dios tenga en cuenta su fidelidad a la vocación cristiana manifestada a lo largo de su vida. También os pedimos una plegaria para que su familia sepa construir su futuro con esperanza y en el recuerdo amoroso de su esposo y padre.

Joan Figuerola

 

EXEQUIAS DE MANUEL CABALLERO (HOMILÍA)

Tarrés, 28 junio 2003

Rm 8,31b-34; Jn 6,37-40

Queridos hermanos y hermanas, la muerte no tiene sentido. No intentemos entenderla, no intentemos razonarla..

Sabemos que llega y no sabemos por qué, sabemos que llega y no sabemos cuándo; a veces demasiado tarde, a veces demasiado pronto, pero nunca llega a tiempo. A veces se presenta de repente, dejándonos sin aliento, a veces se presenta despacio, dejándonos fatigados y exhaustos; pero nunca nos coge preparados.

Y a su paso deja un dolor profundo, sordo, una herida aguda, que con el tiempo se irá cerrando pero quedará la cicatriz que nos recordará al ser querido.

Los no creyentes dirán: Manel se ha apagado, se ha acabado, y añadirán: la vida es este absurdo incomprensible. Los creyentes diremos: ha pasado a mejor vida y ha ido a reunirse con sus antepasados; pero, seguramente nos encararemos con Dios y le preguntaremos, doloridos y quizá con rabia: ¿por qué?

La respuesta de Dios la encontramos en la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. La respuesta de Dios es: mi Hijo, Jesucristo, sufrirá y morirá como cualquiera de vosotros, pero mi Hijo Jesucristo, y tras de él todos los que creéis en él, resucitará.

Cada uno tiene su hora. Ha llegado la hora de nuestro hermano Manel, la hora de presentarse ante Dios, juez justo y misericordioso, que juzga según la ley del amor, la hora de presentarse ante Dios, su Padre, nuestro Padre, deseoso de acogerle y de perdonar sus pecados, de abrazarle amorosamente y de hacerle entrar en la casa solariega donde le esperan sus seres queridos que le han precedido en el camino. Esta es nuestra fe.

Oremos por nuestro hermano Manel: que el Padre del Cielo le acoja en su seno. Y oremos por aquellos que le han querido y le queremos, especialmente su familia. El consuelo nos vendrá del mutuo cariño y de la esperanza cristiana de aquel día en que nos volveremos a encontrar, transformados, transfigurados, en nuestra casa solariega del Cielo.

Mn. Santi Soro

 

QUERIDO MANEL

No recuerdo haberte escrito nunca una carta, pero como ahora estás tan cercano... Nos presentó Joan Prats un día que fuimos a ahuyentar el calor en Piscines i Esports, probablemente era el verano del 66 o del 67. Como Joan, te pasabas un montón de horas tecleando una linotipia en La Vanguardia. Turnos de día, turnos de noche, los domingos y las fiestas, de vez en cuando una quemadura con el plomo fundido, y siempre unos buenos desayunos o vermutillos en la calle Tallers o en la plaza de Castella. ¿Verdad que no te enfadas si escribo que la mesa y la sobremesa siempre te gustaron?

Como joven que eras te picaba especialmente el gusanillo de la amistad. A menudo Joan te hablaba de Pere, de la casa de la calle Joan Blanques, de un modo diferente de vivir la fe recibida por tradición cuando no por simple imposición y compartiendo la intimidad a la luz del Evangelio en las “colles”. Y empezaste a frecuentar aquella casa y a los que allí nos reuníamos. Empezaste a hacer “colles”. Recuerdo que cuando nos tocaba reunirnos en tu casa, aunque tan sólo era en la Esquerra de l’Eixample, a mí me parecía que iba al otro extremo de la ciudad, y ya ves ahora quién me liga a aquel barrio tuyo... Es que la ciudad se iba ampliando a medida que nos hacíamos mayores y nuestras vidas salían del recinto familiar del barrio y de la calle de casa.

Venías de la parroquia de Sant Llorenç, en la calle de Entença, donde conociste a M. Pilar. – ¡Eh, jugabas con ventaja! No estabas tan gordito y disponías de un “flamante” Renault 4/4 de color azul cielo o verde claro, no lo recuerdo... – Sólo tú y ella sabéis los mínimos detalles del inicio inexplicable de este sentimiento que se llama Amor que os atrajo y os ató con lazos suaves pero firmes. Quisísteis que, vuestro noviazgo primero y vuestro matrimonio y vida de familia después, estuvieran basados en el espíritu de la Comunidad, que tuvieran aquel aire sencillo y escondido de la vida de Nazaret y lo vivísteis con vuestro talante propio, caracterizado por un rigor en los detalles que no era ajeno a tu carácter tozudo y un poco autoritario. - ¿Me perdonas? – Esto no es un reproche, Manel, puesto que por encima de todo brilla una gran fidelidad a lo esencial, acompañada de un sincero amor a Dios y a los hermanos que te hacía estar muy cercano, pese a las obligaciones laborales o familiares con las cuales fuiste también, y siempre, muy serio: Un padre de familia trabajador y en lucha por vivir coherentemente con los valores cristianos. No es un tópico. Ya sabes que hoy en día no es nada fácil combinar familia y coherencia cristiana con las exigencias del mercado. No fuiste el único en esforzarte, pero lo hiciste y quiero decírtelo.

Y llegaron los hijos. Primero M. Creu, luego Esther, Montserrat y un poco más tarde Manel. Con ellos se multiplican las alegrías y las ilusiones, y también la carga de trabajo y las necesidades materiales ineludibles para darles todo lo que hace falta para encarar la vida con la mochila llena de valores y de conocimientos. Los cuatro tienen algo de ti en el rostro y en los corazones y sus historias llevarán junto con sus aportaciones personales mucho de lo que tú has dejado en sus hatillos. El día a día de los hijos te abrió a nuevos compromisos y, en coherencia con tu fe, respondiste a nuevos retos colaborando y trabajando en la Asociación y la Escuela de Padres de la escuela de tus hijos y realizando, en la participación de la vida parroquial, la aproximación a la gente del barrio, sin esconder nunca, sin embargo, tu compromiso con la Comunidad de Jesús, realizándolo allí donde Dios te había llevado.

Amaste mucho a Tarrés, no como un sitio para establecer una segunda residencia sino como una forma tuya peculiar de entender y vivir la Comunidad en los días de ocio y de descanso. Te encontraste a gusto enseguida entre su gente, como miembro de la Comunidad y como familia, y tus hijos tuvieron, como muchos de nuestros hijos, un buen terreno de juego donde expandir su vitalidad creciente y donde experimentar la convivencia y la Amistad. Y estos meses de 2003 en los que, sin hablar demasiado, has tenido con tu familia, M. Pilar y tus hijos, con tus amigos y compañeros, con nosotros tus hermanos, el diálogo más intenso. Has estado cercano como nunca; y en el proceso de tu enfermedad hemos tenido que tragarnos la rabia y aproyarnos, no sin esfuerzo, en la Fe para vencer al fatalismo...

Manel, te contaré algo: Siempre me ha gustado aquella fotografía tomada por Joan en una de las muchas visitas que hiciste al Padre Estanislau, en su ermita de la Santa Creu en Montserrat; visitas que muchas veces eran para acompañar a Pere cuando el horario laboral te lo permitía. En estos meses, la he tenido muy presente: dos amigos dialogando, reunidos... como ahora. Ah! ¡Quédate tranquilo! ¡Tu familia es la nuestra!

Josep Calvet López

Septiembre 2003

 

CONDOLENCIAS POR MANUEL CABALLERO

(transcripción de algunas cartas recibidas)

 

ABADÍA DE MONTSERRAT

6 de julio de 2003

Querido Joan y queridos hermanos y hermanas de la Comunidad de Jesús:

He recibido la notificación de la ida a la casa del Padre de vuestro hermano Manuel Caballero i Mor, quien, como decís, vivió su compromiso comunitario con fidelidad y con simplicidad de corazón.

Ha dejado esposa y cuatro hijos. A todos doy mi pésame. Y a todos os acompaño con mis sentimientos y mi oración fraterna en Cristo Resucitado. En estos momentos de aleluya está presente y nos anima una fuerte esperanza. Se habrá encontrado de nuevo –y de una manera nueva– con el P. Estanislau y con Pere, ¡aleluya, aleluya!

Esta madrugada nos ha dejado un hermano monje, Joan Rion i Tomàs, que también ha escuchado la llamada del Padre. Le encomendamos también a nuestra oración.

A todos, un fuerte abrazo en Cristo,

Oriol M. Diví

 

HERMANITAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Agosto de 2003

Estimado Joan:

Al comienzo de nuestra asamblea general he recibido tu carta anunciándome la triste noticia del fallecimiento de Manel. “Misterio de la muerte y de la vida eterna”, como tú lo expresas fuertemente en tu carta.

Te agradezco, os agradezco mucho que hayas compartido con nosotras esta triste noticia. Dicen que la verdadera fraternidad se descubre compartiendo, sobre todo, los momentos de dolor.

Leyendo tu carta, volvía a ver la casa de M. Pilar y Manel en Tarrés y todos los recuerdos de familia que vi cuando pasé por Tarrés.

Te envío una carta para M. Pilar de parte de toda nuestra fraternidad, signo de nuestra profunda comunión y de nuestra oración por la familia. ¿Podrías hacérselo llegar? Gracias.

Estamos en plena asamblea, trabajando duro, duro... Es muy positivo. Os daremos noticias.

Yo también guardo un gran recuerdo de mi estancia con vosotros. Saluda a cada hermano y hermana en particular.

Buen descanso merecido durante estas vacaciones.

Isabel Lara

AGRADECIMIENTO  DE LA FAMILIA CABALLERO

Muy queridos,
en primer lugar quiero agradecer a la Comunidad la oportunidad de poder dirigiros estas palabras.

Gracias por todo lo que habéis hecho por nosotros: llamadas, visitas, oraciones, pensamientos... todo nos ha ayudado y nos ayuda en estos momentos difíciles de nuestra vida.

Dios está con nosotros y todos estáis en nuestro corazón.

Recibid un fuerte abrazo y muchos besos.

M. Pilar, M. Creu, Esther, Montserrat y Manel

 

¿Quiénes somos?   -   Contacte con nosotros   -   Mapa del sitio   -    Aviso legal 

Logotipo de la Familia Carlos de Foucauld