Caminando

SEIS MESES ENTRE NOSOTROS

El 21 de febrero de este año llegaban a nuestro país el P. Estanislau M. y Míriam en un viaje de 24 horas desde Japón en el que sería el retorno definitivo del ermitaño a Montserrat. Desde aquel momento la Comunidad de Jesús ha estado pendiente de su delicado estado de salud hasta su muerte el 29 de marzo.

Con profundo agradecimiento por la acogida de las monjas del monasterio de Sant Benet, Míriam ha estado llevando a cabo el trabajo de catalogación de todos los escritos y documentos del ermitaño, en contacto con muchas personas que han seguido su enseñanza a lo largo de los años y haciendo un discernimiento sobre su futura vida eremítica en Japón.

El 21 de agosto pasado, seis meses justos después de su llegada, la despedíamos en el aeropuerto de Barcelona, de regreso a la tierra donde ha vivido casi treinta años junto al P. Estanislau dando un testimonio de presencia evangélica y vida contemplativa en un país no cristiano. Allí seguirá siendo fermento de Jesús encarnado en el mundo y trabajando el legado del P. Estanislau para hacer posible su difusión, la cual hará que siga irradiando la profundidad de su vivencia del amor de Dios.

Estos últimos meses han sido momentos de gracia especial para la Comunidad, al sentir más próxima la paternidad del ermitaño y revivir aspectos concretos de su vida eremítica, aunque habíamos mantenido a lo largo de los años el contacto con los ermitaños del Japón por carta, teléfono y correo electrónico, y vivíamos en comunión de oración. Comunión que él expresaba muy bien en una carta de 1981:

“Todo es gracia, todo me da alegría y me hace sentir muy fuerte vuestra comunión”.

Todos recordamos cómo Pere Vilaplana junto con Josep Closa, Raimon y Guillermo acompañaron al P. Estanislau M. en su partida de la ermita de la Santa Creu de Montserrat hacia Tierra Santa en 1972. Y cómo por distintos motivos algunos miembros de la Comunidad han hecho tresviajes al Japón a lo largo de todo este tiempo, llevándole nuestro deseo de seguir fieles a su demanda de ser contemplativos en el mundo.

Todo lo que el ermitaño nos ha hecho vivir estos últimos tiempos nos ha ayudado a conocer mejor a Míriam, la persona que ha vivido tantos años a su lado y que nos ha escrito tantas cartas en su nombre, interpretando fielmente sus sentimientos. Junto con ella rezamos al lado del padre unos momentos antes de su muerte en la habitación de la enfermería del monasterio de Montserrat, signo providencial de la comunión que hemos vivido tantos años y regalo de Dios que nos anima a seguir su ejemplo de hombre totalmente entregado a Dios. También ha compartido con nosotros el encuentro en Joan Blanques con la gente del pueblo de Tarrés y el P. Cassià el pasado 5 de abril y la visita a Montserrat con los Hermanos del Evangelio con motivo de su Capítulo General en Tarrés.

Su presencia en Tarrés el Sábado Santo nos permitió disfrutar de un encuentro íntimo de toda la Comunidad reviviendo el itinerario que hemos hecho con el P. Estanislau M. y con Pere Vilaplana desde los años sesenta. Y su trabajo de catalogación de la documentación del padre después de su muerte nos anima a difundir todo lo que ha significado para nuestra comunidad su enseñanza espiritual.

La peregrinación a Cataluña de Pablo Nakanishi, un viejo amigo japonés de los ermitaños y de la Comunidad, nos manifiesta que va floreciendo la semilla sembrada en el Japón por medio de su vida eremítica vivida desde 1974. Con Pablo y Míriam el día 13 de agosto visitamos Tarrés, rezamos en la ermita de la Santa Creu e hicimos un encuentro con la gente del pueblo para compartir el testimonio del ermitaño. La presencia luminosa y serena del padre se hizo viva, y en la ausencia nos transmitió la paz y el silencio de Dios.

Como testimonio de la comunión que hemos vivido todos estos años y que la muerte del ermitaño ha reafirmado, en la oración de vísperas en la capilla de ca l’Hostal hicimos entrega a Míriam de la cruz de madera de olivo que tenemos todos los miembros de la Comunidad. Recordemos que el ermitaño también la tenía y la guardaba como signo de los fuertes lazos que nos unían, tal como nos escribió desde el Campo de los Pastores de Belén en 1973 con motivo de la muerte de la primera hermana de Comunidad:

“¡Oh, sí, todo es gracia! Ciertamente, estos días pensaba en vosotros y os sentía más a menudo de lo habitual... y rezaba, ¡y con qué amor besaba la cruz de la Comunidad de la entrada de la Cueva! Ella me hablaba de sufrimiento y de alegría íntima en el seno del Padre. Ahora veo que la comunión venía más fuerte porque, de vuestra parte, vivíais el misterio de muerte y vida eterna de una de vuestras hermanas: M: Teresa Monné”.

El encuentro con el abad Josep M. Soler que compartimos con Míriam antes de su partida no reafirma en nuestros lazos con Montserrat que vienen desde los inicios de la Comunidad, en tiempos del abad Cassià M. Just. La vinculación de Míriam con Montserrat le permite seguir el ejemplo del P. Estanislau M. en su amor tan fuerte a la casa de la Madre de Dios en la santa montaña y le dará fuerzas en esta nueva etapa de más soledad. Esperamos que nuestra oración por el paso del desierto en su vida eremítica en el Japón también sean para ella signo de paz y esperanza.

Joan Figuerola

 

¿Quiénes somos?   -   Contacte con nosotros   -   Mapa del sitio   -    Aviso legal 

Logotipo de la Familia Carlos de Foucauld