En la muerte del P. Evangelista Vilanova

Extraído de Catalunya Cristiana, 28 abril 2005 PUNTO DE VISTA

Josep M. Rovira Belloso, presbítero y teólogo.

El jardín del monasterio, dónde despedimos los despojos, era lleno de sol y lleno de silencio. Sólo cuando el P. Recasens resbaló, mientras llevaba el féretro al subir las escaleras, el silencio se convirtió en la expresión contenida del susto. Mientras, pasaban por mi recuerdo, en forma de imágenes y anécdotas vivas, los 53 años de convivencia y de amistad con quien, ahora, como Esteban el diácono, ve la gloria de Cristo. Querría recordar algunos de estos hechos.

Una primera imagen es la de un trabajador infatigable. Un caso de vocación clara a la teología y a la historia. Mejor dicho, a la teología hecha historia y a la historia que es un panorama teológico. Los tres volúmenes de la Historia de la teología cristiana, publicados en cuatro idiomas, certifican lo que digo. Me gustó mucho su libro El coraje de creer, aun cuando la primera lectura me desconcertó en algunos puntos. Acto seguido, aprendí que, en el estilo de Evangelista, aquello que parecía ornamental era esencia en muchas ocasiones. Percibí el poder de comunicación de mi compañero de departamento, y entonces le hice el prólogo con mucha identificación. No sólo un trabajador incansable, sino un hombre de fe. Aquí se me unen una imagen y el recuerdo de un escrito suyo. En el tanatorio de las Cortes, el P. Evangelista aparecía desolado ante los tres féretros de sus  familiares próximos, muertes en accidente de carretera. Habló, casi no podía hacerlo, y no se perdió en los caminos del sentimiento subjetivo. Hizo una apasionada afirmación de esperanza en la vida eterna con Dios. ¿De donde sacabas las fuerzas, compañero?

El escrito lo encontraréis fácilmente en el libro de Francesc Los catalanes y Dios. Las respuestas tranquilas de Evangelista se mueven de acuerdo con su tono habitual, sereno y reflexivo. Pero de buenas a primeras, el escrito se inflama: «Qué más querría yo», dice paradójicamente, «que Jesús de Nazaret fuera un simple predicador, o un profeta admirable sito en su tiempo. Pero no. Jesús de Nazaret me grita hoy, con la fuerza inequívoca del Hijo de Dios».

Para acabar, una anécdota entrañable: el P. Andreu Marcara me pidió, para el número de diciembre del 2003 de Cuestiones de Vida Cristiana, un artículo sobre Biblia y Teología porque Evangelista ya no se veía con fuerzas por hacerlo. Me asaltó una pequeña intuición: que lo hiciéramos. los dos. Así fue. Al P. Evangelista le gustó la solución, vino a casa y anoté fielmente la avalancha de ideas que me dijo, mientras que la redacción la hacía yo. firmamos los dos. Nuevamente, aquí veréis el hombre de fe. Copio un párrafo del artículo: En la conversación previa a la redacción de este artículo, el P. Evangelista dijo una cosa sorprendente: "Hemos intentado interpretar la Biblia con mediaciones distintas y complementarias." [Mediaciones que eran acentos diversos: históricos, filosóficos, liturgias, o extraídos de la vida y de la solidaridad humana ... ] "Pero todas estas mediaciones nos han traído a los dos hacia una teología de los trascendentales: la unidad, el bien, la belleza y la verdad."

De modo que aquello que de verdad era de interés de Evangelista, tan sito en este mundo y, por eso, tantas veces discutido, era el amor del Dios vivo, su belleza. No me cuesta nada esperar que, ahora, él vea la Gloria.

 

¿Quiénes somos?   -   Contacte con nosotros   -   Mapa del sitio   -    Aviso legal 

Logotipo de la Familia Carlos de Foucauld