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La comunidad apostólica, casa de comunión. Actitudes comunitarias fundamentales en el NT

 

Jordi Latorre i Castilló1

Desde la comunidad de discípulos de Jesús hasta la comunidad joánica, pasando por los modelos de comunidad presentados en los sinópticos o bien en la literatura paulina, percibimos que no hay un único modelo comunitario, sino una pluralidad. La fraternidad cristiana conoce diversas expresiones, según las épocas o los contextos. Ofrecemos un intento de aproximación a la vida de las comunidades apostólicas: qué coordenadas consideran importantes los primeros cristianos en la vida comunitaria. Después de unos breves apuntes sobre las primeras comunidades cristianas, se pasa a comentar seis textos neo-testamentarios que, de una manera u otra, hablan de la vida comunitaria en la época apostólica. Al final, se delinean las características comunitarias globales que emergen de los textos comentados.

 

1. Las primeras comunidades cristianas

Las primeras comunidades cristianas presentan analogías con los diversos modelos asociacionistas grecorromanos y judíos de la época.

-          En el mundo grecorromano el asociacionismo no presentaba un hecho excepcional. Los artesanos se reunían en cofradías de artes y de oficios bajo la protección de alguna divinidad. En los gimnasios, los adultos varones formaban sociedades culturales, deportivas y políticas. Eran también numerosas las congregaciones estrictamente religiosas, caracterizadas ordinariamente por su participación en un banquete común y llamadas por ello eranoi. Entre ellas destacaban las comunidades de adeptos a las religiones mistéricas (culto a Dionisio, a Eleusis, a Mitra). En estas sociedades era restringido el número de los participantes.- unas docenas, o todo lo más un centenar de personas.

-          Más estructuradas se presentaban las comunidades judías, tanto de Judea como de la diáspora: dirigidas por un consejo de ancianos que aplicaba un reglamento interno disciplinar, basado en la Torah. El factor primario de cohesión era la fe en el Dios del éxodo y la fidelidad a la Torah como norma suprema de vida. En Qumrán se practicaba, además, la comunión de bienes y la existencia ordenada sobre el doble principio del ora et labora. Finalmente cabe mencionar las cofradías locales de fariseos (haburot), construidas bajo el signo del estudio e interpretación de la Torah, que se reunían para comidas rituales comunes, donde el comentario de la Escritura jugaba un papel importante.

-          Carácter heterogéneo de las comunidades cristianas. En primer lugar, las comunidades cristianas, con respecto a las judías y paganas, revelan un acentuado carácter compuesto y heterogéneo. Desde el punto de vista sociocultural su composición puede deducirse de algunas indicaciones dispersas de Hch y del epistolario paulino. Ricos y pobres, esclavos y libres, personas con buena preparación cultural y personas incultas, pertenecientes a capas sociales privilegiadas y plebeyos, varones y mujeres, célibes y casados, coexistían unos al lado de los otros. Los creyentes del grupo social medio y medio-alto serían ciertamente una minoría, pero una minoría cualificada: era el grupo que arrastraba a los demás miembros de la comunidad; eran éstos, además, los interlocutores privilegiados de Pablo en las comunidades por él fundadas. Estos cristianos con mayores posibilidades económicas albergaban en su 'casa' las reuniones comunitarias: así, por ejemplo, Onésimo en Colosas albergaba a la comunidad y la ayudaba generosamente; Aquila y Priscila comerciaban con telas y pusieron su casa de Corinto y de Éfeso a disposición del apóstol Pablo; Lidia, en Filipos, comerciaba con tejidos de púrpura, y albergó al apóstol y al primer grupo comunitario de la ciudad. Por otra parte, las comunidades también contaban con una presencia importante de esclavos, tal como se atestigua en 1Cor 7. Por tanto no tiene nada de extraño que surgieran tensiones, divisiones y contraposiciones, y hasta rupturas. No era fácil hacer que convivieran pacíficamente personas tan diversas. No me-nos problemático se revelaba el estatuto de las mujeres, infravaloradas por la cultura judía, tal como atestigua el mismo Flavio José: 'La Torah dice que la mujer es inferior al hombre en todo' (Contra Apionem 2,20) y que llegó a condicionar al mismo Pablo, aunque, si bien, las comunidades de la diáspora equilibraban esta mentalidad con la mayor consideración que la mujer gozaba en el mundo grecorromano.

-          Fe y culto en las comunidades. La fe, el culto y la fraternidad caracterizaban la vida interna de las comunidades cristianas, y constituían su eje vital. La adhesión al mensaje cristiano se expresaba hacia afuera, en la profesión de un credo simple centrado en la muerte y resurrección de Cristo (cf. 1Cor 15,3-4; Rom 10,9; 1Cor 8,6). El rito fundamental de agregación a la comunidad cristiana era el bautismo, presentado por Pablo como acontecimiento de participación solidaria en la muerte y en la resurrección de Jesús (cf. Rom 6,3-4). La exigencia cultual de los neófitos y demás miembros se continuaba en la celebración semanal de la cena del Señor, memoria -viva de la ofrenda de Jesús, y de su enseñanza. En concreto, el domingo, es decir el primer día de la semana sabática (cf. Hch 20,7; 1Cor 16,2), la comunidad se reunía al atardecer en la casa espaciosa de algún cristiano acomodado; el momento central de la celebración era el del rito de compartir el pan y el vino, símbolos de la ofrenda de Jesús y de su amor. Los cantos, las plegarias, los sermones y aclamaciones reavivaban las asambleas, caracterizadas por la amplia participación activa de los creyentes. En Corinto se había llegado incluso a tal explosión de intervenciones carismáticas extemporáneas que Pablo advierte de la necesidad de disciplinar tales reuniones (cf 1Cor 14; ver v. 26). Si Pablo se hallaba presente no dejaba de tomar la palabra largamente (cf. Hch 20,7); pero incluso desde lejos hacía sentir su voz por medio de las cartas, que estaban destinadas intencionalmente a ser leídas durante las reuniones eucarísticas comunitarias (cf. 1Tes 5,27).

-          Relación con su ambiente. En cuanto a las relaciones entre las comunidades cristianas y el ambiente exterior, hay que señalar enseguida la falta de proporción entre la exigüidad numérica de los cristianos y la masa importante de la población ciudadana. Por ejemplo, los cristianos de Corinto, apenas llegarían a un centenar, mientras que la metrópoli superaba ya el medio millón de habitantes. En relación con la diáspora judía no faltaron las polémicas. El factor decisivo de la ruptura entre las sinagogas y las iglesias cristianas fue la crítica radical al valor de la Torah y de las tradiciones judías, a favor del carácter mesiánico y salvífico de Jesús, entendido éste de forma exclusiva.  

Pero, ¿cómo era la vida en el interior de las comunidades cristianas? No es una cuestión fácil de responder, dada la pluralidad de modelos comunitarios existentes. Podemos aventuramos a ello a través del examen de seis textos significativos del NT. Los textos de Mateo 18 y de Hechos 2,42-47 y 4,32-35 nos presentan algunas coordenadas a tener presente en la vida de cualquier comunidad cristiana; Hechos 15 presenta el caso de la resolución de un conflicto en el seno de la Iglesia primitiva, conflicto a la vez intra e inter comunitario. Otros dos textos, de Romanos 12 y Hebreos 12,14-13,19, nos remarcan algunas actitudes a tener en cuenta en las relaciones entre los miembros de una misma comunidad. Y por fin, en 1 Tesalonicenses 1,1-10 Pablo presenta a la comunidad de Tesalónica como modelo para el resto de comunidades, veremos el porqué.

 

2. Mt 18. La vida de la comunidad cristiana

El capítulo 18 del evangelio de Mateo constituye el denominado Discurso de la comunidad. Sabido es que el evangelio de Mateo coloca en boca de Jesús cinco discursos. Como un nuevo Moisés, Jesús proclama su Torah en cinco partes2, que tienen como hilo de unión el advenimiento del Reino y sus consecuencias para la vida del discípulo. Jesús es fundador de una comunidad apostólica que será el germen de las otras comunidades cristianas.

Mateo pone en boca de Jesús algunas consideraciones importantes a tener en cuenta en la vida de las comunidades cristianas. Veámoslas.

El mayor en el Reino (18,1-4). Frente a la cuestión que puede surgir en todo grupo humano sobre quién es el más importante y porqué, Jesús responde tomando como ejemplo a un niño: el más importante entre los discípulos es el que se hace pequeño como él. No pequeño de estatura, ni pequeño en mentalidad (infantil, diríamos nosotros); sino pequeño frente a Dios y los demás. El niño, en cualquier cultura, es esencialmente dependiente: depende de sus padres, y de los adultos en general, para sobrevivir y educarse; el adulto, en cambio es autónomo, y por ello fácilmente autosuficiente. Jesús lo tiene claro, no son los autosuficientes los que pueden acoger el Reino, sino sólo aquellos que se saben dependientes y, por lo tanto, en manos de Dios; ellos son los que pueden acoger el reinado de Dios en su vida. En la comunidad cristiana, la importancia no la da el estatus social o eclesial, sino la capacidad de acoger o no la presencia de Dios en la propia vida.

El evangelista añade otras sentencias referentes a los niños y los pequeños (18,5- 7.10-11). Debemos clarificar, ante todo, que estos dos términos, en el presente contexto, resultan sinónimos del término “débiles" en Pablo (cf. por ejemplo 1Cor 8,9-13). Se trata de los cristianos de reciente incorporación, poco formados en su conciencia cristiana, que todavía no han personalizado los núcleos de la fe y de la praxis cristiana. La gran tentación, en la vida comunitaria, consiste en no tenerlos en consideración, o bien despreciarlos. La postura de Jesús es clara: 'El que acoge un niño como éste en mi nombre a mi me acoge; al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran el fondo del mar- (v.5-6). Él se identifica, por una parte, con los miembros más desamparados de la comunidad; y por otra, cada uno es responsable del impacto de su vida sobre esos miembros más débiles: escandalizarles, es decir, darles motivos para no creer, o bien para que se echen atrás, es una gran responsabilidad para cada miembro de la comunidad. Cuidado, pues, en despreciarlos o no tenerlos en cuenta.

Los v. 8-9 constituyen unas sentencias referentes al 'escándalo', es decir, aquello de lo que digo o de lo que hago, que puede dar ocasión a que otros cuestionen la fe cristiana. La enseñanza es contundente: hay que arrancar de raíz el escándalo. Es más importante lo que se consigue que a lo que se renuncia: más importante entrar en el Reino, aunque sea tuerto, cojo o manco, que no entrar.

A continuación el evangelista afronta la cuestión del conflicto intracomunitario, y lo hace proponiendo dos actitudes corroboradas por sendas parábolas: la corrección fraterna y el perdón sin límites (18,12-16.21-35).

La primera de ellas (v. 12-16) busca la conversión del hermano que con su conducta es motivo de escándalo. La parábola de la oveja perdida (v. 12-14), sale al paso: así como para el pastor todas las ovejas son importantes y hace lo que sea por recuperar a una de ellas, así también para Dios todos los miembros de la comunidad son igualmente importantes, hasta los más desamparados o peor formados.

Cada uno es responsable de los otros, por ello, los hermanos deben corregirse y animarse mutuamente. Mateo marca un itinerario: primero a solas, después frente a unos testigos, en tercer lugar frente a toda la comunidad. El escándalo no debe perpetuarse, por lo que, aplicando lo dicho en los v. 8-9, el hermano es arrancado de raíz, a fin de salvaguardar al cuerpo: el escándalo es incompatible con el Reino.

La segunda actitud es ilustrada también con otra parábola (v. 21-35): el perdón se realiza "setenta veces siete, es decir, en toda ocasión. La comparación del niño acababa con una identificación. acoger al pequeño significa acoger a Jesús. La parábola del perdón acaba con otra identificación: no podemos pedir perdón al Padre si no nos perdonamos entre los hermanos.

El evangelista inserta entre ambas parábolas unas sentencias referentes a la autoridad de la comunidad (18,18-20). La fuerza de 'dos o tres' unidos en nombre de Jesús: Él se hace presente en medio de ellos, el Padre atiende su súplica, su decisión es capaz de 'atar" tanto en la tierra como en el cielo.3 El sentido del texto remarca la comunidad como 'sacramento' de Jesús, por eso en ella se manifiesta la presencia de Jesús, ella continúa su misión intercesora frente al Padre, ella puede 'atar' porque -el Espíritu del Resucitado la acompaña.4 Toda comunidad, aún la más pequeña, formada por "dos o tres', es sacramento de Jesús.

Así, pues, la vida de la comunidad cristiana, en la perspectiva mateana, se expresa en unas actitudes que, sin querer ser exhaustivas, son las mínimas necesarias: acoger el Reino con una dependencia filial; respetar la fe y la formación de los más sencillos, evitando el escándalo y el desprecio; sentido de responsabilidad frente a la conducta o a la suerte de los 'pequeños", mediante la corrección fraterna y la búsqueda de los perdidos; el carácter sacramental de la comunidad y sus consecuencias; y el perdón continuado como expresión de la presencia del Padre.

 

3. Hechos 2,42-47 y 4,32-35. Las coordenadas de una comunidad

 

Los Hechos de los Apóstoles constituyen la continuación del evangelio de Lucas, por ello, en un sentido amplio, pertenece también al 'género evangélico' que, de forma aparentemente biográfica, constituye una proclamación del Evangelio. Aquí el protagonista ya no es Jesús, sino el Espíritu del Resucitado que se hace presente en la vida y en la obra de la comunidad apostólica. Los apóstoles son los herederos y los continuadores de la misión de Jesús: construir comunidad, curar a los enfermos, anunciar la llegada del Reino inaugurado ya en la muerte y resurrección de Jesucristo. Los apóstoles no son sólo los Doce, sino cuantos han recibido una misión del Espíritu, por medio de la comunidad: así Matías es agregado al grupo de los Doce, pero también ]3ernabé, Marcos, Pablo y otros... Por ello no podemos considerar Hechos como un relato historiado de la primera comunidad, sino como un verdadero evangelio de la comunidad: una proclamación del misterio pascual de Cristo presente en la comunidad apostólica de los orígenes.

Hechos 2,42-47 y 4,32-35 son dos textos fundamentales de este evangelio de la comunidad apostólica ya que nos presenta cuáles son las coordenadas de dicha comunidad. No son una 'fotografía" de la comunidad de Jerusalén, sino la proclamación de una Buena Nueva.

El primero de los textos afirma. "perseveraban en la enseñanza de los apóstoles y en la unión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones ... eran muchos los prodigios y señales realizados por los apóstoles ... todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común ... vendían sus posesiones ... y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno ... unánimes y constantes, acudían diariamente al templo, partian el pan en las casas, compartían los alimentos con alegría y sencillez de corazón ... alababan a Dios y se ganaban el favor de todo el pueblo ... el Señor agregaba cada día los que se iban salvando al grupo de los creyentes'.

El segundo retorna alguna de estas afirmaciones, acentuándolas: "el grupo de los creyentes pensaban y sentían lo mismo, y nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común todas las cosas ... los apóstoles daban testimonio con gran energía de la resurrección de Jesús ... todos gozaban de gran estima ... no había entre ellos necesitados porque los que tenían hacienda o casas los vendían ... lo ponían a los pies de los apóstoles ... se repartía a cada uno según su necesidad'.

Veamos cuáles son las coordenadas de la vida comunitaria que el evangelista Lucas nos presenta bajo estas expresiones que hemos señalado.

La comunidad persevera en la enseñanza (didaje) de los apóstoles. La enseñanza es el ámbito en el que se transmite la tradición apostólica, la que arranca de Jesús (cf. Mt 28), y la que los apóstoles transmiten (cf. 1Cor 11 y 15). Mantenerse fiel a la enseñanza implica perseverar en la tradición evangélica, que se enseña, se recuerda y se amplia en las reuniones comunitarias, Es responsabilidad de los apóstoles el transmitir con fidelidad esa enseñanza que arranca de Jesús.

La unión fraterna (koinonía) es la dinámica integradora de los miembros de la comunidad. Esta unión fraterna se manifiesta de dos maneras: mediante la unanimidad y mediante el compartir. Ambas están relacionadas y forman las dos caras de una única moneda. Referente a la unanimidad, nos dice el autor de Hechos: "vivían unidos y unánimes ... pensaban y sentían lo mismo'.5 Es decir" afecta al corazón de las personas: compartir la fe en el Resucitado los lleva a vivir, pensar y sentir en común. Esta unanimidad no es fruto de un sentimentalismo emocional, sino de un compromiso en la fe (el 'grupo de creyentes' dice el texto): porque formamos parte de una comunidad que comparte una única fe, nuestro vivir debe ser unánime.

La segunda manera de expresar la unión fraterna es el compartir: nadie consideraba como propio nada y lo tenían todo en común, compartían los alimentos en la mesa común, vendían los bienes y distribuían el importe entre todos según la necesidad de cada uno; de esta manera 'no había entre ellos necesitados'. Esta última expresión es importante, aunque a veces pase desapercibida, pues supone el cumplimiento de la promesa contenida en Dt. 15,1-18: una comunidad sin pobres.6 La promesa de Dios se cumple en la comunidad apostólica, donde todo se comparte, de forma que ya no hay nadie necesitado. Igualmente, el "compartir los alimentos" tiene un trasfondo que no podemos olvidar. El “comer juntos" tenía en la sociedad judía una connotación religiosa: expresar la comunión de los creyentes en la presencia de Dios; y, de ahí, el no poder compartir la mesa con los pecadores, pues ello implicaba compartir su pecado y, por lo tanto, separarse de Dios.7

En la comunidad cristiana, la unidad de la fe conlleva la unanimidad de vida, sin fracturas en el pensar y en el sentir; a la vez que rompe las barreras internas entre judíos y gentiles, entre ricos y pobres: todos sus miembros, independientemente de su procedencia o extracción social, son aceptados sin condiciones y ven sus necesidades cubiertas. Todo ello constituye la unión fraterna de la comunidad apostólica.

La fracción de¡ pan es la celebración eucarística. Constituye un gesto pleno de significado para Jesús y para sus discípulos: en la fracción del pan, éste es multiplicado y llega a saciar a todos los que escuchan su enseñanza (cf. Lc 9,10- 17)8, el Resucitado es reconocido como compañero de camino por los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), se repiten las palabras de Jesús en la última cena haciendo del pan y del vino memorial del cuerpo entregado y de la sangre derramada (cf. 1Cor 11,23-27), los apóstoles conversan (homilein) largo rato con la comunidad, enseñándoles y animándolos a perseverar (cf. Hch 20,7-12). La fracción del pan va unida, por tanto, a la palabra y en ambos se hace presente el misterio pascual de Jesús, que restaura las fuerzas y abre los ojos de la comunidad creyente en su camino. La comunidad parte en pan 'en las casas', que es el lugar ordinario de encuentro comunitario de la iglesia domésticas

Las oraciones de los cristianos en la comunidad apostólica eran de dos tipos diversos: los encuentros de oración propios de la comunidad, realizados también en 'las casas’ 9 en determinadas circunstancias de la vida comunitaria (cf. Hch 2,12-26; 4,23-31; 12,12; 20,7-12); o bien mediante la participación en el culto sinagogas y en el templo de Jerusalén (cf. Lc 24,53). La oración de la comunidad apostólica es fundamentalmente de alabanza por todo cuanto Dios va realizando en el día a día, pues es en la vida cotidiana donde se descubre la presencia salvífica del Señor. Al mismo tiempo se requiere de Dios la capacidad de continuar anunciando la Palabra con libertad de espíritu frente a la oposición, e incluso persecución, que se experimenta; y el continuar realizando curaciones, señales y prodigios en nombre de Jesús (cf Hch 4,27-30). En los momentos de discernimiento comunitario, ante la necesidad de tomar una decisión, o bien de abrir un nuevo frente de misión, la oración puede ir acompañada del ayuno, como expresión de la escucha y de la disponibilidad frente a la voluntad de Dios (cf. Hch 2,15-26; 13,1-3). Con todo, la oración comunitaria, no queda circunscrita a unos momentos determinados, sino que forma una constante: 'Todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María la madre de Jesús y con los hermanos de éste" (Hch 1,14).

El testimonio (martyría) de la resurrección. 'Los apóstoles daban testimonio con gran energía de la resurrección de Jesús ... eran muchos los prodigios y señales realizados por los apóstoles'. La comunidad apostólica continúa la misión de Jesús, con su doble componente: estar con Él, y anunciar el Reino sanando a los enfermos (cf. Mc 3,15-16). Si la fracción del pan y la perseverancia en la oración expresan el 'estar con Ér, es el testimonio de la resurrección con prodigios y señales lo que expresa 'el anuncio del Reino'. La expresión ,,,prodigios y señales' expresa los gestos y las acciones que hacen presente la acción salvífica de dios en medio del pueblo.10 Jesús expresó esa presencia mediante el exorcismo de endemoniados, la curación de discapacitados, y la resurrección de difuntos. La comunidad apostólica continúa los exorcismos (cf. Hch 13,6-12), las curaciones (cf. 3,1-11) y las resurrecciones (cf. 10,36-43; 20,9-10) señales todas ellas de la presencia del Reino (cf. Mc 16,15-18.20).

 

Una última coordenada lo constituye lo que podemos llamar la significatividad de la comunidad apostólica, consecuencia de las anteriores coordenadas. "Se ganaban el favor del pueblo ... todos gozaban de gran estima' dice Hechos. La presencia de la comunidad no deja indiferentes a los demás. La reacción puede ser doble, y de hecho así lo indica el texto bíblico: por una parte, las autoridades desconfían, persiguen e intentan hacer callar mediante la intimidación, la cárcel o el ajusticiamiento; por otra parte la gente del pueblo aprecia a los miembros de la comunidad por las señales que realizan. Esta segunda reacción provoca atracción, y así son nuevas personas quienes piden incorporarse al grupo, después de creer en el Resucitado y convertirse al Evangelio. Y añade el autor de Hechos.- 'El Señor agregaba cada día los que se iban salvando', ya que es el Señor quien dirige los corazones.

Así, la fidelidad a la tradición, garantizada por la enseñanza apostólica, la unión fraterna expresada mediante la unanimidad y el compartir, la fracción del pan y la oración comunitaria y sinagogas, el testimonio de la resurrección mediante signos eficaces, y la consiguiente significatividad en su ambiente forman las coordenadas de la comunidad apostólica.

 

4. Hechos 15. El conflicto en la comunidad

 

La imagen diseñada por Hch 2 y 4, que acabamos de comentar, tiene su contrapunto en Hch 15. La construcción de la comunidad apostólica no resultó tarea fácil; pronto surgieron dificultades y conflictos que los primeros cristianos tuvieron que ir superando. Algunas veces podían ser conflictos de relación entre diversos miembros de una comunidad local, como nos lo deja entender Mt 18, ya comentado, y que se pueden resolver con la corrección fraterna y el perdón sin lím2Tes. Otras veces la conflictividad aparece en opciones de fondo, dentro de una misma comunidad, o entre comunidades diversas en su origen o en su contexto vital. Es el caso de Hch 15. Veamos cómo la comunidad apostólica se presta a la resolución de dichos conflictos.

Compartir los alimentos en una mesa común no fue tarea fácil. La tradición judía era, en aquel tiempo, plural; pero pesaba demasiado la línea exclusivista que acabó por imponerse en el judaísmo- la separación de los gentiles, que se expresaba en el rechazo de compartir los alimentos. El carácter heterogéneo de las comunidades cristianas de la diáspora puso de manifiesto la conflictividad latente: cómo compartir un mismo pan y un mismo vino entre judíos y gentiles. Por otra parte, emergía, poco a poco, otro problema de fondo: la relación entre Cristo y la Torah, y el carácter salvíflco o no de ambos.11 Expresado de forma simple: Jesús, sus primeros discípulos, los miembros de las primeras comunidades cristianas de Judea, los primeros miembros de la comunidades de la diáspora... son judíos. Los primeros cristianos eran judíos que reconocían a Jesús como Mesías (Cristo), sin dejar, por ello de 5er judíos; es más, precisamente por ser judíos lo podían reconocer como Mesías. Pero, los cristianos gentiles ¿debían o no hacerse judíos para poder reconocer a Jesús como Mesías? es decir, ¿debían o no abrazar la Torah con sus consecuencias, por ejemplo la circuncisión o la pureza de los alimentos ... ? (cf. Hch 15,1.5).

La cuestión no era simple y el altercado provocó una fuerte discusión entre comunidades y entre miembros de las comunidades, y entre misioneros apostólicos. Por ello se convoca una asamblea para estudiar el asunto, a la que participan "los apóstoles y los demás responsables" de Jerusalén y de Antioquia (cf. 15,2.4.6), pero podemos pensar que de algunas otras comunidades también.

'Tras una larga discusión’ (15,7), el autor pone en boca de Pedro la proclamación de su experiencia apostólica y la afirmación del carácter salvífico de Cristo: 'Dios me eligió a mí de entre vosotros para que los paganos oyesen por mi boca la palabra del Evangelio y creyesen ... Nosotros creemos que nos salvamos por la gracia de Jesús, el Señor, y ellos Pos gentiles], exactamente igual' (15,7.11). La asamblea escucha igualmente la experiencia de Bernabé y Pablo sobre cómo entre los paganos se cumplen 'las señales y prodigios' de la salvación (cf. 15,12). La praxis pastoral con sus frutos en la vida de los destinatarios, a la vez que la clarificación teológico, juegan un papel importante en "la larga discusión' suscitada.

Santiago juega un papel importante; ilumina el, problema citando la Escritura y mostrando cómo la praxis pastoral señalada se inscribe en el plan de Dios, manifestado en la Escritura. Además, es capaz de proponer una fórmula de consenso que recoja unos mínimos aceptados por todos: 'abstenerse de las carnes ofrecidas a los dioses, de las parejas irregulares (porneia), y de la carne de animales estrangulados y de la sangre".12 Cabe notar que, para aceptar este consenso, los partidarios de la judaización de los gentiles debieron renunciar a una gran parte de las normas de la Torah, entre ellas la circuncisión y la separación de alimentos. Por otra parte, los de la postura contraria debieron aceptar el cumplimiento de unas normas consideradas imprescindibles para todos, El consenso posibilita tomar un acuerdo unánime entre los apóstoles, los demás responsables y el resto de la comunidad (cf. 15,22).

El consenso conseguido es visto, a la luz de la fe, como obra del Espíritu Santo, y así lo expresa la circular que mandan a las comunidades: 'Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros...' (15,28).

A partir de aquí, podemos concluir diciendo que el diálogo intra e inter-comunitario logró superar el conflicto en el seno de la comunidad apostólica. El diálogo se realiza convocando a los representantes de las diversas posturas en conflicto. En el seno del diálogo, que no resulta ni fácil ni breve, resultan de capital importancia: el reclamo a la praxis pastoral y sus frutos, la clarificación teológico del problema, la iluminación de la Escritura para descubrir en ella el plan de Dios, el establecimiento de unos mínimos consensuados por todos a partir de renuncias personales.

El autor de Hch 15 quiere además destacar a varias figuras en la resolución de aquel conflicto: Pedro, Pablo y Bernabé, y Santiago; si bien son el primero y el último los que juegan un papel decisivo, pues recuerdan, clarifican, iluminan y proponen. Con todo, hay que evitar una visión simplista, ya que las relaciones conflictivas continuarán precisamente entre estos cuatro personajes: Pedro y Pablo se enfrentarán en Antioquia (Cf. Gal 2,12-14); Pablo y Bernabé se enfrentarán por motivo de Juan Marcos: 'este asunto produjo en ellos una discusión tan acalorada, que terminaron por separarsese' (Hch 15,39); Pablo y Santiago mantendrán una actitud respetuosa pero distante en Jerusalén unos años más tarde (cf. Hch 21,15-26).

 

5. Rom 12. Proyecto comunitario de vida

La carta de Pablo a los Romanos expresa la convicción fundamental de Pablo: del Misterio Pascual de Cristo nace toda la vida cristiana. La salvación la podemos encontrar sólo en la adhesión al Resucitado, que transforma nuestra vida 'de pecado' en una vida 'de comunión’ con Dios. La carta comienza con una afirmación categórica: todos somos pecadores, porque no vivimos en comunión. Tanto los judíos como los no judíos tenemos necesidad de ser liberados de esta existencia de pecado. Cristo ha sido el único en vivir la plena comunión con Dios y con los hermanos, no de palabra, sino de obra- nos ha amado hasta el extremo de su muerte violenta en la cruz. Sólo por la fe, es decir, por nuestra adhesión total a su vida y a su obra podemos entrar en su mismo dinamismo vital de comunión con Dios y los hermanos. No es la práctica de una normativa externa, la Ley, la que nos transforma, sino el entrar en el dinamismo vital de Cristo, don del Espíritu que nos es ofrecido en el bautismo. Fe en Cristo y amor de Dios. estos son los auténticos fundamentos de la vida cristiana.

En Rom 12, Pablo aplica a las relaciones comunitarias las consecuencias prácticas de la fe y del amor. El texto está dividido temáticamente en tres secciones:

V. 1-2. Cristo, por fidelidad a Dios, se ofreció a sí mismo en la cruz, cumpliendo la voluntad de Padre de ser Apóstol del Reino hasta las últimas consecuencias; así también el cristiano, por fidelidad a la fe en Cristo que ha abrazado, se ofrece a sí mismo, y renueva su mentalidad mundana en mentalidad evangélica... y todo ello como ofrenda a Dios.

V. 3-8. La fe es la norma de la actuación del cristiano en el grupo comunitario: ’que cada uno se estime en lo justo, conforme al grado de fe que Dios le ha concedido'. Así, en el seno de la comunidad, los diferentes servicios y responsabilidades (el hablar en nombre de Dios, el servicio fraterno, la enseñanza, la exhortación, la ayuda, la atención a los débiles, la misericordia hacia los necesitados) se ejercen, no según el propio interés, sino con la disponibilidad que brota de la fe; sabiendo que, en el fondo, se está sirviendo a Cristo, de cuyo cuerpo la comunidad no es sino el icono.

V. 9-21. El amor es ahora el protagonista; no un amor de bellos sentimientos, sino un amor de compromiso generoso y desinteresado. El dinamismo fundamental de la vida de Jesús ha sido el amor. El amor bíblico no es un sentimiento, ni nace como fruto de la simpatía; sino que es fruto de un compromiso. Jesús ha vivido el amor como una donación al Padre: con fidelidad y perseverancia, y como un servicio a los hermanos. El amor es también es el dinamismo fundamental del discípulo. El amor se hace concreto en la vida comunitaria y en las relaciones apostólicas, y así Pablo presenta las actitudes que juzga necesarias en toda relación comunitaria: la mutua estima en la relación fraterna; el compartir las alegrías y tristezas de los hermanos; el fervor en el espíritu; la alegría por la esperanza que no defrauda; la paciencia y perseverancia en la tribulación; la asiduidad en la oración,, el vivir en armonía con todos; el evitar altanería y autosuficiencia; el no devolver el mal, sino perdonar; la solidaridad con las necesidades ajenas; la hospitalidad con los forasteros; y el mantener la paz con todos: los de dentro y los de fuera. Todo el párrafo comienza y acaba con la misma invitación: hacer el bien y evitar el mal en cualquiera de sus formas. El conjunto traza un auténtico Proyecto comunitario de vida. Y sus ejes son: el afecto mutuo, el compartir y la solidaridad, la paciencia y el perdón, el fervor y la oración, la alegría y la paz.

 

6. Heb 12,14-13,19. La conducta en el seno de la comunidad

 

La carta a los Hebreos hace una relectura del Misterio pascual de Cristo desde la institución Sacerdotal. Y así, el autor nos presenta al Cristo resucitado, que comparte a un tiempo la existencia humana y la divina, como el mediador entre Dios y los hombres. Dos son las actitudes radicales que Jesús ha vivido a lo largo de su existencia humana y que sigue viviendo como Resucitado: la solidaridad hacia la condición humana y la fidelidad hacia Dios. Por ello, Jesús es sumo y eterno sacerdote compasivo (solidaridad) y fidedigno (fidelidad-fe). También el cristiano es llamado a hacer suyas estas dos actitudes de Cristo: la fe y la solidaridad.

La fe es, para el autor de Heb, una sólida esperanza que va más allá de lo que se percibe a simple vista, un dinamismo de superación de las dificultades y de las propias realizaciones, una capacidad contemplativo de la obra de Dios tras la opacidad del mundo: el pecado. Abel, Henoc, Abraham, Sara, Isaac, Moisés, el pueblo, Rahab, Gedeón, Sansón... y tantos creyentes anónimos que con su fe han hecho de la historia humana una Historia de Salvación. El cristiano movido por la fe-fidelidad, ejemplo de los antiguos creyentes, se mantiene fiel en la prueba presente (cf. Heb 11,1-12,13).

La solidaridad hacia los hermanos tiene ¡aplicaciones comunitarias, tal como va desgranando el autor en la exhortación final de la carta, (cf. Heb 12,14-13,19); a veces, incluso con un lenguaje duro. Entresacamos las expresiones que hacen referencia a la conducta cristiana: 'Fomentad la paz con todos y la santidad" (12,14), "cuidad que nadie quede privado de la gracia de Dios' (12,15), ".'guardaos de rechazar al que habla" (12,25), '.,perseverad en el amor fraterno' (13,1; cf. 2,11.17; 6,10; 10,24), 'no olvidéis la hospitalidad' (13,12; cf Gen 18-19; jue 13,22; Tob 12,15-20), "preocupaos de los presos y de los que sufren' (13,3), 'honrad el matrimonio con una vida, conyugal limpia" (13,4), 'no seáis avariciosos, contentaos con lo que tenéis' (13,5; cf. Mt 6,24; Ef 5,3; 4,19), acordaos de vuestros dirigentes e ¡mitad su fe" (13,7), 'ofrezcamos a Dios sin cesar un sacrificio de alabanza' (13,15; cf. 2,12), "no os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente" (13,16; cf. 6,10; 10,33), "obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos" (13,17), y "orad por nosotros' (13,18).

En estas expresiones se nota, en primer lugar, una preocupación por la integridad de la vida cristiana por medio de la santidad,13 del cuidado de la gracia de Dios que opera en nuestra vida, de la integridad de la relación matrimonial, de la prevención frente a la avaricia; también resalta una preocupación por los necesitados, es decir, los huéspedes, los presos, y los que sufren, y, en general, la ayuda mutua; en tercer lugar, de forma genérica se exhorta a procurar la paz y a obrar el bien hacia todos, como actitud de fondo en toda circunstancia; en cuarto lugar, la oración, ya sea en forma de alabanza continuada a Dios, ya sea en forma de intercesión por el remitente de la carta; y finalmente, se insiste vigorosamente en la aceptación y el respeto hacia los dirigentes de la comunidad.

 

7. 1Tes 1,1-10. Una comunidad modelo: Tesalónica

 

En la primera carta a los Tesalonicenses, el escrito cristiano más antiguo que conservamos, Pablo presenta manifiesta a la comunidad de Tesalónica que constituye un ejemplo a imitar, debido a la comunión de vida que había entre sus miembros. El saludo inicial de la carta (cf. 1,1) revela ya la importancia que el apóstol concede a la comunidad: la identifica como parte de la Iglesia de Dios, otorgándole carácter universal y divino. El saludo concluye con el deseo de gracia y de paz, lo que expresa lo mejor que Dios puede conceder.

Pablo da gracias a Dios por la fidelidad de los cristianos de Tesalónica al Evangelio y por haberse convertido en ejemplo y en modelo para las demás comunidades cristianas: recibieron la Palabra en medio de grandes dificultades y problemas, pero con el gozo del Espíritu Santo (cf. 1,6); acogieron el mensaje que les anunció, no como palabra humana, sino como palabra de Dios (cf. 2,13); la fidelidad actual de los cristianos de Tesalónica al Evangelio, a pesar de las dificultades (cf. 3,9-10); así los cristianos de Tesalónica son un ejemplo para las otras comunidades cristianas (cf. 1,7). Pablo expresa su alegría y su admiración por una comunidad con la que se identifica: la mención de su persecución por causa del Evangelio es, en definitiva, la descripción de la persecución de aquella iglesia de Tesalónica. Y su perseverancia es también la misma que la de muchos miembros de aquella comunidad,, que se consideran verdaderos imitadores del apóstol.

Al agradecer la actitud de los tesalonicenses, Pablo describe las actitudes que definen a esta comunidad y la constituyen en modelo para otras comunidades: en primer lugar, la actividad de su fe, el esfuerzo de su amor, y la firme esperanza que tiene puesta en Jesucristo (1,3); en segundo lugar porque el Evangelio que Pablo les anunció no se redujo a meras palabras, sino que estuvo acompañado de la fuerza y plenitud del Espíritu Santo (1,5); la comunidad es también ejemplar en Infidelidad al mensaje de Jesús porque siguieron el ejemplo del apóstol y el del Señor, recibiendo la Palabra en medio de grandes tribulaciones (1,6); porque se convirtieron a Dios, dejando de adorar a los dioses paganos de antes (1,9); y, finalmente, por la confianza en la resurrección que debieron manifestar claramente los tesalonicenses y, de esta forma, comenzaron a vivir con la esperanza de que Jesús iba a volver nuevamente para librarlos de la ira 'que se acerca' (1,10). Todo ello lleva a Pablo a considerar a la comunidad cristiana de Tesalónica como un modelo para el resto de las comunidades: 'De esta manera habéis llegado a ser modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Y no sólo en Macedonia y Acaya habéis hecho resonar la palabra del Señor, sino que por todas partes se ha extendido la fama de vuestra fe, de suerte que nada tenemos que añadir por nuestra parte' (1,7-8).

Vale la pena resaltar la mención de los tres componentes fundamentales de la existencia cristiana: la fe, el amor y la esperanza; añadiendo que se trata de una fe activa, un amor esforzado, y una esperanza firme. En efecto, el cristiano cree y la fe le introduce en la dinámica de la salvación y de la luz que ha inaugurado Jesucristo, mientras que los demás pertenecen al mundo de las tinieblas (cf. 1Tes 4,14; 5,5); pero esa fe ha de encarnarse en la vida como fuerza motriz que desemboque en la conversión de la mentalidad y de las actitudes vitales (cf. 2Tes 1,9) y en el servicio a los demás (cf. 2Tes 3,6.10.12; 5,8). Tras las huellas de Pablo (c£ 1Tes 2,8) y sobre todo de Dios (cf. 1Tes 4,9), el cristiano ama; pero no con un amor puramente sentimental. Amar exige compromiso, entrega, desprendimiento, generosidad; Pablo lo sabe, y elogia el esfuerzo del amor a la vez que previene a los tesalonicenses contra el cansancio y el desánimo. Finalmente el cristiano espera. Se trata de una esperanza que le proyecta hacia un futuro glorioso (cf. 1Tes 4,13), pero que no arranca del mundo presente, sino que hace llevar responsablemente el peso de la historia humana, con su dolor y su injusticia.

Pablo recuerda a los tesalonicenses cómo acogieron el evangelio en medio de tribulaciones, pero con profunda alegría. Incluso parece insinuar que esa pedagógica experiencia de dolor y de gozo sigue  presente según sus noticias, en la vida de la comunidad. Es lógico que así sea. Esto los sitúa en la corriente que arranca de Jesús (cf. Lc 24,26; jn 12,22-26), se prolonga en los apóstoles (cf. Hch 5,41), y tiene que ser experimentado por todo seguidor de¡ evangelio (cf. Mt 10,21-25; Lc 6,40; Jn 16,20-22). Pablo se hace eco de esa experiencia también en otros lugares de sus cartas (cf. Rom 5,3; 12,12; 2Cor 6,4-10; 7,4; 8,2; Fip 2,17- 18; Col 1,24). El Señor, los apóstoles, y cada uno de los discípulos comparten un mismo destino, y la Iglesia -la comunidad cristiana- no puede por menos de seguir las huellas del Maestro.

 

8. Radiografía de la comunidad apostólica

No resulta fácil trazar una radiografía de la comunidad apostólica, tal como aparece en los escritos del NT. En primer lugar, porque no existe una comunidad, sino una red de comunidades; no existe un modelo único de vida y organización comunitaria, sino -una pluriformidad, según las circunstancias y los lugares. En segundo lugar, los autores del NT no pretenden hacer una reflexión sobre la vida comunitaria, sino que quieren responder sólo a algunos problemas concretos de la vida comunitaria, sin tratarlos todos. En tercer lugar, los autores del evangelio de Mateo, de los Hechos de los Apóstoles, de las cartas paulinas, de la carta a los Hebreos, tienen una experiencia de Cristo sensiblemente distinta unos de otros, por lo que parten de teologías diversas a la hora de afrontar los problemas comunitarios y de proponer soluciones. En cuarto lugar, porque habiendo nacido los textos del NT en contextos diferentes y como respuesta a cuestiones diversificadas, es difícil casarlos entre sí, obviando, por una parte las inevitables repeticiones y, por otra, rellenando las lagunas.

Señalada la dificultad, intentaremos, con todo, acabar el presente articulo con un intento de sistematización de la teología comunitaria que atraviesa el conjunto de los textos comentados, con la perspectiva de que nos aporte alguna pauta a tener en cuenta en nuestras comunidades actuales.

-          Carácter sacramental de la comunidad. "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos' afirma Jesús en el evangelio de Mateo. Jesús garantiza su presencia en la comunidad, si ésta lo es 'en nombre" suyo. La comunidad cristiana es así el signo sacramental de la continuidad de la presencia del Resucitado en cada generación. Ello conlleva consecuencias: la comunidad se compromete a mantener 'la actividad de la fe, el esfuerzo del amor, y la firme esperanza', en palabras de Pablo. Esa esperanza es confianza en la Resurrección escatológico, lo que da un sentido nuevo a la vida presente: un sentido de relatividad e itinerancia.

-          Acogida del Reino. Es esta una actitud individual y, a la vez, comunitaria. Para entrar en el Reino hay que tener el corazón de un niño, saberse en manos de Dios. Ello genera una confianza radical en Dios y una dependencia filial de Él, a la vez que excluye, de la relación comunitaria, considerarse más importante que otros, o bien evitar altanerías y autosuficiencias frente a los hermanos, particularmente los más sencillos. Relacionada con esta acogida del Reino, está la llamada a la santidad, entendida como la integridad de vida en relación con Dios; y para la mentalidad neo-testamentaria la integridad matrimonial es una expresión de esa santidad, en el seno de la relación familiar. - Fidelidad al Evangelio. Las comunidades apostólicas se muestran atentas a mantenerse en línea con el Evangelio predicado por Jesús. Dado que sus miembros, en el momento en que se escriben los textos neo-testamentarios, son, en su mayoría, de segunda generación cristiana, el acceso al Evangelio pasa por la fidelidad a la tradición cristiana que intentan transmitir los apóstoles y los dirigentes comunitarios por medio de la enseñanza.

-          Unión fraterna. Es éste uno de los aspectos en que más insisten los autores del NT, quizá porque es uno de los más difíciles de alcanzar, ya que constituye una meta permanente de toda comunidad. La unión fraterna se expresa en la unanimidad, que no significa pensar todos igual, sino en "sentir' con un solo corazón y una sola alma. La unanimidad se expresa en la búsqueda de un consenso común, en la armonía comunitaria, en la paz con todos; no porque no existan disensiones o incluso conflictos, sino porque, más allá del conflicto, todos se saben igualmente llamados al servicio de un único Cristo. Los autores del NT expresan esta unanimidad también mediante la fórmula general: obrar bien con todos y evitar el mal. La unanimidad se expresa en la mutua estima: no sólo se tolera a los que piensan diferente, sino que se les estima en lo que son y en lo que hacen y cómo lo hacen.

-          Solidaridad. Este aspecto se halla en dependencia del anterior, pero va más allá. En la comunidad apostólica sus miembros comparten sus penas y sus alegrías, se sienten solidarios con las necesidades unos de otros, de manera que comparten lo que tienen, y se ayudan mutuamente a sobrellevar sus cargas personales y familiares. De ahí la prevención de algunos autores del NT frente a la avaricia, que impiden compartir y, por ello, separa de la comunidad. En un ambiente de persecución, la atención a los hermanos presos es signo de solidaridad y, a la vez, testimonio de vida cristiana frente a los hostigadores.

-          Hospitalidad. Es una exhortación que hemos visto repetida. Dado el carácter itinerante de numerosos misioneros del Evangelio en la edad apostólica, y la comunicación entre las comunidades mediante el envío de hermanos de unas a otras, la hospitalidad supone la acogida de esos misioneros y de esos hermanos en las casas cristianas, supone el escuchar sus enseñanzas y sus noticias, supone el proveer para la continuación de su viaje, o su regreso a casa. La hospitalidad, nuestras comunidades supone la acogida de hermanos y de colaboradores, de jóvenes y destinatarios del Evangelio, de personas de otras razas o culturas que llaman a nuestras puertas.

-          El respeto, la corrección fraterna y el perdón. Las relaciones fraternas en el interior de las comunidades apostólicas conocieron también la debilidad y el conflicto. Por ello, los autores neo-testamentarios, llenos de realismo y de sentido común, insisten en el respeto hacia los hermanos más débiles en su fe: evitando por una parte el desprecio y, por otra, el escándalo, es decir aquella conducta que pueda apartar al hermano la fe en Cristo o de su pertenencia a la comunidad. La corrección fraterna viene reglamentada en la comunidad mateana: desde el aviso personal, al comunitario, e incluso llegando a la expulsión, cuando falta la conversión oportuna. Y es que las primeras comunidades sintieron fuertemente el sentido de responsabilidad: responsabilidad frente al impacto que la propia conducta pueda causar en los hermanos más débiles; responsabilidad frente al hermano que mantiene actitudes no cristianas o no comunitarias. Como coronamiento de todo ello el perdón ¡limitado, como expresión del continuado perdón de Dios a todos y cada uno de nosotros.

-          La fracción del pan y la oración. La fracción del pan es el gesto sacramental de la presencia de Cristo en la comunidad apostólica; una presencia que sostiene la vida de la comunidad e impulsa hacia la misión. La oración de la comunidad apostólica es a la vez alabanza e intercesión. Alabanza por la obra de Dios que se va realizando en la vida de la comunidad y en la de las personas que la rodean. Intercesión para obtener la perseverancia en la prueba y la libertad interior necesaria para testimoniar la Resurrección en un ambiente hostil o indiferente. El fervor de espíritu es el dinamismo que alienta la oración y la vida comunitaria. La oración apostólica no es ocasional, la asiduidad en la oración fue una característica de Jesús y de las comunidades apostólicas.

-          Comunidad en conflicto. Las comunidades de todos los tiempos han conocido el conflicto intra e inter-comunitario. En autor de Hechos nos presenta el itinerario que siguió la comunidad apostólica para resolver el importante conflicto de la aceptación de los no judíos. Su proceder puede resultar iluminador también para nuestras comunidades.- convocación de las diversas posturas que son invitadas a expresar su punto de vista, reclamo a la praxis pastoral y a los frutos obtenidos, clarificación teológico del problema, iluminación desde la Escritura, un mínimo consensuado como punto de convergencia unánime entre las partes implicadas.

-          Respeto hacia los dirigentes. Este aspecto lo hemos encontrado en la carta a los Hebreos. El autor invita a los miembros de la comunidad a respetar a los dirigentes, a imitar su vida y su fe, y a facilitarles la tarea animadora evitando de ponerles trabas. En las comunidades neo-testamentarias se da siempre el eje binario comunidad - apóstol (o evangelista). Es esto un aspecto comunitario importante: no existe comunidad apostólica sin ministerio de animación comunitaria; es más, los dirigentes de las comunidades continúan e ministerio apostólico en el tiempo. En la medida que se respeta y se facilita ese ministerio, se construye comunidad; en la medida que los dirigentes son modelo de vida y de fe, se construye comunidad.

-          Perseverancia en la tribulación. Los escritos neo-testamentarios nos hablan directa o indirectamente de la vida de las comunidades que en este momento están sufriendo persecución por parte de las sinagogas judías o por parte de las autoridades romanas. El peligro de secesión de miembros poco convencidos de las comunidades es alto. Por ello hemos encontrado la llamada a la paciencia y a la perseverancia en la tribulación, o bien la felicitación por esa fidelidad en la tribulación. En medio de la tribulación, la comunidad apostólica vive la alegría por la esperanza; una esperanza que, como hemos dicho, relativiza la situación presente.

-          Testimonio de la Resurrección. Los apóstoles y la comunidad apostólica dan testimonio de la Resurrección de Cristo mediante signos eficaces. liberando a endemoniados, curando a enfermos, resucitando a difuntos, hablando con libertad frente al Sanedrín. La vida comunitaria es ad ¡otra lo que el testimonio es ad extra. un reflejo de la presencia del Resucitado, del que la comunidad es sacramento.

-          Significatividad de la comunidad. Las comunidades cristianas, aunque perseguidas por las autoridades judías o romanas, gozaban de aprecio entre las clases populares: 'eran bien vistos por todos', generaliza el autor de Hechos. Hoy lo decimos con una expresión más difícil: eran significativas, por su coherencia de vida con el Evangelio y por el testimonio que daban de él. Significatividad no comporta automáticamente aceptación, pues no les ahorró obstáculos e incomprensiones, ni todos quisieron entrar a formar parte de esas comunidades. Fueron simplemente un 'signo' para mucha gente.

 

Al final de nuestro recorrido, la comunidad apostólica nos aparece como sacramento de la presencia del Resucitado, que acoge la presencia del Reino con un corazón de niño; que vive en continua fidelidad al Evangelio, con unión fraterna y solidaridad entre sus miembros, acogiendo a los forasteros, respetando a los débiles, corrigiendo a los caídos, y perdonando a todos; que se reúne asiduamente para la fracción del pan y para la oración; que soluciona sus conflictos con el diálogo que busca el consenso; que respeta a los dirigentes y se mantiene fiel en la tribulación; que testimonia la Resurrección con signos eficaces que la hacen significativa en su ambiente,

La comunidad apostólica es así casa de comunión en un mundo dividido y fragmentado, y es para nosotros una escuela de comunión que nos impulsa a hacer de nuestra vida fraterna, hoy también, un signo sencillo pero eficaz de la presencia del Resucitado en nuestro mundo.

 

9. Pistas para la reflexión

 

-          Valorando la vida de nuestra Comunidad de Jesús a la luz de las características de la comunidad apostólica delineada en el NT, ¿qué aspectos consideramos que nos interpelan más, y suponen un reto de crecimiento para nosotros?

-          ¿Cómo podemos llegar a ser un signo de comunión evangélica en nuestro ambiente?

-          ¿Cómo ser constructores de comunión entre las personas y grupos con los que nos relacionamos y trabajamos?

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NOTAS

 1 Jordi Latorre i Castillo (Barcelona 1958), salesiano desde el año 1976, sacerdote desde el año 1985, Licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma (1988), Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología de Cataluña (2000). Desde 1988 es profesor ordinario de Sagrada Escritura en el Centro Teológico Salesiano Martí-Codolar y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas Don Bosco, ambos de Barcelona; ha sido también en diversas ocasiones profesor 'invitado de Introducción Bíblica en la Facultad de Teología de Cataluña. Ha colaborado en diversos organismos religiosos y diocesanos de formación de agentes de pastoral. >>>

 2 El sermón de la montaña (c. 5~7), el discurso de la misión (c.10), el discurso en parábolas (e    . 13), el discurso de la comunidad (c. 18), y el discurso escatológico (c. 24,-25). >>>

3 En el AT, la presencia de 'dos o tres testigos' es el número para que una sentencia cualquiera tenga fuerza legal (cf. Dt 19,15-16). Si en la tradición rabínica el mínimo indispensable para constituir una comunidad es la presencia de diez varones (núnydn), para una comunidad cristiana bastan 'dos o tres', unidos, eso sí 'en nombre de Jesús'. >>>

4 Un texto similar lo encontramos en Jn 20,22-23. En ambos textos la autoridad de la comunidad hace referencia al perdón: en Jn en cuanto contenido de la autoridad, en Mt en cuanto contexto en el que se inscribe esa autoridad. >>>

5 La expresión 'tenían un solo corazón y una sola alma' es un reclamo de la fórmula del Shema' de Dt 6,5: 'con todo tú corazón y con toda tu alma', para indicar la exclusividad del amor a Dios. En Hch la expresión remarca la unanimidad en el seno de la comunidad. >>>

6 En Dt 15,1-18 Dios exhorta al pueblo a perdonar cada siete años las deudas económicas, sobre todo de los pobres y necesitados, y en ese contexto, Dios promete que 'no habrá pobres entre vosotros' (v. 4), y, si acaso hay algún pobre 'no endurecerás tu corazón ni cerrarás la mano a ese hermano pobre, sino que le abrirás tu mano y le prestarás todo lo que necesite' (v. 7-8). La solidaridad es una característica fundamental del pueblo de Dios, según el autor deuteronomista >>>

7 Vale la pena recordar los problemas de conciencia de Pedro ante la disyuntiva de admitir o no a la fe cristiana al centurión Cornelio con su familia (cf. Hch 10), o la confrontación entre Pedro y Pablo frente a la disyuntiva de compartir mesa judíos y gentiles dentro de la comunidad cristiana de Antioquia >>>

8 Es Lucas quien más claramente presenta la multiplicación del los panes en un contexto de enseñanza: 'Jesús estuvo hablándoles del Reino de Dios y curando a los que lo necesitaban... y al declinar el día ... tomó los panes ... pronunció la bendición los partió y se los iba dando...'. >>>

9 Cabe tener presente la estructura de la 'casa' (oikos) grecorromana de la época, con amplias salas comunes, donde el dueño se encontraba con su 'familia' (conjunto de parientes, siervos, clientes, y personas más o menos dependientes de él). Evidentemente la 'casa" pertenecía una determinada clase social. No podemos pensar en nuestras pisos o apartamentos actuales. >>>

10 La expresión 'signos y prodigios' expresa en la tradición deuteronomista todas aquellas acciones y realidades que son percibidas por los israelitas como señales de la presencia salvífica de Dios (cf. Ex 7,3; Dt 4,34; 6,22; 7,19; 26,8; 29,2; 34,11). >>>

11 Es una cuestión de fondo que tardó décadas en resolverá satisfactoriamente en la praxis pastoral de los primeros cristianos, pero que continuó viva en sus repercusiones doctrinales entre las comunidades judeocristianas hasta bien entrado el s. IV; y que ha continuado presente en la vida y en la reflexión eclesial a lo largo de los siglos hasta nuestros días. Constituye aún hoy un reto de la reflexión teológico el compaginar satisfactoriamente la normatividad continua del Antiguo Testamento con la novedad cristológica del Nuevo Testamento. >>>

12 De hecho se reduce a dos núcleos, uno alimenticio y otro matrimonial. El alimenticio prohíbe el consumo de la carne de las víctimas sacrificiales que se vendía en los mercados, ya que ello comportaba, en aquel tiempo, la connotación de 'entrar en comunión con los ídolos’; era, de alguna manera, participar en su culto. También prohíbe el consumo de sangre, sobre todo, la contenida en la carne de los animales muertos por estrangulamiento, de los que no se había extraído la sangre al inmolarlos. La sangre contenía la vida, para los antiguos, y ésta sólo pertenecía a Dios, por lo que no podía ingerirse. La legislación matrimonial grecorromana era distinta de la judía, y permitía relaciones y matrimonios entre parientes próximos, considerados incestuosos por los judíos (cf. Ley 18,6-18). >>>

13 La santidad a que exhorta el autor de Hebreos se refiere a la relación del creyente con Dios: no tanto el perfeccionamiento moral cuanto una existencia apartada del mundo, en cuanto realidad ajena a Dios (cf. Heb 2,11; 10,1.14.29; 13,12). La santidad es una existencia 'en Dios", en relación de comunión con Él. Esta relación no es ajena a la caridad, o relación con los hermanos. De hecho, la santidad se expresa en la integridad de vida y en el culto auténtico, es decir, en una vida dedicada a las 'buenas obras" y al 'sacrificio de alabanza", como explicitará el autor en 13,7-18. >>>

 

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