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Desierto, ausencias y presencias

Aurelio Sanz

Podemos confundir la ausencia de todo en el desierto con querer poner la mente en blanco, o liberarnos de lo que en el día a día nos ocupa, como una huida o liberación, como un desentendimiento de nuestras obligaciones y deberes. Habremos hecho un desierto de decorado, a la medida de nuestro ego. No habremos buscado a Dios, sino nuestra paz interior, el estar bien y a gusto con uno mismo. Las claves del desierto no están en las ausencias, sino en las presencias; no en huir de nuestras propias voces o de otras, sino estar disponible para escuchar a Dios.

El desierto es el espacio, situación, momentos o parte de nuestra vida donde Dios nos posee, donde vivimos sólo para él; en cada molécula de oxígeno que respiramos, en el viento o en la quietud.

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