Lo nuclear del carisma del hermano Carlos
Extracto de la editorial del Boletín Iesus Caritas nº 102 (mayo-junio 1995)
Después de la conversión de Carlos de Foucauld se sucedieron, como en cadena, una serie
de circunstancias y acontecimientos que encauzarían definitivamente su vida. De todas estas circunstancias, dos resaltan de una forma especial: un día escucha en una homilía
del P. Huvelin: "Jesús ha escogido de tal forma el último lugar que nadie se lo podrá arrebatar". En su viaje a Tierra Santa, al llegar a Nazaret se convierte
todo él en un asombro y admiración ante el misterio de la encarnación de Dios, llega hasta derramar lágrimas de emoción contemplando, por las calles de Nazaret, al Dios
que se ha hecho uno de tantos, al Dios que se ha anonadado, que se ha rebajado hasta el último lugar: y todo por amor, el Dios grande, omnipotente, se ha hecho pequeño y débil
para salvar a lo pequeño y débil. Estas dos circunstancias marcarán profundamente el itinerario posterior del hermano
Carlos. A partir de aquí descubrirá que su vocación es Nazaret, seguir a Jesús en su misterio de Nazaret. Todo lo que haga en su vida irá enfocado a vivir cada vez más
profundamente esta vocación.
Un día en su oración presentirá que Jesús le dice: "Toma por objetivo -ya estés
solo ya con otros hermanos- la vida de Nazaret, en todo y por todo, en su sencillez y en su amplitud de miras... sin hábito, como Jesús en Nazaret; sin clausura, como Jesús
en Nazaret; no vivas lejos de todo lugar habitado, sino cerca de una aldea, como Jesús en Nazaret; ni grandes terrenos, ni grandes limosnas, ni grandes construcciones, ni
grandes gestos, sino más bien una pobreza extremada en todo, como Jesús en Nazaret... En una palabra: haz en todo como Jesús en Nazaret". Esta será la concreción de
su carisma, de su vocación. Esta será su gran aportación a la Iglesia y a la tarea de evangelización que, por encargo de Jesús, ella realiza.
Para los que pretendemos ser seguidores de Jesús teniendo presente el carisma de Carlos de Foucauld, el tema de Nazaret, por tanto, ha de ser un tema
continuamente presente en nuestra oración, en nuestra reflexión, en nuestro estilo de vida y en nuestro trabajo. Es un tema al que volver periódicamente.