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Hay personas a las que la vida les da mucho de sí. José Luis Vázquez Borau (Barcelona, 1946), casado y padre de un hijo, atesora mucho saber, adquirido de fuentes diversas y compartido en la docencia –como profesor de Religión en institutos de Barcelona– y sus publicaciones. Ha escrito nada menos que 60 libros sobre filosofía, religión, sectas y biografías. El último, del año pasado, se titula El evangelio de la amistad en Carlos de Foucauld, y lo considera su obra más importante.

Doctor en Filosofía, hace poco ha conseguido la misma distinción en Teología. Podemos enmarcarlo en la filosofía personalista, y una buena muestra de ello es que desde 2001 preside el Instituto Emmanuel Mounier Catalunya.

Haciendo memoria de su vida, José Luis reconoce la importancia de una figura que fue “el mayor regalo de mi vida: el que el padre Estanislao Llopart, ermitaño de Montserrat, me ayudara en el camino interior, que se manifiesta después en la búsqueda de la verdad, el trabajo por la justicia y las relaciones de amistad. Fue una gracia tan grande que he querido siempre retornar a este don”.

Como laico, tiene clara una prioridad: “Romper con la dicotomía que considera Iglesia solo a la jerarquía”, puesto que “todo cristiano es Iglesia y todos estamos llamados a ser un Evangelio vivo, mostrando a Jesucristo con nuestra vida”.

Desde su condición de profesor y escritor, pretende “dar a conocer el mundo de las religiones, de un modo particular el camino de la mística, y luchar contra todo tipo de manipulación religiosa”.

Por esta última inquietud, ha entrado a formar parte, desde sus inicios, de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES): “Al trabajar con adolescentes, vi la importancia de la formación religiosa para vacunarlos de las sectas, lo que me hizo profundizar en el tema”.

Algo que no puede pasarse por alto en José Luis es que, desde 1971, pertenece a la familia evangélica de Carlos de Foucauld, y por eso ha vivido en fraternidades de España, Francia, Suiza, Italia y Argelia.

En 1978 fundó la Comunidad Ecuménica Horeb-Carlos de Foucauld. Un movimiento que tuvo sede física en aquel entonces, pero que en 2006 adquirió un carácter más virtual, ya que consiste en “una ayuda y compromiso espiritual para aquellas personas que, siguiendo el carisma de Carlos de Foucauld, acentúan de un modo especial la dimensión del desierto, es decir, la soledad, la oración, la acogida, el discernimiento espiritual y el estudio, en su propio Nazaret y para la extensión del Reino de Dios”.

Estamos ante un enamorado de la figura del beato francés, y los orígenes de esta fascinación hay que rastrearlos algo más atrás de Llopart, cuando José Luis tenía 16 años y un amigo –Pedro Vilaplana, que más tarde fundaría la Comunidad de Jesús– le regaló un libro sobre Foucauld “que marcó para siempre mi vida”.

Empeño misionero

Alguien dedicado a la reflexión y a la divulgación de una forma tan encarnada, ¿qué piensa del empeño actual por la Nueva Evangelización? Según explica Vázquez Borau, “Jesús, en su vida de familia como un trabajador y vecino de Nazaret, ya era evangelizador. Lo fue desde la amistad y la bondad. Para sembrar la semilla del Evangelio, hay que preparar el terreno con la bondad y el testimonio de vida. Después, con la ayuda de la Gracia, vendrá todo lo demás”.

No es nada fácil, pero ve claro cuál ha de ser el objetivo de la Iglesia: “En esta sociedad secular que nos toca vivir, hemos de predicar el Evangelio con la vida, tanto a nivel personal como comunitario”.

Esa sencilla comunidad que dirige, de hecho, “está constituida por cristianos dispersos por todo el mundo, que son semillas de Evangelio allí donde viven”, comprometidos por la unidad de los cristianos y por el encuentro de las religiones en favor de la paz.

EN ESENCIA

Un libro: Itinerario espiritual, de Carlos de Foucauld.

Una canción: Habrá un día en que todos.

Una película: Gandhi.

Un deporte: el fútbol.

Una persona: el ermitaño benedictino Estanislao Llopart.

Un valor: el silencio.

Un sueño: el Reino de Dios.

Un recuerdo de la infancia: la Primera Comunión.

Un rincón del mundo: la ermita de la Santa Cruz, en Montserrat.

La alegría más grande: la llegada de mi hijo.

Mi mayor tristeza: la violencia.

Que me recuerden por… “Pasó haciendo el bien”.

 

 

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