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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA EDUCACIÓN PARA LA PAZ

Xavier Giró

Profesor de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la  Universidad Autónoma de Barcelona

 

El mass media y la educación para la paz.

Educar para la paz ha de consistir en ayudar a las personas para que adquieran los conocimientos necesarios para actuar a favor de una sociedad más justa, más armoniosa, más pacífica. Es una tarea que se puede desarrollar desde las esferas más íntimas y psicológicas hasta las más sociales y políticas, como por ejemplo la lucha por el respeto de los derechos humanos, el desarrollo, contra las discriminaciones sociales, etc.

Ahora bien, tanto si adoptamos la visión restrictiva de Paz -como ausencia de guerra- como si adoptamos la más amplia -ausencia de violencia directa y estructural- lo que nos ha de preocupar en primer lugar, antes de actuar, es: ¿qué sabemos del mundo? En la formación de nuestra representación mental de la realidad no sólo intervienen los media, también lo hace la escuela, el entorno social y nuestra experiencia directa de la vida. Pero la escuela, en sentido genérico -incluida la universidad, para los que han tenido la suerte de poder ir-, se deja cuando todavía somos demasiado jóvenes y tanto el entorno social como las posibilidades de saber qué pasa en el mundo de forma directa son ciertamente limitadas.

A través de los medios, hoy la ciudadanía recibe la mayor parte de la información –y por tanto también formación- que contribuye a construir nuestra cosmovisión. Por tanto, parece  oportuno, primero, recordar algunas de las críticas que desde hace años se formulan a los medios sobre lo que dicen del mundo.

 

1.   Críticas al trabajo de los medios

Primero presentaré los resultados de un estudio cuantitativo sobre los media y el tercer mundo y en segundo lugar, recordaré un pequeño subconjunto de las críticas que han aparecido al mirar un poco de cerca las coberturas informativas de diversos conflictos. 

a)  Interés económico y político.

Durante seis meses (desde octubre 1995 a marzo 1996) recopilamos 14.852 fichas correspondientes a piezas periodísticas dedicadas a países del Sur (en sentido amplio y geoestratégico) publicadas en nueve diarios. Dos eran internacionales –Le Monde, y Herald Tribune-, cuatro de amplia circulación en Cataluña –El Periódico, la Vanguardia, El País y Avui.

En líneas generales los periódicos prestan una atención informativa prioritaria a países del Sur, con los que el país de este medio mantiene relaciones económicas y políticas densas, en muchos casos heredadas del pasado colonial.

La tabla siguiente recoge el número de piezas periodísticas que han dedicado los nueve periódicos estudiados a seis zonas geopolíticas. Se observa como Le Monde es el que se ocupa más del Magreb y de África subsahariana; el Herald Tribune (versión sintética del The New York Times y The Washington Post, en este caso para Europa) es el que más piezas tiene sobre Oriente Próximo; y, por ejemplo El País el que más dedica a América Latina.

Interés de los periódicos por zonas:

 

Herald Tribune

Le Monde

El País

La Vanguardia

El Periódico

 
Avui

Magreb

82

385

372

219

322

181

P.Oriente

619

364

521

532

365

412

América Latina

399

463

657

130

264

251

Asia

279

353

545

235

326

233

Europa Este

476

376

529

485

488

448

Africa

335

644

218

218

127

179

 

También se puede observar la importancia que, en conjunto, dan los periódicos a cada área si comparamos las informaciones que son de primera mano –de corresponsales o enviados especiales- con las hechas a base de teletipos de agencias. (Pasamos por alto el hecho de que en muchas ocasiones los corresponsales también se limitan a refreír teletipos).

 

 

 

Primera mano en %

Segunda mano en %

 

Magreb

22

78

 

Asia

16

84

 

Europa del Este

24

76

 

Africa

8

92

 

América Latina

30

70

 

Oriente Próximo

27

7

Llama especialmente la atención el bajo porcentaje de informaciones de primera mano procedentes de África

 

b)   Observaciones cualitativas.

Intentaré agrupar a continuación bajo denominaciones globales una serie de críticas que han sido formuladas en la cobertura que diferentes media han ofrecido sobre diversos conflictos

b.1.  Superficialidad.

Aquí se pueden incluir muchos casos, pero de momento, sólo mencionaré dos de tipo genérico. El primero es el llamado periodismo de declaraciones. Proliferan cada día más los textos periodísticos que tan sólo contienen lo que dicen unos y otros, pero no tiene ninguna sustancia. Y muy pocas veces se comprueba si lo que han dicho las partes en conflicto es cierto o tiene una cierta base.

El segundo es el caso de la “W” perdida. Cuando en periodismo se elabora una información se intenta responder a seis dobles W (What, Who, When, Where, How y Why). Esclarecer las cinco primeras ya es muy laborioso y la última “él POR QUÉ”, aún más. Tanto es así, que es lo que más a menudo queda por esclarecer, cuando en realidad es lo más importante porque sólo si sabemos por qué ha pasado algo podremos intentar con ciertas garantías de éxito que vuelva o no vuelva a tener lugar.

b.2. Simplificación

Simplificar es casi una necesidad para hacer comprensible la narración para la audiencia. De hecho cualquier relato es una simplificación de la realidad. Pero en el tratamiento de los conflictos es fácil encontrar simplificaciones excesivas. Por ejemplo:

·                    En presentar la guerra civil en Argelia como un problema de fundamentalismo islámico. Y en general conformarse con una sola causa o una sola dimensión de los conflictos.

·                    En presentar el conflicto israelí-palestino como si todo dependiera de las personalidades de los líderes visibles. La excesiva personalización afecta al retrato de otras muchas confrontaciones.

·                    Metiendo, a veces, en el mismo saco a todos los actores en conflicto, sin distinguir, como por ejemplo en los primeros años de la guerra en la ex Yugoslavia, entre agresores y agredidos cuando es el caso.

·                    Por otra parte, el hecho de que los agresores fuesen mayoritariamente de etnia serbia no permitía simplificar hasta el extremo de demonizar a toda la etnia.

b.3.  La reiteración de la violencia directa.

Sin contextualizarla, haciéndola aparecer – y a veces incluso explícitamente cualificada – como violencia gratuita, cosa sin sentido. Por muy fuera de lugar que la encontremos, siempre hay una o diversas causas de la violencia, no comprenderlo es la mejor manera de no encontrarle ningún remedio.

Aunque sea tangencialmente, vale la pena remarcar que hay una fortísima trivialización de la violencia directa en muchísimas obras de ficción, y en particular una apología continúa de la venganza, especialmente en películas de origen estadounidense.

b.4. Difusión de mentiras y exageraciones.

Hace mucho tiempo que sabemos que la información es un campo de batalla más para los estrategas militares. Para ellos, en la guerra mentir es una necesidad y decir la verdad una traición. Por una parte el enemigo ha de estar tan desinformado como sea posible. Por otra necesitan legitimar todo lo que hacen de cara a las respectivas opiniones públicas y por ello no es de extrañar que enfaticen sus victorias y sus cualidades positivas y minimicen las de sus enemigos. Y complementariamente tampoco es de extrañar que minimicen las derrotas y defectos propios y enfaticen cosas en el caso del enemigo.

b.5.   Asunción del lenguaje de los más poderosos.

Por ejemplo en la utilización de la terminología que lo unos usan contra los otros y nunca contra sí mismos. El caso más paradigmático es el del lenguaje y la doble moral que hace servir el gobierno de los Estados Unidos, particularmente desde el 11 de septiembre. Y otro también paradigmático e histórico es el del conflicto arabe-israelí. Los palestinos que cometen atentados son calificados de terroristas, pero no lo es ni el Estado de Israel, ni los colonos que matan a palestinos.

b.6.  Informaciones negativas sobre el sur.

Casi sólo aparecen informaciones negativas del sur, se habla cuando hay conflictos y se desarrollan por caminos de violencia. Cosa que, sea dicho de paso, proyecta una espesa sombra sobre los emigrantes que vienen de allí. Bien, también se habla del sur como paraíso de vacaciones, pero en la publicidad de las agencias de viaje. El cielo y el infierno.

b.7.  Naturalización bélica.

Las guerras y otras catástrofes nacidas de las manos de los hombres se presentan casi como naturales, tribales, consustanciales a los pueblos que las padecen y, por tanto, inevitables. Sobretodo por la ausencia, de nuevo, de explicaciones históricas y de contextualización.

Las críticas mencionadas no son, por supuesto aplicables a absolutamente todas las informaciones o a todos los programas, pero sí que lo son en la mayoría de Telediarios o Telenotícias, a muchas de las piezas de los informativos diarios, noticias de radio y a un buen número de las informaciones de la prensa escrita.

 

2.  Las primeras explicaciones. El tiempo, el espacio y la formación

Para explicar por qué la información es superficial, por qué no explica las causas de los conflictos, por qué está poco o nada contrastada y escasamente contextualizada, hay quien alega la falta de tiempo de que dispone el o la periodista. Quizá entonces hay que preguntarse por qué no hay bastante tiempo. 

Hay también quien argumenta que tampoco hay bastante espacio en el papel o bastante tiempo en el vídeo o en las noticias de radio para explicar todo lo que debería tenerse en cuenta. Y es cierto, pero entonces volvemos a una pregunta del estilo de ¿Por qué no hay más papel, más espacio o hacemos piezas más largas tanto en la radio como en la televisión?

Hay también quien alude a la falta de formación de los informadores, pero nadie puede saberlo todo sobre todos los problemas del mundo y lo que se necesita es tener recursos y tiempo para prepararse para cada cobertura adecuadamente. En los dos casos, la respuesta es tan obvia que casi hace enrojecer. Tener más periodistas para trabajar en equipo y así ganar tiempo para poder explicar bien lo que pasa o bien disponer de mas espacio – papel o duración de vídeo y cintas -  haría menos, poco o nada rentables las empresas periodísticas.

En la sociedad regentada por la eufemísticamente llamada economía de mercado, las empresas han de ser rentables para sobrevivir. Han de competir las unas con las otras – ganar cuotas de mercado a los contrincantes – y han de ser competitivas – ingresar dinero y gastar el mínimo -. Por tanto, tienen como objetivo esencial e imprescindible, lucrarse. Ahora bien aparte de las ventas  -cómo es el caso de la prensa escrita-,  para lucrarse, han de obtener ingresos por publicidad, y nadie pone anuncios en medios sin audiencia. Por tanto, han de tener lectores, oyentes o espectadores y esto comporta capacidad de influir. Sin audiencia no se va muy lejos porqué además, si algún media no tiene capacidad de influir, deja de ser relevante para los poderosos, es decir, para las fuentes más habituales de información, algo que los medios de masas no se pueden permitir.

En síntesis, los medios tienen dos objetivos, lucrarse e influir (Borrat 1989). Esto es también claro si pensamos que para los medios públicos el binomio es el mismo, pero en orden de prioridades inverso. En primer lugar las autoridades políticas están especialmente preocupadas por el control y la influencia de los medios que dependen de ellas. En segundo lugar, en tiempos de neoliberalismo, se esfuerzan para que tengan los mínimos gastos posibles para los presupuestos de las instituciones, cosa que es la versión pública del “lucrarse” privado. En consecuencia, plantillas mínimas y un espacio conveniente para la publicidad y los programas de máxima audiencia.

 

3. Cómo sobreviven los medios

A pesar de todo lo apuntado hasta ahora, diariamente constatamos que, tanto los grandes periódicos como en las grandes cadenas de televisión o radio hay informaciones, especialmente reportajes y tribunas de opinión que ofrecen visiones críticas, alternativas a las hegemónicas, que no comulgan con el neoliberalismo, promueven la solidaridad y difunden actividades a favor de los países del Sur.

Ciertamente no aparecen ni siempre ni con todas las alternativas. Pero tampoco es inverosímil que en el contexto de un programa crítico con la pobreza y el desorden mundial que la genera, se escuchen voces, incluso, explícitamente anticapitalistas. Por supuesto este tipo de información no es el hegemónico, ni de lejos, en los grandes medios de comunicación, simplemente constatamos que tiene una cierta presencia, que existen unas grietas a través de las cuales se hace visible. Por ejemplo, en programas informativos de televisión de media o una hora,  del estilo de “Documentos TV” o “30 minuts”. O en algunos no tan largos de radio. O en las piezas largas que los periódicos suelen publicar los fines de semana. ¿Por qué? ¿Cómo encaja la presencia de piezas periodísticas que van contracorriente en algunos de los grandes medios de comunicación?

Se trata de un efecto combinado, producto de la misma naturaleza económica de los medios y del discurso que los legitima. Por una parte, como se ha dicho antes, la rentabilidad, que es una condición necesaria para la supervivencia de los medios, requiere competencia y competitividad. Por otra parte, para justificar su existencia los mismos medios desarrollan un discurso de legitimación en el cual se presentan como un servicio a la sociedad que basa todo su crédito en la credibilidad de sus mensajes, es decir, en el compromiso de explicar lo que pasa en la realidad. Veamos como el efecto conjunto de la competencia, la competitividad y la realidad hace posible las grietas.

a)      La competencia

Los medios no publican informaciones perjudiciales para sus accionistas, amigos o aliados políticos. Ahora bien, también tienen enemigos, enemistades y competidores.  Cuando éstos están en el gobierno, no cuesta entender que los media no encuentren ninguna objeción para publicar informaciones que perjudiquen a sus contrincantes. Así por ejemplo, se abren camino las denuncias por corrupción, por mala gestión, por promesas hechas sobre la cancelación o la reducción de la deuda externa que después no son ejecutadas, por la venta ilegal o legal de armamento a gobiernos que no respetan los derechos humanos, etc.

En algunos casos se trata de informaciones exclusivas, con lo cual el medio adquiere prestigio y compite así con los demás medios en la guerra por la audiencia -utiliza este término indistintamente para prensa escrita, radio, televisión y prensa a Internet-

Sin competencia no existe el mercado. La batalla para los índices de audiencia lleva a menudo a los medios a romper la barrera de los principios -en particular al sensacionalismo-, pero también a consolidar fragmentos de público de perfiles diversos. Tanto es así, y tan apreciado es cada segmento de audiencia que, incluso los grandes medios ofrecen espacios críticos con lo que ahora llamamos la globalización neoliberal. Quizá la pieza no sale en la portada ni en las horas de máxima audiencia, pero está allí, en algún lugar.

También en atención a los segmentos contestatarios o simplemente solidarios, las páginas de opinión se ven cedidas en ocasiones a voces consistentemente críticas. En particular, algunos medios ceden sistemáticamente un cierto espacio a ONG para que publiquen lo que quieran. Naturalmente, para el diario es importante que tengan un mínimo de calidad y comprobar que hay un público que lo recibe positivamente.

La competencia tiene también su versión entre periodistas. Si existe, puede ser, en primer lugar, fruto de la competencia entre los medios en los que trabajan y de la identificación que los informadores sienten con su medio. En segundo lugar, también puede ser fruto de su carácter individualista cuando tienen aspiraciones o ambiciones. Que de la competencia entre periodistas se aproveche para derivar resultados positivos para lo que nos preocupa depende de su compromiso. En todos los casos la grieta se puede generar o ampliar si ya existe.

b)  La competitividad

Por una parte, la lógica del mercado empuja a las empresas periodísticas a reducir los costos de producción al mínimo, cosa que afecta directamente al capítulo de personal, Prácticamente en ninguna redacción hay bastantes periodistas para cubrir adecuadamente la actualidad. Lo demuestran las inacabables jornadas laborales, En los medios públicos pasa también a menudo. Por otra parte, hay que tener en cuenta que por mucha flexibilidad que se desee, tanto los periódicos como los programas audiovisuales están inseridos en una cadena productiva que requiere una planificación y una regularidad mínimas. No es posible que hoy un periódico tenga 60 páginas y mañana, sin haberlo previsto, baje a 40 o suba a 80. En parte porque se trata de una producción industrial y, entre otras cosas, porque hay publicidad contratada, un factor  determinante del número de páginas de la publicación.

En el caso de los audiovisuales, no puede ser que un informativo tenga un día 30 minutos y al día siguiente 15. Y no sólo tiene que ver con la publicidad, sino también con el resto de la programación.

Efectivamente todos los periódicos tienen durante la semana un número estándar de páginas, no obstante, no pasa lo mismo durante los fines de semana. El domingo hay más páginas para llenar con información -al menos hay las contrapáginas de la publicidad- y a pesar de ello suele haber menos periodistas y menos hechos noticiables -según los criterios habituales- que los días laborales. La información que contienen las contrapáginas normalmente se adelantan durante la semana y, como que en gran parte son de página entera, son piezas largas. A veces son entrevistas insulsas, pero también se encuentran reportajes o informes con una cierta profundidad. Para poner un ejemplo, en lugar de la reiteración de degollaciones casi rutinarias en Argelia, el domingo nos puede sorprender un intento de explicación de la guerra civil que asola el país.

Por supuesto, los responsables del periódico no permiten que se publique cualquier cosa, pero, primeramente, el hecho de que se haya avanzado la página y el hecho de haber escrito un relato extenso permite batallar contra la superficialidad y, en segundo lugar, da un  margen de maniobra ideológico considerable a quien debe escribirlo porque en realidad lo que más importa a la empresa es que haya una contrapágina escrita en la otra cara de la publicidad.

Los lunes no hay demasiada publicidad, ni suele haber demasiada actividad política los domingos como para que el periódico del día siguiente sea muy grueso, ni correlativamente hay muchos periodistas trabajando. ¿Cómo se llenan entonces las páginas? Pues con el mismo tipo de avances que el domingo, con los conocidos como reportajes de “nevera” o, por ejemplo, -no es casualidad- dejando que las ONG tengan un espacio fijo que ellas mismas se encargan de gestionar.

En las cadenas de televisión y radio pasa un fenómeno similar. Pero además se ha de tener en cuenta que en lugar de suplementos semanales o periódicos de domingo, los medios audiovisuales tienen programas semanales -a veces también emitidos los fines de semana- que ofrecen informaciones no tan superficiales como los vídeos de entre 45 segundos y minuto y medio de cada día. Por supuesto que se aprovechan las grietas con informaciones cargadas de sentido. Depende en gran medida del hecho que haya personas que quieran hacerlo en los lugares adecuados y en los momentos oportunos. No se trata de casualidades. Sino de un trabajo sistemático. En las manos de estas personas –encargadas de la información, de la producción, de la realización, etc.- hay a menudo la posibilidad de escoger entre banalidades o la información substancial.

c)  La realidad y la credibilidad

La realidad existe y -la veamos o no- es conflictiva. En ella hay discriminaciones, opresión, pobreza, miseria, injusticia, guerras y sus semillas. La realidad suministra una parte considerable de lo que se publica y sobretodo la materia prima para el aprovechamiento de las grietas abiertas por la competencia y la competitividad. Naturalmente, hace falta acercarse y hacerlo con la voluntad de hacer algo más que contemplarla.

Tiene tanta fuerza, que el compromiso tomado por los medios de explicar lo que pasa y hacerlo fidedignamente, les puede forzar a difundir informaciones que a veces sirven para competir, pero que a menudo preferirían olvidarlas. Pero no tienen muchas escapatorias porque saben que la determinación de los temas de actualidad no depende de un solo medio sino del conjunto y si los demás se hacen eco de unos determinados hechos o datos, uno no puede permanecer interminablemente ciego o en silencio porque entonces hundiría el principal valor de su existencia, el concepto sobre el cual se legitiman: su credibilidad

La coherencia y la solidez de las alternativas al desorden mundial existente no se elabora, pero ni se discute principalmente dentro de las grietas de los grandes medios, sino en el sí de las organizaciones y movimientos alternativos y contestatarios, y crecientemente en los países del Sur y en la cooperación entre los ámbitos más progresistas del planeta. Donde mejor se cubren estos progresos tampoco es en los grandes medios, sino en los alternativos de calidad, normalmente semanarios o mensuales. Además estos medios son los que suministran el material coherente para entender el mundo y para que tanto los activistas como los periodistas puedan aprovechar las grietas de los grandes medios para llegar al gran público.

 

4. Periodismo para la paz o para la guerra

Hemos discutido hasta aquí el papel de los media en la construcción de la representación mental de los conflictos que hay en el planeta. Ahora bien, si la Educación para la Paz ha de consistir en suministrar los conocimientos necesarios -o en una concepción pedagógica más moderna, ayudar a adquirirlos- para construir la paz, y si construir la paz consiste en saber prevenir la explosión de la violencia -actuando sobre las causas del conflicto-, mediar o gestionar los conflictos -reduciendo la tensión y buscando salidas- y asentar la paz sobre bases justas -porque sin ellas no hay paz duradera-, entonces no hay bastante con explicar lo que pasa en el mundo -aunque esto ya es mucho-, sino que se necesita una actitud de búsqueda creativa que contribuya en la gestión, transformación y resolución de conflictos.

 

5. Conclusiones

En la práctica periodística de hoy encontramos cada día más ejemplos de un periodismo basado en el binomio Paz/conflicto. Por ejemplo, en la denuncia del lenguaje militar que minimiza la barbarie de la guerra con términos como “daños colaterales”, “operaciones quirúrgicas”, “ataques defensivos”, etc. O en huir de los planteamientos maniqueos del gobierno de los Estados Unidos en lo que llaman “la guerra contra el terrorismo” y quizá deberíamos decir “la guerra para la hegemonía y el control global”. Pero todavía hay muchos más ejemplos de un enfoque belicista de la guerra, y, en general, de los conflictos.

Creo que en la medida que los periodistas aprovechemos las grietas del sistema comunicativo a favor del binomio “conflicto/Paz” contribuiremos de forma creciente a educar a los ciudadanos en y por la Paz.

De hecho siempre, pero sobretodo mientras el equilibrio no se incline a favor de un periodismo diferente, más crítico, más comprometido, las y los activistas de la Paz y, en particular, las y los maestros deberán preocuparse para enseñar a leer, escuchar, ver y comprender críticamente el discurso de los medios de comunicación.

 

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