Adiós a Maryse

En Dios encuentras tu definitiva belleza

Maryse dio su paso definitivo hacia el Señor. Sus compañeras de Fraternidad de Nantes (Francia) nos hacen llegar los ecos de su despedida. Damos gracias a Dios que nos bendijo con su presencia en nuestra Fraternidad. Estos dos textos, que siguen a continuación, han sido leídos en la celebración de la Eucaristía durante los funerales de Maryse, por dos personas que viven en Nantes, su ciudad, y que la han asistido durante los últimos días de su vida.

Maryse y Carlos de Foucauld

Maryse había elegido el celibato como una respuesta al amor de Dios por ella. La espiritualidad de Carlos de Foucauld la había llamado muy tempranamente. ¿Cuál fue el porqué de esta elección?

Ciertamente, uno de los motivos de esa elección fue la personalidad de Carlos de Foucauld, marcada por su Absoluto del amor de Dios y sus respuestas diversas a este amor, a lo largo de toda su vida.

Siguiendo al hermano Carlos, ella misma buscó, durante toda su vida, descubrir y profundizar el mensaje del Evangelio, que fue siempre su referencia. Hasta el fin, se la vió comprar libros que traían nuevas aclaraciones sobre las Escrituras. Al mismo tiempo, y esto es muy particular, sin duda, en el hermano Carlos, Maryse estaba, como él, conectada con las noticias del mundo entero. Ella, que durante años ha estado sin moverse de su apartamento, era para todas nosotras una fuente de información sobre el mundo, sobre la Fraternidad local y a través del mundo.

No era sólo las noticias que le interesaban, sino también el comprender los mecanismos que conducían a este mundo y, en particular, traían tantas injusticias para una parte de la gente. También ahí su búsqueda se mantuvo hasta el final. Este lado “universal” tan presente en Carlos de Foucauld ha sido siempre para ella uno de los aspectos más importantes de la Fraternidad.

Maryse unía a la vez una búsqueda del Evangelio y un conocimiento de la actualidad visto desde una actitud contemplativa sobre el mundo, que le permitía mirarlo con esperanza. Era particularmente sensible a lo que pasaba en América Latina, y la injusticia, tanto en Francia como en el mundo, la sublevaba. Su manera de luchar ha sido el participar en asociaciones que estaban en ese campo.

He aquí lo que, para mí, ha sido el compromiso de Maryse durante toda su vida. La Fraternidad la tenía por muy emprendedora: tenía ganas de verla activa y dinámica, y pienso que vernos reunidas hoy debe hacerla sonreír.

Odette C.
 

Tus rostros

Maryse :

Con tus magníficos ojos azules, tu pequeña sonrisa en la comisura de los labios, tu rostro queda grabado por siempre en lo más profundo de nosotros.

Rostro de amor, reflejo de la ternura, de tu atención a todos los que querías profundamente y que te visitaban.

Rostro de sonrisa, cuando nos acogías llevando una alegría, una dificultad, una pena…

Rostro de cólera, frente al error que a veces llenaba los corazones, frente a la injusticia cuando el más pequeño era maltratado, cuando se excluía al más humilde.

Rostro de silencio, con tus secretos, que guardabas como tesoros.

Rostro de tempestad, cuando en ti como en todo ser, se enfrentaban el deseo de quedarte atrás y las ganas de dejarte ir, cuando ya tenías demasiado.

Rostro universal, porque el mundo entero penetraba en los cuatro muros de tu casa por la televisión, la radio, el teléfono, los diarios. Te mantenías incansablemente “informada”. Tu corazón
latía al ritmo del mundo.

Rostro de enfermedad, delante de la cual estábamos a veces despojadas, pero tú sabías que estábamos allí para sostenerte y prepararte para el último pasaje.

Tu rostro era la imagen de Dios.

Desapareció para nuestros ojos para siempre, pero tú quedas bien presente en el espíritu de los que te rodean esta mañana.

Es hacia Dios que desde ahora has vuelto.

Es en Él en quien encuentras tu definitiva belleza.

A-Dios tu rostro que amamos ¡A-Dios, Maryse!

Josette N.
 

 

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