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Consejo Internacional Latinoamericano y Sesión de la Fraternidad Carlos de Foucauld en Cochabamba (Bolivia)

La Fraternidad Carlos de Foucauld tuvimos nuestro Consejo Internacional Latinoamericano y la Sesión en Cochabamba (Bolivia). El Consejo fue muy bueno, se trabajó mucho y bien. La Sesión sobre el tema de la Mujer estuvo a cargo de una Prof. de Filosofía y Teóloga uruguaya: Rosa Ramos.

LA MUJER, ESA TEJEDORA DE REDES QUE SOSTIENEN LA VIDA

Trabajo realizado con 35 mujeres de la Fraternidad Carlos de Foucauld en Cochabamba, Bolivia, el 12 de enero de 2007. Las participantes procedían de 11 países: Italia, Francia, España, México, Colombia, Bolivia, Perú, Paraguay, Chile, Argentina y Uruguay.

Aclaraciones.

Las participantes habían recibido previamente el artículo “Mujer, ¿imagen de Dios?” como lectura previa.

El día anterior estuvo el sacerdote Gregorio Iriarte y trabajó el tema globalización, capitalismo neoliberal, situación de América Latina y Bolivia. También a la tardecita habló de cómo trabajaba el tema de los valores en la educación.

Las ideas de Beatriz Baltasar para la oración, me hicieron pensar en un trabajo menos teórico y más vivencial, privilegiando la oración y la expresión de las propias experiencias a lo largo de la historia tejida como mujeres.

También sobre la marcha la propia dinámica y respuesta de las mujeres me llevó a cambiar tiempos y actividades.

En definitiva sentí que me movía el Espíritu y me dejé conducir por caminos nuevos.

Ambientación:

Dispusimos las sillas en círculo, tendimos una mesa en el centro con tela tejida, roja. Sobre la mesa: flores, vela, Biblia abierta. En una silla cercana un bolso tejido con fibras vegetales, hecho por indígenas. En la pizarra colgado una especie de tapiz pequeño en arpillera y lana, la imagen muestra a dos mujeres –madre e hija- tejiendo en sendos telares y también en lana luce una leyenda: “El amor se teje cada día”

Esquema de la jornada

  1. Introducción

  2. Oración contemplando distintas dimensiones y realizada en distintos espacios.

  3. El tejido en nuestras vidas, dinámica para identificarnos

(Corte, Eucaristía y Almuerzo)

  1. Ecos del artículo leído (“Mujer, ¿imagen de Dios?” y comentarios.

  2. Aportes sobre el lugar del varón y su problemática hoy.

  3. Trabajo en grupos por países.

  4. Las redes y la importancia de inventariarlas (se entrega otro artículo: “La existencia encarnada, entre hipotecas y tejidos”

  5. Oración, comenzamos dentro del salón y concluimos en el patio.

Desarrollo de la jornada

  1. En la introducción agradecimos la invitación, expresamos la alegría del encuentro, a la vez que el acompañamiento al luto de la ciudad luego de los tres muertos de la víspera. Leí la carta de Beatriz Baltasar que creó un excelente clima. Planteamos que el trabajo no se desarrollaría como una exposición de contenidos teóricos, sino que realizaríamos entre todas un trabajo de compartir e intercambiar experiencias en clima de respeto y de oración.

  2. a) Comenzamos la oración con un momento de interiorización personal, con los ojos cerrados, oyendo música suave (“La petite fille de la mer” de Vangelis).

b) Al cabo de 5 minutos se invita a salir al patio en silencio y continuar la oración afuera, en contacto con la naturaleza, procurando unirnos a ella y escuchar su mensaje. Las montañas que nos rodean, la hierba fresca, los rosales de tantos colores, los animales en la quinta, caballos, gallinas, pollitos… cada cual caminaría y buscaría su lugar de oración con la naturaleza. Así se hizo y por un tiempo mayor del previsto al ver que todas lo necesitaban y disfrutaban de ese encuentro con Dios en la creación. Luego nos reunimos en el centro del patio, en torno a la fuente, en rueda, verbalizamos la importancia del contacto con la naturaleza, animamos a movernos suavemente, a extender las manos y sentir el aire pasar por ellas, como el Espíritu, la ruah, que sopla donde quiere y cuando quiere.

c) El tercer momento de oración consistió en descubrir a Dios presente en las otras, invitamos a saludarnos todas, para lo cual nos pusimos en dos ruedas e íbamos girando y saludando a la que teníamos enfrente. Se sugirió saludar con el namasté”: El Dios que habita en mí, saluda al Dios que habita en ti. O del modo que cada una quisiera, con una inclinación, tomándose las manos, abrazándose, verbalizando algo como por ejemplo “yo te regalo el color de las rosas”; “yo te regalo el trino de los pájaros”; “yo te regalo la paz de esta mañana”, etc, etc. Este momento de la oración fue muy largo, pues cada pareja se tomó mucho tiempo en gestos y regalos, largas miradas de reconocimiento de la dignidad de la otra y de su cultura, de su pueblo y de su historia. Fue un momento muy fuerte y emotivo.

d) Finalmente se invitó a un cuarto momento de encuentro, ahora con Jesús resucitado representado en la luz del cirio y en la Palabra. Para ese saludo entrarían en procesión y de a dos hasta el salón. Este saludo y encuentro duró también un buen rato, en silencio respetuoso, y emocionado, y cada pareja iba entrando al salón de la mano, del brazo o con un brazo por los hombros, se inclinaban, besaban la Biblia, la acariciaban o hacían una genuflexión. En cierto momento una de la parejas luego de saludar a Jesús se abrazaron entre sí antes de ir cada una a su asiento, a partir de ese gesto espontáneo, todas las que seguían lo imitaron. Seguíamos escuchando la misma música del inicio.

e) Una vez todas sentadas y mientras unas enjugaban lágrimas, otras cerraban los ojos y otras continuaban mirándose unas a otras reverentemente, tomamos la Biblia y leímos el pasaje que relata Marcos de la cura de la hemorroísa. Comentamos el dolor y la valentía de la mujer, su sufrimiento y su audacia. Invitamos a relacionar ese flujo de sangre con nuestras propias heridas y sangrados a lo largo de nuestras vidas, a recordar nuestro pasado y la necesidad de salvación, o el momento en que nos sentimos curadas por el encuentro con Dios. Encuentro que siempre se da por mediaciones.

Recapitulamos todo el proceso de la oración realizada, como podemos encontrarnos con Dios en el silencio interior, en la naturaleza, en los otros y su misterio, en la Palabra de Dios y su presencia siempre viva en medio de su pueblo.

Nos situamos en nuestras vidas salvadas o necesitadas de salvación.

  1. Invitamos a tomar en las manos el tejido que habíamos pedido llevar al salón. Si alguien no tenía su propio tejido, otra compañera se lo compartía, pero todas debían tener en sus manos un tejido, e ir haciendo contacto con él. El tejido es imagen de la vida de las mujeres. No hay una realidad de la mujer así en abstracto o universal, como no hay dos tejidos iguales si son artesanales, de modo análogo las mujeres vivimos realidades distintas, hay tantas realidades de la mujer como mujeres. Esa realidad de cada mujer es fruto de su historia cultural, del pueblo en que ha crecido, de la historia personal y de la Gracia, Gracia que se da por mediaciones: terapia, familia, amigos, hijos, trabajo, servicio, Iglesia, Fraternidad, etc.

Entonces propusimos compartir el origen y el significado de ese tejido en nuestra historia, casi todas hablaron y contaron haciendo memoria larga de personas, momentos, sentimientos ligados al tejido elegido (a modo de ejemplo: muchas hablaron de amigas, del regalo de la amistad en el tejido que acariciaban, una habló de su madre que con 94 años estaba haciendo el ajuar de una bisnieta; otra mostró el saco de la tía con la que vivió en la infancia, otra mostró un buzo tejido por una hermana que lo hizo con gran esfuerzo como todo en su vida; otra recordó ante un saco tejido a telar que durante 10 años de su vida mantuvo a su familia tejiendo esos sacos para exportación; otra recordó que de niña le enseñaron a tejer y se rebeló, pero que al estar en quietud logró tejiendo asumir su impedimento; otra recordó la generosidad de su hermana, otra mostró ruana muy suave y la comparó con las mujeres de estas tierras, otras gorros, otras bolsos tejidos y en cada tejido iba apareciendo un trozo de vida y sobre todo relaciones. El tejido expresa una relación, un vínculo, y si bien hay hombres que tejen, generalmente es la mujer la que teje y teje su vida conjuntamente con la lana o la fibra, va superando dificultades, va tejiendo para otros, va sosteniendo y sanando a través del tejido.

Casi finalizaba la mañana cuando cerramos esta parte tan vivencial, en la cual se iban revelando las historias personales y de los pueblos, las cuitas y las esperanzas, los miedos y las apuestas a la vida, e íbamos señalando la fortaleza y la creatividad de las mujeres, así como ese trabajo invisible para la macroeconomía y tan importante y necesario en toda la Tierra. Todo este tiempo que se vivió en clima de respeto, escucha, y que prolongó la oración, permitió además un encuentro profundo entre las Fraternas y entre las culturas que representaban.

  1. Empezamos el siguiente momento, más teórico, pedimos ecos del artículo leído, que expresaran puntos que compartían o que discrepaban, que hicieran comentarios, leyeran párrafos, etc. Así se hizo, no hubieron discrepancias, el texto había gustado mucho y lo tenían subrayado y escrito, sólo unas pocas, creo que de la Fraternidad de Bolivia, no lo habían tenido y leído previamente. A cada comentario agradecíamos y aportábamos algún elemento nuevo, una vivencia o una anécdota, así yo también fui enriqueciendo el texto escrito con historias de mi vida y de la de mis alumnos y seres queridos. Todo se iba desarrollando a partir de la vida, de modo que las ideas estaban sostenidas en experiencias que entre todas íbamos desvelando. Imposible señalar aquí todo lo subrayado y enriquecido, muchas querían hablar y el clima de confianza y escucha atenta se mantuvo como en los momentos anteriores. Se habló por ejemplo del sometimiento de las mujeres religiosas, del fundamentalismo y su papel nefasto, de la necesidad de releer la Escritura con ojos de mujer….

Así llegó el fin de la mañana, y vino la Eucaristía con un sacerdote de origen español pero muy inculturado en estas tierras latinoamericanas, ha estado en varios países y lleva ahora 8 años en Bolivia, no tiene ya acento español. Su nombre José Luis Muñoz, Hnito. del Evangelio. Invitó a que también el Evangelio fuese leído por una de las mujeres, propuso una homilía compartida y así se hizo con gran participación. Tuvimos la gracia de tener esta celebración bien post-conciliar y encarnada, con este sacerdote cercano, optimista, transparente y muy abierto a la realidad boliviana, a las mujeres, así como al momento de la Fraternidad y a sus inquietudes.

  1. Continuamos a la tarde, luego de un breve momento de oración retomamos el tema, seguimos un poco con los ecos del texto. Agregamos algo sobre el problema de identidad y de lugar en el mundo de los varones. Ante las mujeres que avanzan y logran sus propósitos, se desarrollan, especializan, salen al mundo laboral y profesional con éxito, ganan batallas, etc, el varón se siente perdido y suelen darse dos actitudes, la huída o la violencia. Las mujeres no queremos hacer “una república de las mujeres”, sino ser tejedoras de una sociedad nueva donde quepamos todos, una sociedad inclusiva donde cada uno, y cada una tenga su lugar y espacio, su dignidad asegurada, su vida sostenida y cuidada. En esa sociedad nueva la mujer seguirá siendo mujer y aportando algo fundamental, pero junto con el varón, no se trata de competir sino de construir, de tejer juntos una sociedad más humana.

  2. Pasamos a un trabajo en grupos por países, en los casos como Colombia y Paraguay que había una sola representante, se unieron a países cercanos o afines históricamente. Se propusieron dos preguntas:

a)      ¿En qué fase del desarrollo de la mujer estoy yo y las mujeres con las que trabajo y comparto la vida?

b)      En el siglo XXI ¿cuál será el aporte específico de la mujer para que otro mundo sea posible?

Al cabo de media hora larga volvimos al salón a la puesta en común, a la primera pregunta las respuestas fueron variadas, en la 2ª hubieron más coincidencias y salieron cosas preciosas que la mujer, que nosotras mujeres, podíamos y debíamos aportar para la vida y la dignidad de una sociedad más humana y por ende más feliz y conforme al proyecto de Dios. 

  1. Entregamos el otro artículo que muy brevemente presentamos y dejamos para la lectura posterior. Hablamos de las redes que tejemos y que nos tejen, de la necesidad de tomar conciencia de esa red para no precipitarnos, la necesidad de solidificar la red y a la vez la humildad de asumir nuestras fallas y “agujeros”, de ahí que nuestra confianza debe ponerse además en la red que no se rompe, en la solidez de la red que Dios teje, la Comunión de los Santos y el propio Espíritu aseguran una red como aquella que por más peces que recoja no se rompe, así si la urdimbre que tejemos se afloja y falla y parece que se nos pierde un hermano, tenemos la certeza de que no se le cae a Dios sino que es sostenido en esa red del que es FIEL. A partir de estas breves reflexiones damos lugar a la oración final, ya caía la tardecita.

  2. Invitamos a escribir en una hojita muchos nombres de mujeres, de mujeres que han tejido nuestra vida, que la han sostenido y cuidado, que nos han rescatado, que nos han enseñado, en fin de aquellas muchas mujeres que han sido tejido, red en nuestra vida. Luego invitamos a hacer otra lista, esta vez con nombres de varones a los que quisiéramos sostener, defender, alimentar, fortalecer, en definitiva los varones que necesitan nuestros cuidados de mujeres tejedoras de vida en el amor. Las listas las hacíamos escuchando nuevamente la música de Vangelis y en oración. Leímos un poema realizado por una mujer a su hija.

Luego propusimos llevar el cirio encendido afuera, ya había oscurecido, al centro, donde estaba la fuente junto a la que nos congregamos a la mañana, allí entregaríamos y quemaríamos los papeles, ofreciendo a Dios tanto las mujeres que han tejido la trama de nuestra vida como los varones que nos proponemos cuidar.

Invitamos a llevar al patio también la servilleta que a todas nos habían regalado, tejida por manos indígenas, con vivos colores.

Una vez quemados los papeles, nos dispusimos en rueda, muy cercanas unas a otras, y unimos las manos en las cuales sosteníamos abiertas las servilletas, formando una gran bandera, un gran tejido multicolor sostenido por todas las manos.

Leímos el final del capítulo 8 de la carta de San Pablo a los Romanos: “Quién nos separará del amor de Cristo…?

Luego rezamos las letanías bíblicas de la mujer:

Que Sara nos transmita su optimismo y su fe,

para creer que lo imposible es posible.

Que Rut nos llene de sensibilidad,

para compartir el dolor de las mujeres que sufren.

Que Isabel nos anime a amar a las mujeres

y reconocer sus dones.

Que María de Nazaret nos participe su actitud profética,

en defensa del pobre.

Que la Samaritana nos enseñe a dialogar

y encontrarnos con Jesús.

Que María Magdalena nos dé fuerzas,

para anunciar la Resurrección. Amén.

Finalmente espontáneamente seguimos rezando por las mujeres, largo rato nos quedamos allí, bajo el cielo estrellado, a la luz del pequeño cirio, molestadas por los mosquitos, unidas por las manos y la red de tejidos, y pidiendo por tantas y tantas mujeres:

presas, madres solteras, madres y abuelas de desaparecidos, madres y familiares de los muertos recientes, niñas y mujeres de la calle, prostitutas, enfermas terminales, mujeres postradas, mujeres abandonadas, educadoras, mujeres de la salud, mujeres presidentes, mujeres líderes de comunidades, mujeres jefas de hogar, mujeres ancianas, mujeres solas, mujeres desesperadas, mujeres luchadoras, mujeres de todos los tiempos, mujeres que abortaron, mujeres enfermas de sida, madres de presos, madres de hijos diferentes, religiosas y consagradas, hijas, sobrinas, madres de las presentes, mujeres muertas en las luchas por los derechos humanos, madres de hijos que se han suicidado, mujeres que pasan noches de miedo, víctimas de violencia, mujeres campesinas, mujeres enfermas psicológicamente, mujeres valientes, mujeres de esperanza y tejedoras de vida…

Fue una jornada larga y muy intensa, donde nos sentimos muy unidas y nos reencontramos con la maravilla de ser mujeres, con nuestras historias personales, con heridas o cicatrices, pero también salvada por el Dios de la Vida. Experimentamos fuertemente la solidaridad y el reconocimiento de las otras hermanas. Y sobre todo fue una jornada vivida en oración. GRACIAS!

 

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