Soy testigo de la acción del Señor Berthe (Francia)
Tengo 68 años, vivo en Mortagne-SurSevre. Estoy jubilada de la Función Pública Hospitalaria. He trabajado 25 años en el Hospital Local como administrativa adjunta al Servicio de Personal. Camino en la Fraternidad Charles de Foucauld, grupo de mujeres laicas célibes, desde 1968, ya hace 38 años. ¿Por qué la Fraternidad? El azar o, mejor dicho, la acción del Espíritu Santo. Luego de haber vivido hasta los 25 años en contacto del la Juventud de Acción Católica Femenina (JACF) que me ha aportado mucho, me encontré sola y soltera. Me estuve entonces cuestionando sobre qué hacer con mi vida. No me veía soltera como otras personas de mi entorno. Sentía que sola no tendría el impulso, según era mi deseo, de responder al llamado del Señor. En esa época, cuando sentíamos el deseo de vivir algo más que la vida común y corriente, los sacerdotes no nos proponían más que la vida religiosa. Después de un retiro de discernimiento, que me confirmó que no estaba hecha para la vida religiosa, pude ver entonces que era como célibe que debía continuar mi camino. Fue en ese momento que me puse en contacto con la Fraternidad Charles de Foucauld. Al hermano Carlos sólo lo conocía de nombre; pero algunas de las responsables de la JACF entraron en las Hermanitas de Jesús y más particularmente, Sor Thérèse Noël, a quien conocía bien. Lo que encontré al llegar a la Fraternidad fue un grupo de mujeres muy diferentes en cuanto a sus profesiones, su modo de vida, sus sensibilidades sociales. Me recibieron aceptándome tal cual yo era. En el fondo de mí, tenía dificultad para expresar lo que vivía. He perseverado en la Fraternidad e hice allí un compromiso. Esto me ha hecho tomar conciencia que me transformaba en parte integrante de la Iglesia. Poco a poco he descubierto la espiritualidad de Carlos de Foucauld.
Todo eso lo fui descubriendo progresivamente con los encuentros mensuales de fraternidad, con los retiros anuales y las sesiones internacionales que nos hace vivir la Fraternidad. Para escribir este testimonio, me inspiré en las tres preguntas que se nos plantearon en el Encuentro para facilitar el intercambio en el momento de compartir nuestras reflexiones personales. ¿Qué trazos del rostro de Cristo son los más meditados en mi grupo?
¿De qué manera me permite avanzar mi grupo de Fraternidad?
Gracias a la Fraternidad por todo lo que he recibido y recibo aún hoy. Gracias a la Iglesia por darle vida a estos grupos de espiritualidades diversa |