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Crónica de tres semanas en Lourdes

(4-23 de agosto de 2004)

publicado en el Boletín Iesus Caritas nº1/2004

Acompañar la Asamblea General del Instituto Secular "Iesus Caritas", y predicar a continuación un retiro a algunas de sus miembros, han constituido la principal tarea pastoral que he realizado en este mes de Agosto. Unas notas personales escritas durante este tiempo, es lo que ofrezco a continuación. Espero que se considere como una carta familiar, sin otra pretensión.

Empezamos la Asamblea General de dicho instituto con la presentación a las 15,30 horas del 4 de Agosto de 200-4. En el "pavillon Saint Martin", de la "Cité Saint Pierre" del "SECOURS CATHOLIQUE", en un monte situado encima del Santuario de Lourdes. Es esta ciudad, la "cité Saint Pierre" una especie de HOGAR del transeúnte, pero con buenas y sencillas instalaciones, a donde llega gente de todas partes del mundo. Esta dividido en distintas casas, —"pavillons"— una de las cuales la ocupamos nosotros, 40 consagradas del instituto y los dos sacerdotes que les acompañamos: el P. Perdu, diocesano de la diócesis de Amiens (norte de Francia), ordenado el 64, y el que suscribe.

Tras unos palabras de la Responsable general, el director de la casa, nos explica el origen de esta obra, de acogida y hospitalidad a peregrinos pobres, siguiendo una intuición de la propia Santa. Bernardette. Nos indica que se construyó el complejo a instancias de Mons. Theas, -obispo de Dax, y luego de Lourdes, de tan grata memoria para los vascos, ya que acogió en sus sucesivas diócesis a sacerdotes vascos, represaliados por el franquismo- y que su ejecutor fue Mons. Rodhain, Director del "Secours Catholique", corriente el año 1955. El próximo año, la casa celebrará sus bodas de oro.

A continuación pasamos a una rápida presentación, de los curas primero, y de las delegadas después. Entre ellas, una vietnamita, una de Burkina Fasso. dos brasileñas nordestinas de Fortaleza, dos chilenas, una venezolana, catalanas, alemanas, italianas y, sobre todo, francesas. En total unas 40 personas, de edad bastante avanzada. Luego celebramos la Eucaristía, que presidió el P. Perdu. A causa de mi sordera, no he entendido demasiado lo que dijo. Como era la fiesta del Cura de Ars, me he acordado mucho de compañeros sacerdotes, especialmente de quienes se han visto obligados a cesar en el ministerio y de entre estos, de un modo más amistoso de X.

Siguiendo la tradición de las familias de Foucauld, pasamos a la adoración. He orado a gusto. El «¿A quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida», se me ha vivenciado de manera especial.

A las 7 de la tarde, la frugal cena en el inmenso comedor de esta institución. Todos eran gentes sencillas, de diversas razas y más diversas lenguas. Alguna sotana, de un cura húngaro, y otra de un seminarista español, cuya formación se desarrolla en un Seminario suizo de tipo integrista, entre otras curiosidades.

He bajado andando a Lourdes. He dado un paseo, y participado desde fuera de la procesión de las antorchas-velas. Había mucha gente. Yo creo que algunos jóvenes más que en otras ocasiones, -quizá porque es Agosto y hay gente de vacaciones-. Aunque la gente no tenía los rostros transparentados por la devoción, como en Marañón (Brasil), la gente rezaba. Viendo esta gran masa de creyentes católicos, me he emocionado, he llorado, y he estado en oración con ellos, aunque no hasta el final. Temía se hiciera tarde y me cerrasen el albergue, y por otra parte estaba cansado. Me ha costado subir porque la cuesta es más que mediana, pero resoplando he llegado, me he duchado, y aquí estoy escribiendo y dando gracias a Dios, por esta nueva oportunidad de conocer creyentes de otras iglesias que sin duda me ayudarán a ensanchar la imagen de Dios, y la de añadir nuevas piezas al mosaico de Jesús, que el Espíritu va construyendo en mí, y que tantas veces no me entero o pretendo dominarlo, introduciendo teselas, piececitas, que son de mi construcción personal y no encajan con lo que el Espíritu trata de construir en mi corazón y en mi conciencia.

 

Dos días después

Están en las elecciones de consejeras para el Consejo General, después de que esta mañana hayan reelegido a J.O. para el cargo de Consejera General. Tiene 80 años, según me han dicho esta mañana, y sin embargo ni su cuerpo, ni, sobre todo, su espíritu lo parecen.

Posee una energía serena y una capacidad de acción impresionantes, además de muy buena salud. Muchas mujeres de esta fraternidad son jubiladas hace años, y sin embargo mantienen una forma y una energía impresionantes. Son mujeres, que están abiertas a la vida y a lo nuevo y transformador que la vida les aporta, aunque la estructura de su personalidad espiritual sea por una parte tradicional y por otra enraizada en valores profundos de la espiritualidad conciliar del Vaticano II, y de la escuela del P. Charles de Foucauld. Algunas de ellas han tenido tareas importantes como profesionales en la vida civil e incluso en la práctica. Igualmente han ocupado puestos de responsabilidad en organismos de sus iglesias particulares, y en algún caso de sus iglesias nacionales. No sabría decir si es a consecuencia de esto o de sus maneras personales, son de carácter fuerte, y no temen la discusión ni el debate, incluso en formas un tanto bruscas.

De los trabajos de estos dos días retendría como más impactante los informes que han dado las responsables de África y Asia. La primera es una mujer belga-flamenca que lleva 19 años dirigiendo una Escuela de Formación Profesional en Camerún, en una región interior, donde carecen de agua corriente durante tres meses al año. En su informe lo que más me ha impresionado es el poder de la brujería y sus prácticas en la vida diana de los cameruneses y sobre todo de las camerunesas. Su descripción hecha de manera concreta y sobria sobre el poder de estas prácticas y la falta de libertad psicológica y personal que producen sobre las mujeres, ha sido impresionante. El exorcismo es una de la formas de evangelización frecuentemente usados para liberarlas de las consecuencias de esta prácticas de brujería. Todo esto en un medio en que el SIDA se hace omnipresente. Así, algunas de la viudas que se preparaban a su consagración en el Instituto con la ayuda de A.C., han muerto a consecuencia de la maldita enfermedad, con 35/40 años.

También la descripción de las vidas de algunas de las consagradas y simpatizantes de Viet-Nam, hecha a través de una de ellas que sólo hablaba el idioma del Viet-Nam del Sur (la traducción la ha hecho al francés una hermanita de Jesús, vietnamita) y la que ha hecho J.C., chilena que reside en Australia, (tuvo que huir de la dictadura militar), de las vietnamitas del Norte, -que hablan otro idioma distinto de las anteriores; una de ellas habla francés con J.C.- me ha impresionado mucho. Las diferencias culturales, a pesar de la globalización, son inmensas, lo que impide una comunicación personalizada. J.C. insistía en conversación particular, que esto mismo ocurre con las chinas, y las indias, con las que hace muchos años convive dentro de una cultura más occidental, como la de Australia, y sin embargo, no logra crear cauces de auténtico diálogo.

De ahí la enorme dificultad de una evangelización inculturada. Las estructuras mentales son tan diferentes que transforman incluso aquellos contenidos que podemos creer iguales o semejantes. Los occidentales, además, no somos conscientes de que esperamos que sean ellos quienes vengan a nuestro modo de comprensión, porque en el fondo nos creemos superiores en lo que respecta a lo científico-técnico, y ampliamos a otras dimensiones de la persona y la sociedad esta superioridad. Y es claro que esta pretendida superioridad no se da en todo lo que respecta a pensamiento antropológico, Filosófico o experiencias religiosas.

¿Cómo llevar a cabo el mandato evangélico de proclamar la Buena Noticia a todos los pueblos de la tierra? ¿Cómo será posible establecer un diálogo en que la comunicación desemboque en la comprensión "común" de lo que se expresa a través de estructuras de pensamiento y lenguaje tan diferentes? Ante este problema, creo que el documento vaticano, "Diálogo y Anuncio" del año 1986, es el que marca unas líneas posibles... ¿Cómo no pensar en estos momentos y ante la toma de conciencia de estas dificultades, en aquella intuición tan sabia y profunda, resultante de una experiencia de vida, como fue la de "defricheur", -roturador- del Hno. Carlos? ¿Acaso no deberíamos retomar aquella categoría de pre-evangelización, que nos acompañó en tiempos del concilio Vaticano II? Personalmente, pienso que habría que retomarla, para profundizar en ella, y personalizarla en nosotros evangelizadores, de tal manera que sirviera, a la vez, para mantener nuestra identidad cristiana, y para abrirnos y dialogar con mucha paciencia y humildad con las personas que pertenecen a esas culturas diferentes, pero que además hoy, se ven obligadas a vivir en medio de nosotros.

Otra impresión importante estos días, es la que me produce el número, relativamente elevado, de deficientes mentales jóvenes que residen aquí, en la Cité Saint Pierre, durante los días que pasan en Lourdes. Es distinto encontrarlos en la calle, que comer junto a ellos, y a lo largo de los días, reconocerlos. El fracaso real de la armonía que deseamos en la creación, se hace evidente. Imaginar sus historias, las dificultades de sus familias, caer en la cuenta del misterio que cada uno de ellos es y para nosotros representa; no poder entrar en el modo en que ellos viven sus situaciones; me llevan a las preguntas límite de la vida, y de alguna manera, a la vergüenza de no hacer nada por ellos y sus familias. Se me abre a la vez un abismo de sin-sentido y vacío, de rabia y de incapacidad. Me acuerdo de mis amigos M. y L, que han adoptado como hija a A. (con síndrome de Down), y mi cariño y admiración hacia ellos se hace más intenso. En estos momentos se me presentan los rostros de mis amigos y amigas gravemente enfermos, y de nuevo la incapacidad de hacer algo por ellos, Acompañarlos, sin agobiarlos. Estar disponibles para cuando ellos deciden tomar nuestra mano. Aceptar que nos olviden cuando pasa la crisis, y saber que nunca, nunca, podremos sanarlos y consolarlos como nos gustaría. Que sólo somos siervos inútiles, y que nuestra oración por ellos, es el vínculo más sólido del amor que les tenemos o les quisiéramos entregar. De nuevo resuenan en mi las palabras de Juan: «¿A quién iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,66). Y al volverme hacia el Señor se presentan ante mí, los textos de la matanza de los inocentes (Mt 2,13-18) y de Lázaro y el rico Epulón, (Le 16,19-31), textos que comenté en los funerales de mi sobrino P. y de mi lía M., tratando de entender desde Jesús, el Cristo, el dolor y el sin-sentido que en aquellos momentos me ahogaban, y que en estos se ha hecho también tan presente.

 

Tres días después

El trabajo en la Asamblea General avanza. Se trababa con mucha seriedad por parte de estas mujeres y con la enorme dificultad de la comunicación. (De la que en parte soy responsable pues me toca la mayor parte del trabajo de traducción). Han elegido ya a la Responsable general, que vuelve a ser J.O. con sus 80 anos jóvenes. También han elegido las cinco delegadas, más jóvenes, y por primera vez una de ellas es latinoamericana, en concreto chilena, J.A. Estas elecciones así como la elección de un tema que tendrán que trabajar las fraternidades de todo el mundo a lo largo de los próximos años y los temas de las sesiones, y el contenido y realización del BIL, Boletín de Información de la familia, han dado lugar a debates muy intensos, e incluso diría apasionados. En el fondo de todos ellos, además de las diferencias históricas, temperamentales e ideológicas que aparecen en estos casos, se da una diferencia de fondo, constituida por el recorrido histórico y eclesial hecho por las fraternidades europeas, especialmente por la fraternidad francesa y el corto recorrido realizado todavía por aquellas fraternidades que no son europeas. En las primeras, las europeas, se da un debate respecto a la interpretación del mensaje del Hermano Carlos, como inserción encarnada y escondida en medio del mundo y una inserción también mundana, pero de talante más explícitamente evangelizador y eclesial. Menos formulado pero el debate podría sintetizarse en el título de la conferencia de Mons. Dagens en Viviers en el 2001, "De 1'enfouissement á la proposition de la foi": En este debate se enraiza también la vieja cuestión, de cuál es el lugar del laico en la iglesia, que es lo que hay que priorizar, bien su presencia y su combate en la transformación del mundo, o bien su compromiso en instancias eclesiales más entregadas a la proclamación del evangelio. Es curioso como ellas parecen encontrar su identidad vocacional en la primera de las actitudes, cuando, sin embargo trabajan, -hasta profesionalmente- en las segundas (instancias eclesiales).

Las delegadas polacas plantean una cuestión diferente. Por una parte podríamos considerarla más actual, porque está próxima a lo que hoy se ha dado en llamar una cuestión de género... Podríamos formularla así: ¿Cómo se realiza la feminidad, y con ella la maternidad (espiritual), en la vocación al celibato, y en la estructura de un instituto secular? La consagración, a través de los tres votos, es una forma de ser personal que afecta profundamente a todas las dimensiones de la persona, y consecuentemente a la realización personal de lo femenino, y de alguna manera a lo materno, en clave espiritual. El planteamiento de estas mujeres polacas no ha sido recogido por la asamblea con la importancia que conlleva. Sin embargo, la reflexión y el debate en torno al mismo creo que además de ser de una gran actualidad, podría abrir algunas pautas de reflexión, para el problema de comprensión del celibato en culturas, todas las africanas y algunas asiáticas, en las que el no ser madre, está en la base de la consideración de una vida de mujer no realizada, fracasada.

Las fraternidades no europeas no llegan a plantearse todavía los problemas anteriores. Tanto para las fraternidades de América Latina como para las incipientes de África y Asia, la fraternidad es el lugar, o el cuadro, la institucionalización en que puede desarrollarse su vocación cristiana radical, Lo que creo desean y buscan es una institución que les permita vivir su vocación bautismal, al ritmo de sus comunidades e iglesias de origen, de forma radical, amparadas por una institución que les ayuda a caminar y a desarrollarse como mujeres entregadas. Como ellas viven en iglesias donde la evangelización explícita está en sus inicios, caso de África y Asia, o donde debe sustituirse la fuerza de las personas de los misioneros y misioneras, que no tienen relevo, América Latina, estas mujeres deben dedicar lo mejor de su radicalidad evangélica a esta dimensión evangelizadora, y/o a acompañar, compartiendo, suscitando y animando, la lucha de sus paisanos por una vida un poco menos inhumana. En la historia de sus iglesias no ha llegado el tiempo de las distinciones entre evangelización y transformación de la realidad, entre inserción y proclamación. Todo es más sencillo, todo está más naturalmente unido, y lo que para ellas es más importan te, es pertenecer a una institución, a un organismo que las ampare y les ayude en vivir este caminar evangélico en radicalidad.

Creo, sin embargo, que esto es difícil de percibir por quienes han creado y dirigen este instituto, que son las francesas. El día en que el Consejo General este formado por más miembros no franceses, y sobre todo no-europeos, los planteamientos serán distintos, y desde hoy no es fácil detectar por dónde pueden ir. Creo además que en Europa, ante la realidad amplia y profunda de la descristianización y la también nueva realidad de la presencia de otras religiones, entre ellas el islamismo, el dinamismo profético de transformación de la realidad, desde el quehacer diario, realizado desde una gran profundidad contemplativo mística que ha constituido la clave de las fraternidades de Foucauld, debe completarse con una forma de presencia religioso-cristiana explícita en el corazón del mundo. El icono de la fraternidad de vida religiosa, visible y sugerente, no puede ser aplicado a estas fraternidades cuyos miembros, viven cada una en su casa. Esa presencia religioso-cristiana explícita, de cierto estilo contemplativo, ¿no podría ser realizada, en las comunidades parroquiales u otras en las que ellas participan? ¿Acaso en estas comunidades parroquiales no podrían ellas asumir esa forma de presencia eucarística característica de la espiritualidad de Foucauld? Pensemos en las que viven en pueblos pequeños en los que ya no hay sacerdote- ¿El que aseguraran una presencia eucarística de adoración, que implicara la apertura del templo en algunas horas del día, no sería situarse en línea de "la irradiación eucarística" que era percibida como evangelizadora por el Hno. Carlos? Y las que viven en las grandes ciudades, ¿no podrían asegurar una presencia eucarística, en alguna de las grandes iglesias que se sitúan en los cruces de los caminos de los hombres? Pienso también en los lugares de oración de los aeropuertos. ¿no cabría una transformación de presencia de este tipo? Y lo que se dice de los aeropuertos, podría aplicarse a las grandes estaciones de ferrocarril o autobús. Presencia y transformación no deben ser necesariamente dos polos opuestos, sino complementarios de la misión.

Misión fue la palabra que centró la homilía que hice en la celebración de la Eucaristía, pues me parecía que el profundo y amplio contenido de esta palabra en cualquier proyecto de vida cristiana, y también en un proyecto de vida cristiana que se estaba actualizando en esta Asamblea desde el carisma del Hno. Carlos, debía no sólo hacerse presente, sino de alguna manera ser el eje estructurador del proyecto. Dije que me parecía que la Asamblea General no había tomado en cuenta esta realidad, y que es posible que sin una nueva actualización estemos en nuestras familias foucauldianas repitiendo términos clave cuyo contenido y significación han variado y que para las nuevas generaciones pueden ser difícilmente comprensibles y significativos.

Las Fraternidades nacen tras la segunda guerra mundial. Nacen en un momento en que a pesar de las graves consecuencias de la guerra en Europa, el catolicismo no ha conocido sino sectorialmente, -"La France, pays de mission"-, la descristianización y el secularismo generalizados que hoy son la tierra nutricia de la vida espiritual de la mayor parte de nuestras iglesias europeas. Por otra parte, desde aquellos años, la descolonización política ha sido una realidad, pero sin que la descolonización económica haya podido seguir el mismo camino. La globalización, la mundialización, el fin de las ideologías, el pretendido "choque de civilizaciones", la multiplicidad de las culturas, creo que constituyen un mundo diferente totalmente al de los tiempos de las fundaciones. Recrear la misión derivada del carisma en las nuevas condiciones, me parece que es un asunto imprescindible. Creo que en esto la personalidad misionera de Hta. Madeleine, que se manifestó en sus viajes a todo el mundo, tiene algo que sugerirnos. Igualmente la presencia de estos gérmenes de vida que el instituto secular Iesus Caritas tiene en mundos tan distintos, como Hong- Kong, Malasia, Australia, República Centroafricana, Burkina-Fasso, o Chile, Perú, Venezuela y Cuba. Es verdad que va a ser la vida que estas fraternidades aporten a la vieja fraternidad europea, la que va a ir transformando los ejes de estructuración, pero con la vida tiene que venir la reflexión teológica y espiritual al respecto. La Misión creo que es un tema aún pendiente.

 

Otros dos días después

Hemos seguido trabajando para perfilar la toma de decisiones de la Asamblea General y, como era de esperar, ha sido un trabajo arduo porque esas decisiones que toman son para cuatro años. Además, ellas las desean precisas y, a poder ser, efectivas. En este sentido el trabajo ha sido un modelo de trabajo compartido y democrático. No creo que haya muchas asambleas en que todo el mundo haya tenido la oportunidad de debatir y modificar las distintos propuestas formulados por  los grupos encargados de redactarlos. Uno de los temas que más ha ocupado ha sido el de los archivos de la fraternidad, que entre otras, contiene la correspondencia de la fundadora Margot Poncet con el P. Voillaume, donde, entre cartas que no tienen especial interés, parece haber algunas que lo tienen, especialmente  válidas para la interpretación del carisma, so sólo del instituto sino de las familias del Hno, Carlos, Aunque ellas han hecho ya un gran trabajo de selección y clasificación no sólo de esta correspondencia sino de otros documentos de interés, se encuentran con que no tienen un lugar, -dado que cada una reside en su vivienda particular, donde depositar y conservar todos estos archivos. Un problema que es también el de otras ramas de la familia, y para el que debería tratarse de llegar a una solución entre todos.

Por la tarde, durante la Eucaristía, tuvo lugar la celebración de la Segunda consagración temporal de Angela Gombe, una mujer de la República Centroafricana, de mucho carácter y fuerte personalidad. Ataviada con un vestido de su tierra, confeccionado con una tela muy alegre, con imágenes de la Virgen, recitó la formula de consagración ante la Responsable General y ante sus compañeras de Instituto. La celebración eucarística fue sencilla y emotiva, las distintas lenguas y los diversos cantos en esas lenguas diferentes, modelaron una celebración en la que el carisma del Hermano Universal. Carlos de Foucauld, tuvo un eco verdadero. Tras la adoración eucarística -¡qué fidelidad la de estas mujeres a esa dimensión orante del carisma!—, pasamos a participar en una fiesta, sencilla también, pero entrañable. Entre juegos, cantos y risas, el Consejo General agradeció a las Consejeras salientes y a sus colaboradoras, todos los trabajos, fatigas, y tareas que habían realizado. Así como también agradeció los trabajos que en el transcurso de esta Asamblea General, otros participantes habíamos realizado. Un intercambio de regalos sencillos y la fotografía del grupo participante, dio fin a la Fiesta. Insisto, sencilla, alegre y comunicativa. Y también una forma de vivir una de las dimensiones del carisma: la sencillez.

Algo que no ha tenido la celebración eucarística que en la pradera de Lourdes ha presidido el Santo Padre, Juan Pablo II. Llegó ayer. En la TV pudimos ver su llegada y su desfondamiento al minuto de arrodillarse en la Gruta. Me impresionó profundamente. A lo largo de la semana, por P., supe que podríamos participar en esa eucaristía y mis sentimientos eran confusos. Por una parte siento una adhesión viva a la persona del Papa, sobre todo desde que es un hombre sufriente, pero por otra parte, la trayectoria que ha conseguido dar a lo que fue la gran esperanza de mi generación, el Vaticano II, y su restauracionismo eclesial, me han alejado teológica y pastoralmente de él. Especialmente estos últimos tiempos en que la pretensión de una verdad católica en todas las complejas dimensiones de la vida, y para todos los hombres y mujeres de la tierra, me provoca una contradicción intelectual y teológica profunda, y una dificultad de pertenencia serena a la Iglesia, a la que amo. Siempre en tensión. Tensión que puede ser enriquecedora, pero también muy fatigosa.

El tema "de lo creíble" en tantas y tantas dimensiones, cansa enormemente. Tener que defender lo que para uno mismo es opinable, con esa intensidad de verdad que pretende el Vaticano, con una única dirección, creo que me tensiona mucho; ya que me obliga constantemente en el diálogo con el mundo y con compañeros creyentes que dan menos importancia a la comunión con la iglesia, a un "sí, pero menos..." ¡"es verdad, pero no es lo que de verdad importa"!, "algún día cambiará esa situación", etc.

 

Ha pasado otro día

Me he despedido de mucha gente, una de las francesas mayores al despedirme me ha dicho: ".Ne perdez pas votre belle sourire, et votre bonne humeur, c’est quelque chose de precieux». Me ha gustado mucho y me ha alegrado. A muchas de estas mujeres, no las volveré a ver; porque es muy posible que ni ellas ni yo participemos en una nueva Asamblea general, y nos hemos despedido hasta el cielo. Hasta el día y la hora de esa inmensa comunión con Cristo, en que seremos entregados al Padre en el Espíritu Santo, en que creemos y no podemos en manera alguna imaginar.

Hoy hemos cambiado de casa las pocas que se quedan a hacer el retiro, y yo mismo, que lo he de dirigir. Es un palacio típico del XIX francés, convertido hace muchos años en casa de ejercicios.

Desde la gran ventana de la habitación que ocupo, delante de la que estoy escribiendo, se ve perfectamente la gruta de la Virgen de Lourdes. En este momento se oyen los cantos de la procesión de las antorchas y la luz irradia tanto de la imagen de la gruta, como de los cirios que se queman delante de la misma. Tanto de día como de noche la vista es preciosa y, añadiría, profundamente piadosa, El pueblo de Dios, de razas y lenguas tan diversas caminando y rezando delante de la gruta, pueblo sencillo, transido de fe y esperanza.

¿Por qué la Iglesia, arca de la alianza que guarda esta esperanza, no puede ser mucho más sencilla y transparente que lo que fue la celebración de ayer? ¿Por qué ese culto tan personal al Papa, que él parecía recibir satisfecho? ¿Y todos aquellos cardenales, arzobispos y obispos tan pomposos en sus vestidos, modos y maneras? ¡Y tanto cura joven, del norte y del sur, de todos las razas, como tan satisfechos de lo que allí estaba ocurriendo! Me preguntaba: ¿cómo vivirán su sacerdocio en sus respectivas parroquias? Me dio la impresión de que estaban más ocupados en el espectáculo, fotos, etc. que concelebrando devotamente. Así como había enfermos y gente sencilla que mostraban en su rostro una ilusión ingenua y hermosa, -como los rostros de las mujeres negras que pidieron a Pierre, mientras nos retirábamos entre la multitud, que les bendijera unos pobres presentes, medallas y otros que llevaban a sus familias-; el rostro de los sacerdotes no presentaba esas características. No podía yo leer esa religiosidad ingenua y esperanzada, ni la compasión con un anciano sufriente. ¡Ojalá me equivoque! Curas muy jóvenes que no pudieron soportar media hora de sol, cuando la mayor parte de la gente pasó cuatro horas... Por eso, aunque me duela, afirmo: participábamos de la fiesta, mas no celebrábamos la Eucaristía. Los aplausos durante la homilía me parecieron más ideológicos y reivindicativos que evangélicos y sensatos.

Como Mons. Perrier estudió con P. y había venido a ver a las del Instituto dos días antes, nos había invitado a la comida que daba el Obispado; subimos juntos al jardín, detrás del chalet del obispado. Allí, una empresa de "catering" sirvió una comida fría, bastante sencilla. Sin embargo el ambiente episcopal que allí se respiraba no era muy sencillo. Otra vez una iglesia que adoptaba la normalidad de los dirigentes de este mundo y sus maneras. Ya sé que también nosotros lo nacemos a nuestro nivel de curas, pero allí se notaba más. Nos tocó comer con cuatro alcaldes de pueblos del alrededor, que estaban invitados, por haber cedido terrenos municipales para los estacionamientos de autobuses. Eran hombres sencillos y amables. La conversación fue agradable. En la conversación nos contaron que no eran practicantes, y que de sus pueblos, tan cercanos, no había venido mucha gente. Una poco más tarde vino un sacerdote, párroco de uno de estos pueblos. Un hombre amable y sencillo. Me dijo que pertenecía, al Prado y había estado en México un año, en formación del Prado, y hablaba bastante castellano.

La crisis general de la iglesia, la carencia de sacerdotes, y la penuria de vocaciones, son los temas de conversación que una y otra vez se repiten. Triste, muy triste y derrengado subí a la Cité Saint-Pierre. Tras la ducha y la siesta, cuando bajé a cenar, y a algunas les dije -porque me lo preguntaron-, lo que me había parecido la celebración, y empecé a decirles mi verdad, me confesaron, con cierto temor que tampoco ellas habían quedado entusiasmadas. Y en la Eucaristía de hoy, cuando P. les ha pedido que expresen lo más decisivo de estos días, ninguna ha citado la misa del Papa de ayer. ¿Señal de que era poco más que unos fuegos artificiales, que se admiran, pero cuya huella, rápidamente desaparece? Insisto, me gustaría poder dar otra versión, estar mucho más contento, pero no sería fiel a mí mismo.

Se ha desatado una tormenta, con muchos relámpagos, que me obliga a cerrar la ventana... los cantos de la procesión de las antorchas continúan como un eco armonioso en medio de truenos.

 

Dos días después

Rumiando en oración silenciosa todas las impresiones y reflexiones que en mi cabeza y corazón hervían en torno a la eucaristía celebrada por el Papa, la contemplación de un Cristo de madera actual, pero que imitaba los Cristos góticos, me representaba la humildad y el abajamiento de nuestro Dios, revelado en la Cruz de Jesús. Ese anonadamiento que tantas veces se me ha hecho presente en mi vida, del que el himno bautismal de Fil 2,6-11 es su más perfecta formulación, me entregaba una vez más al Dios maravilloso que allí se revela, y que borra las huellas de los ídolos todos que nosotros y la Iglesia misma se construye. Volver junto a ese Dios tan pobre, un condenado colgado de una cruz, y que sin embargo ha atravesado la historia y ha llegado a ser amado en todos los rincones de la tierra; que es la manifestación de un Dios, cuyo misterio es el amor al hombre, a todo el hombre y a todos los hombres, y que se expresa de esa manera tan identificada a todos los sufrientes, me reconcilia con el misterio de ese Dios. Me ayuda a aceptar toda mi pobreza, y a reconciliarme con todos los que son diferentes, y tienen una imagen distinta de Dios. ¡Te doy gracias, Señor Jesús, por la verdad, el amor y la belleza infinita de tu ser crucificado! ¡Es precisamente ese rostro del hombre que Tú eres, en el que brilla la gloria serena de tu resurrección! Pero, ¿no podría tu Iglesia, parecerse un poco más a ese "tu rostro humilde, pobre, y resucitado?

Tu Iglesia, esta noche pasada, volvía a constituir tu rostro bendito, en los cientos de enfermos que vivían de muchas formas la procesión de las antorchas. Esta vez la mayoría eran italianos, irlandeses y franceses. Retorcidos de dolor, envejecidos, absurdos, para el mundo que no puede ni quiere mirar su dolor. Muchos otros sanos, jóvenes, generosos, alegres, los acompañaban. También padres y madres de estos niños, mostrando, en su cansancio, esperanza y deseo de fortaleza para continuar amparando a los suyos. Ellos constituyen el misterio de tu rostro, la realidad de tu presencia. Junto a ellos una multitud que estos días, en Lourdes, de una u otra manera busca tu rostro, desea contemplarlo, quieren entrar en el misterio de sus vidas, en tu misterio. ¿Cómo serán las huellas que ellos recogen? ¿Cómo hacer para que estas huellas de dolor, esperanza, amor gratuito, generosidad, queden grabadas y puedan constituir un camino, en algunos casos de iniciación y en otros de fortalecimiento de vida cristiana en sus lugares de origen? ¿Qué tendremos que hacer las parroquias y comunidades cristianas para recoger esas huellas y prolongarlas en la vida de cada día? Estas multitudes te buscan, Señor, (pues son multitudes las que estos días de Agosto pasan por Lourdes, de todos los pueblos y naciones de la tierra). En nuestros pueblos, barrios y ciudades no somos conscientes de que tantos hombres y mujeres te buscan. Nos parece imposible, vista nuestra realidad, que tu Espíritu siga empujando a tantos hombres y mujeres a buscarte. Y sin embargo esta realidad de tu búsqueda se percibe aquí. Danos a los que de alguna manera has elegido para comunicarte, detectar estas huellas, acogerlas, animarlas, y ofrecerles un espacio donde puedan expresarse. Haz, Señor, que nuestras parroquias y comunidades cristianas sean espacios abiertos, casas amplias donde todos y cada uno puedan comunicar lo que el Espíritu va realizando en ellos. Espacios de los que nos sintamos responsables, pero en los que no ahoguemos y entristezcamos el Espíritu. Como en Lourdes, tenemos que ofrecer una estructura mínima que sostenga la búsqueda de tu rostro, un dinamismo amplio y sencillo, que facilite el encuentro con tu rostro de Crucificado. ¡Cuantas cosas y actitudes personales y colectivas que replantearnos desde esta perspectiva!

Ahora llueve, Señor, y sin embargo en la gruta sigue habiendo mucha gente... ¿Qué tendrá esa hendidura de la roca, donde María permanece sencillamente a la escucha del pueblo sufriente, y del pueblo que busca en la hendidura el paso de la luz de la divinidad?

El retiro marcha bien- Muy en el estilo de Foucauld. En silencio, una charla, adoración del Santísimo, Eucaristía, y breve revisión de vida. Además de algún tema más propio de nuestro carisma, el hilo conductor de este retiro es una lectura del Evangelio de San Juan. Tras oír la primera charla que di, Angela, la africana que acaba de hacer su consagración y que se iba el miércoles, decidió quedarse hasta mañana viernes, porque -me dijo- le habla llegado muy profundamente al centro del corazón. ¡Gracias, Señor! En ocasiones, recibimos alguna satisfacción espiritual. Hay también en el grupo una chica joven francesa, que hará su primera consagración el próximo domingo. (Llueve mucho y la gente tiene que ir retirándose de la gruta, pero algunos todavía permanecen). No he hablado personalmente con ella, pero parece maja. y muy normal, lo que alegra mucho en un grupo como éste, donde la mayoría de sus miembros son personas mayores, cuando no ancianas. Expresarme en francés, me obliga a un esfuerzo mayor, y me encuentro bastante cansado, pues no duermo bien. (Ha cesado de llover y la gente ha vuelto a la gruta).

 

Tres días después

El retiro toca a su fin. Durante estos días además de los temas del Evangelio de San Juan, he tocado algunos temas específicos de la Fraternidad, como la Revisión de Vida, y Nazaret, que creo les han resultado, en parte, novedosos por los planteamientos que he hecho; sinceramente, creo que se salen un tanto de lugares comunes excesivamente reiterados durante muchos años en las fraternidades que tratamos de vivir el carisma de Foucauld. Tengo la impresión de que entre nosotros, especialmente en torno a estos dos temas y alguno más, nos hemos quedado con los planteamientos de los primeros tiempos, en los que la realidad del mundo y de la Iglesia, eran muy distintas a las actuales. Si queremos conservar lo que de más significativo tenían aquellos planteamientos, por su novedad en su tiempo y en su iglesia, hemos de recrearlos en estos tiempos recios y nuevos en que vivimos.

Especialmente ha variado la notoriedad y la influencia de la Iglesia en Europa, así como su influencia en los distintos grupos y clases sociales. A pesar del empeño de las corrientes restauracionistas en ocupar un lugar importante en la sociedad europea, la Iglesia es hoy una corriente minoritaria en el seno de esa misma sociedad. Esto obliga a un replanteamiento de los ejes culturales en los que nació la intuición de Nazaret, y el modo de la Revisión de Vida, para repensarlos y recrearlos en las nuevas condiciones en que nos toca vivir. Y todavía hay que repensar más, de modo creativo, el lugar de la indiferencia religiosa que ha sustituido al rechazo de la Iglesia, en no pocos sectores sociales. Tras la caída del muro de Berlín, como fecha-símbolo, la desaparición de las ideologías fuertes por un relativismo generalizado y una nebulosa de indiferencia religiosa, nos obligan a repensar los modos en que vivimos unas intuiciones que nacieron en otro contexto. Lo mismo y aún más habría que añadir, en lo que supone la presencia, incluso militante, de otras religiones en Europa. Tanto en el tema de Nazaret como en el de la Revisión de Vida, creo que es también necesario e importante, acercarse a los modos de exégesis actuales, para no hacer decir al evangelio lo que en realidad no dice, utilizar la literalidad de los textos evangélicos como en muchas ocasiones lo hemos hecho hasta el presente, creo que no es la mejor manera de ser fíeles a las intuiciones del Hno. Carlos, y las de otros que las realizaron, P. Voillaume, Hta. Madeleine, o Margot Poncet. Estas mujeres que participaban del retiro, me dio la impresión de que, aun costándoles, recibían gustosas, los pequeños avances que yo exponía en el sentido dicho.

El domingo celebramos la primera consagración de S., mujer de 36 anos, profesional ortofonista, nacida y residente en el Norte de Francia. Fue en el transcurso de la Eucaristía; fue una celebración sobria y emotiva. Participaron además de las que hacían el retiro, sus padres, su director espiritual -un sacerdote joven, humilde y sencillo--, y la responsable de su formación, que es la responsable de su Fraternidad local. La formula de su consagración, que ella misma había redactado, indicaba la importancia de este paso: su donación total a Cristo. Donación significada por su compromiso en cumplir los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, dentro del Instituto Secular "Iesus Caritas", expresando de esta forma su vinculación a la Iglesia, Me pareció, que esta consagración era un símbolo precioso de una entrega totalmente gratuita, porque nada adquiría para sí, al comprometerse de esta manera. Su vida de laica continuaba de la misma forma, solo que ahora su compromiso público —pero tan humilde— de entrega total, se veía conducido y ratificado por la Iglesia de Jesús. Su consagración no cambiaba su condición laica, y sin embargo le aportaba una nota de radicalidad, vivida no sólo desde sí misma, sino desde sus compañeras y hermanas, que la acompañaban, sostenían y confrontaban en ese ideal de seguimiento de Jesús. De modo que lo que pudiera ser búsqueda de sí misma, en lugar de comunión con el Señor, quedaba —de alguna manera— superado por esta confrontación con sus hermanas de Fraternidad. Me pareció, un gesto personal y comunitario de sorprendente belleza. Así lo expresé en la homilía, y así quiero seguir pidiendo por ellas, que en su pequeñez —como la de Mana— forman ese símbolo profundamente religioso, cristiano y eclesial, en la secularizada sociedad en que nos ha tocado vivir.

A continuación celebramos una sencilla comida en la misma casa de ejercicios, unos cantos de sobremesa, franceses, polacos y vascos, terminaron con la despedida.

Dejé Lourdes, cansado y contento, y atravesé Bigorre, Bearn y Pays Basque para, por Irún, regresar a casa.

Cansado, pero contento, doy gracias a Dios, por haber tenido la oportunidad de acompañar a estas mujeres, y participar con tantas gentes, de tantas razas, clases, lenguas y condiciones del particular Pentecostés del Instituto "Iesus Caritas", de la Cité Saint-Pierre, y de la Eucaristía que el Papa Juan Pablo II presidió en Lourdes.

Lourdes, del 4 al 22 de Agosto del 2004

 

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