Selección de textos del

HERMANO CARLOS

 

- De Beni-Abbès, en 1905, así es como él se presentaba:

Carta al canónigo Caron, el 8 de abril 1905. (XXV cartas inéditas, p. 13-14)

Soy un viejo pecador que desde el día siguiente a su conversión, hace veinte años, fue atraído poderosamente por Jesús para llevar su vida de Nazaret. Desde entonces, me esfuerzo por imitarla, muy miserablemente, por desgracia. He pasado varios años en ese querido y bendito Nazaret, como criado y sacristán del convento de las Clarisas. Sólo dejé ese bendito lugar para recibir, hace cinco años, las Sagradas Órdenes. Como sacerdote libre de la diócesis de Viviers, mis últimos retiros ante el diaconado y el sacerdocio me han hecho ver que esta vida de Nazaret, mi vocación, había que llevarla no en la Tierra Santa, tan amada, sino entre las almas más enfermas, las ovejas más abandonadas.  Este banquete divino, del cual soy ministro, había que ofrecerlo no a los hermanos, a los parientes, a los vecinos ricos, sino a los más cojos, a ciegos, a las almas más abandonadas por falta de sacerdotes. En mi juventud, yo había recorrido Argelia y Marruecos: en el interior de Marruecos del tamaño de Francia con diez millones de habitantes, ni un solo sacerdote; en  el Sahara argelino tan grande como siete u ocho veces Francia, y más poblado de lo que se creía en otro tiempo, una docena de misioneros. Ningún pueblo me parecía tan abandonado que estos, solicité y obtuve pues del muy Reverendo Prefecto apostólico del Sahara el permiso para establecerme en el Sahara argelino y de llevar allí, en soledad,  clausura y silencio, con el trabajo de mis manos y en santa pobreza, solo o con algunos otros sacerdotes o laicos, hermanos en Jesús, una vida tan semejante como posible a la vida oculta del amado Jesús en Nazaret. Me establecí, hace tres años y medio en Beni-Abbès, en el Sahara argelino, en la frontera misma de Marruecos, intentando tibia y miserablemente, llevar esa bendita vida de Nazaret. Hasta el presente, estoy solo, “el grano de trigo que no muere se queda solo”. Ruegue a Jesús para que yo muera a todo lo que no sea Él y su voluntad.”

 

Carta a Henry de Castries, 14 de agosto 1901 (lettres a H. de C., p. 97; en las Oeuvres spirituelles, ed. du Seuil, p. 663 –664)

“Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa sino vivir para Él. Mi vocación religiosa data del mismo momento que mi fe. ¡Dios es tan grande…! ¡Existe tal diferencia entre Dios y todo lo que no es él…! (…) Yo deseaba ser religioso, vivir solamente para Dios y hacer lo que era más perfecto, fuese lo que fuese... Mi confesor me hizo esperar tres años; yo mismo, aunque deseaba “exhalarme ante Dios, en pura pérdida de mí” , como dijo Bossuet, no sabía qué orden elegir: el Evangelio me muestra que el “primer mandamiento es amar a Dios de todo corazón”, y que era preciso encerrarlo todo en el amor; todo el mundo sabe que el amor tiene como primer efecto la imitación; así pues era preciso entrar en la orden donde encontrara  la más exacta imitación de Jesús.  No me sentía hecho para imitar su vida pública en la predicación; por tanto debía imitar la vida escondida del humilde y pobre obrero de Nazaret. Me parecía que nada me ofrecía esta vida de mejor manera que la Trapa”.

 

Carta a Duveyrier (escrita en la Trapa de N. Sª. de las Nieves), 24 de abril 1890.

“Amo a Nuestro Señor Jesucristo, aunque con un corazón que quisiera amar más y mejor. Le amo y no puedo soportar llevar una vida distinta a la suya, una vida dulce y honorable, cuando la suya fue la más dura y despreciada que nunca existiera. No quiero atravesar la vida en primera clase mientras que Aquél a quien yo amo la atravesó en la última”

 

- Pero la vida monástica le deja insatisfecho; ella parece más bien alejarlo

Carta al abate Huvelin, 22 septiembre 1893 (P. de F. Abbé H. Correspondence inédite, p. 31, OE., p. 668)

“de esta vida  sencilla de Nazaret que yo venía buscando, y a la que estoy muy lejos de haber renunciado  y  me entristece ver a Nuestro Señor llevar solo sin que ningún alma, ningún grupo de almas en la Iglesia sueñe hoy día con llevarla junto a Él y compartir por Su Amor y en Su Amor la felicidad de la Santísima Virgen y de San José. ¿No habría medio de formar una pequeña congregación para llevar esta vida, para vivir únicamente del trabajo de las propias manos, como hacía Nuestro Señor que no vivía de colectas, ni de regalos, ni del trabajo de obreros forasteros a los que se contentara con dirigir? ¿No se podrían encontrar algunas almas para seguir a Nuestro Señor en esto, para seguirle viviendo todos sus consejos, renunciando absolutamente a toda propiedad, tanto colectiva como individual (...) una vida de trabajo y de oraciones, no dos clases de religiosos como en el Císter, sino una sola como deseaba San Benito... sin la liturgia complicada de San Benito... sino momentos largos de oración, rosario, Santa Misa...”

 

 - Algunos meses después de su llegada (fin de octubre 1901) en Beni-Abbès

Carta a H. de Castries, 12 marzo 1902, p. 122 – 123

“Rezad a Dios, querido Amigo, para que yo haga aquí la obra que Él me ha dado para hacer: que yo establezca aquí, por Su gracia, un pequeño convento de monjes fervientes y caritativos, amantes de Dios con todo su corazón y del prójimo como de ellos mismos; una Zaouïa (pequeño centro religioso) de oración y de hospitalidad desde donde se expanda una piedad tal que toda la región en sí se ilumine y se caliente; una pequeña familia que imite tan perfectamente las virtudes de Jesús que todos, en los alrededores,  se pongan a amar a Jesús”.    

 

- Un año más tarde a Mons. Guérin:

Carta a Mons. Guérin, 27 de febrero 1903 (Correspondances Sahariennes, p. 155; OE., p. 693 – 694)

“Mi bienamado Padre, yo soy un miserable sin fin, sin embargo busco algo bueno que tengo en mí, y no encuentro otro deseo más que éste: ¡Que vuestro Reino venga! ¡Que vuestro Nombre sea santificado!...” Me pregunta si estoy dispuesto a ir a otro sitio que no sea Beni-Abbès para la extensión del Evangelio: estoy dispuesto, para ello, a  ir hasta el fin del mundo y a vivir hasta el juicio final... No crea que mi género de vida (cuya austeridad inquietaba a su ‘obispo’)  la esperanza de gozar antes de la visión del Bienamado tenga otra razón. No, yo no quiero otra cosa, que hacer lo que a Él le guste más. Si practico el ayuno y la vigilia, es porque Jesús los amó tanto; deseó sus noches de oración en las cumbres de las montañas, querría hacerle compañía (...) pero, yo soy tan frío que no me atrevo a decir que amo; sino que quiero amar...”

 

-Unos meses después de su llegada (agosto 1905) a Tamanrasset:

Carta al canónigo Caron, 3 agosto 1906 (XXV cartas inédites, p. 20-21)

 “Mi obra aquí no es, desgraciadamente, sino una obra de preparación, de un primer desbrozo: es, en primer lugar, poner a Jesús en medio de ellos, Jesús en el Santísimo Sacramento, Jesús que baja diariamente en el Santísimo Sacrificio; es también poner en medio de ellos una oración, la oración de la Santa Iglesia, por miserable que sea aquél que la ofrece... Seguidamente es mostrar a estos ignorantes que los cristianos no son lo que ellos suponen, que creemos, que amamos, esperamos; es finalmente hacer que las almas tengan confianza, amistad, tratando de encariñarlas, de hacerse, de ser posible, amigos, a fin de que después de este primer desbrozo otros puedan hacer mucho más bien a estas pobres almas (...) No soy misionero, el buen Dios no me ha dado lo que hace falta para eso, es la vida de Nazaret lo que yo trato de llevar aquí. Si por tanto Jesús os ofrece un alma que os parezca llamada a compartir un apostolado tan oscuro, yo la recibiré con alegría, pues Jesús será glorificado con ello; yo iría a buscarla, pues haría falta una pequeña preparación y sobre todo advertirla de todas las humillaciones y privaciones que ella tendrá que soportar por el amor de Jesús...”

 

- Tres años más tarde a Mons. Guerin:

Carta a Mons. Guerin, 1º de junio 1908 (Correspondencias Saharianas, p. 621)

“Sin duda el Sahara no es el lugar más poblado, sino en fin, el territorio de los Oasis, incluidos los Tuaregs, que comprende cien mil almas que nacen, viven, mueren sin conocer a Jesús, que murió por ellas hace mil novecientos años. Él ha dado su sangre por cada uno de ellos y nosotros, ¿qué hacemos?”

 

- 1916

Carta a Luis Massignon, 1º de agosto 1916. (J.F. Six: La aventura del amor de Dios, p. 210; OE, p. 225)

1º de agosto: Creo que no hay una frase del Evangelio que me haya causado una impresión más profunda y haya transformado más mi vida, que ésta: “Todo lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis”. Si pensamos que son palabras de la Verdad increada, la de la boca que ha dicho: “Esto es mi cuerpo… esta es mi sangre”, con qué fuerza somos empujados a buscar y a amar a Jesús en “esos pequeños”, esos pecadores, esos pobres, aportando todos los medios materiales para aliviar sus miserias temporales.

 

- 1º de diciembre  

Carta a la Sra. de Bondy, 1º de diciembre 1916 (Cartas a…, p. 252. Obras Espirituales nº 230, p. 226)

“¡Cuando se puede sufrir y amar se puede mucho, se puede lo máximo de lo que se puede en este mundo: se siente que se sufre, no se siente siempre que se ama, y ello constituye un sufrimiento más! Pero se sabe que se querría amar y querer amar es amar. A uno le parece que no ama bastante; y es verdad; jamás se amará bastante; pero Dios que sabe de qué barro nos ha amasado, y que nos ama mucho más de lo que una madre puede amar a su hijo, nos ha dicho, Él que no miente, que no rechazaría a quien viene a Él”.

Carta al canónigo Caron, 11 de marzo 1909. (XXV cartas inéditas, p. 51-52 (Obras Espirituales nº 160, p. 181)

“Perseguido desde hace mucho tiempo por la idea del abandono espiritual de tantos infieles, y en especial de los musulmanes e infieles de nuestras colonias, viendo al mismo tiempo que el amor a los bienes materiales y la vanidad invaden más y más al pueblo cristiano, he puesto sobre el papel, como secuela de mi último retiro hace un año, un proyecto de asociación católica, con el triple objetivo de reconducir a los cristianos a una vida acorde con el evangelio presentándoles como modelo a Aquel que es el modelo único; de acrecentar en ellos el amor a la sagrada Eucaristía, que es el bien infinito y nuestro todo; y de provocar en ellos un movimiento eficaz para la conversión de los infieles y especialmente para el cumplimiento del estricto deber que tiene todo país cristiano de dar una educación cristiana a los infieles de sus colonias”

 

 

 

 

 

 

En el momento de su conversión

 

 

 

 

 

 

 

 

En Beni Abbês

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su última casa en Tamanrasset

 

 

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