de Marc: Lille (Francia)
El mercado de Wazemeer
Los contactos con los clientes son muy reducidos, encuentros microscópicos: pero los encuentro llenos de sentido, como pequeños mensajes en mi “buzón de recepción”. Algunos ejemplos:
Madre, tal vez tú habías soñado un trabajo mejor para tu hijo, pero tu corazón de madre sabe guardar todo tu amor; gracias por extender ese cariño a todos sus “colegas”. - Al verme levantar la enorme tapadera de un cubo de basura, un niño pequeño viene corriendo hacia mí: “¡Uauh! ¿Cómo lo has hecho?” Bien, pequeño: tu mirada de niño sabe ver algo maravilloso en un trabajo que es muy ordinario. - “¿Está usted rezando, señor?” me dice una señora al verme de rodillas limpiando el bajo de una estantería. Señora, ¿es un recordatorio, o bien una invitación?
Algunos amigos me han dicho: ¿De qué sirve estar ahí? “¿Con tu experiencia no podrías hacer cosas más útiles?”. Y yo mismo, al retomar el trabajo y la “vida ordinaria” después de tantos años de servicio, tengo mucha necesidad de volver a encontrar el sentido. Tengo deseos de responder, en primer lugar, que estoy aquí porque me gusta este lugar en el que me siento bien. Y además dos frases me sirven de luz en estos últimos tiempos, las he atrapado al vuelo en homilías: - En Caná, el amo de la casa no sabía de dónde venía el buen vino, “mientras que los criados sí lo sabían, puesto que ellos habían traído el agua” (Jn 2, 9): encontrarme al otro lado del milagro, allá donde Dios tiene necesidad de mi colaboración y de mi admiración. - “Jamás el Señor desoye la súplica del huérfano ni de la viuda cuando ella presenta su queja. Las lágrimas de la viuda ¿no corren por sus mejillas?” (Eclo 35, 14-15) ¿La mejilla de quién? El texto no permite decirlo: ¿la de la viuda o la del Señor? O la de aquél que está cerca tanto de la viuda como del Señor para compartir su preocupación…
Dos “postales” para terminar: Recientemente han aparecido carteles en los muros de nuestro barrio – rápidamente recubiertos por publicidad. “¡En primer lugar lo humano!” estaba escrito en grandes letras amarillas sobre fondo rojo. Confieso que me alegré de verlos en diferentes esquinas de las calles. Sé bien que es el eslogan de la campaña electoral de un partido político, pero tengo que reconocer que eso me habla más que los recordatorios litúrgicos del supermercado: “Mañana es la Epifanía: ¡se ofrece una segunda tarta gratis por una comprada!”. “En primer lugar lo humano” ¿por qué asustarse de la frase? Nadie es más humano que Dios después de la venida de un cierto Jesús de Nazaret; y nadie nos habla mejor de Dios que el hombre desde que una cierta pareja humana llamados Adán y Eva fueron creados a su imagen… Desde hace unos días, cuando salgo para el trabajo un poco antes de las 6, escucho un mirlo que canta, invisible y presente. La vida está llena de regalos… |