Estancia en Kazajstán de Kazek (Polonia) Queridos hermanos, empiezo el quinto mes de mi estancia en Kazajstán, desde donde saludo de todo corazón a cada uno de vosotros. Tal vez tengáis curiosidad de saber el por qué, teniendo 64 años, he ido a ese país. Resumiendo: ¿Por qué allí? …¿Por qué yo y ahora?... ¿Qué es lo que hago aquí?
Una gran mayoría de los deportados eran católicos, la fe les daba la fuerza y la esperanza para sobrevivir en este “paraíso en la tierra”. Había sacerdotes que les acompañaban en la deportación. Algunos de ellos iban libremente para acompañar a sus fieles. Ese fue el caso, por ejemplo, del sacerdote Tadeusz Fedorowicz, quien marchó allí en la primavera de 1940. Fue él quien nos acogió y acompañó a Laski, en nuestros comienzos como Fraternidad de hermanos.
¿Por qué yo y ahora? Todos estamos invitados a ayudar a las misiones (y ese es el estado de la Iglesia en este país). Una ayuda apreciada es la de un hombre vivo. Si alguien de la comunidad de los Hermanos de Jesús en Polonia podía y deseaba marchar, era yo el que podía hacerlo pues la situación y el momento eran favorables y si no hubiese hecho esto ahora (edad y salud) sin duda que nunca lo hubiese hecho. Hablé con mis hermanos de Polonia – fue un apoyo dado desde la calma – recibí un acuerdo favorable y acogedor del obispo de Astana, así como una invitación. Mi preparación se limitó a recordar la lengua rusa… y me interesé por conocer el país al que iba a marchar.
Kazajstán: un país inmenso… Su población es casi de 16 millones de habitantes. Si tomamos en cuenta las estadísticas, el 60% son autóctonos, el 15% rusos, y hay aún otras 120 nacionalidades. En la región donde yo estoy, al norte de Kazajstán, la mitad de la población es rusa, un tercio son kazakos, seguidos por los ucranianos (6%), los alemanes (4%), además de polacos, tátaros, uzbekos y muchos otros. Se dice que hay un 60% de musulmanes. El Islam, después de 80 años de poder soviético, está muy “disgregado” pero actualmente las relaciones entre el estado y las religiones son correctas.
La parroquia tiene a su cargo doce aldeas, la más alejada está a unos 50 km. Hay pocos fieles, unas 200 personas para toda la parroquia. En los dos lugares más alejados, cuando estuve allí, vino una abuela con algunos niños. Algunos adultos se preparan para el bautismo, para el matrimonio o la confirmación. Hay algunos que vienen a misa; ellos tienen una vida de familia complicada (cónyuges sucesivos). Desde hace más de 10 años, la liturgia es muy a menudo en lengua rusa, pues los prolongados años de ‘rusificación intensa’ cumplieron su tarea. Además del sacerdote hay dos hermanas franciscanas que trabajan en nuestra parroquia. Poco a poco aparecen grupos de “líderes” quienes, al vivir en el lugar, asumen la responsabilidad de la vida cristiana entre las visitas del sacerdote.
Y yo ¿qué es lo que hago aquí? Y bien, estoy presente a mi manera, tal como yo lo veo, en lo cotidiano, la oración y la confianza - ¡todo irá bien! Mi tiempo pasa de la manera más corriente, siempre estoy ocupado, voy a conocer otros enclaves de la misión y siempre hay algo que hacer. Aquí es un trabajo de pintura, allí de albañilería, bricolaje y todas esas cosas; en nuestra casa, en la casa parroquial, en la guardería donde trabajan las hermanas. Las ocupaciones me toman bastante tiempo, sin embargo he querido ser útil allá donde esté en Kazajstán. Yo sé hacer esto, pero siento el peso de la edad (65 años). Por supuesto recorto las ocupaciones y pido ayuda cuando es necesario. Menos mal que hay un otoño maravilloso…
A principios de octubre el arzobispo me pidió que ayudara a las hermanas Carmelitas de Oziorno – a 30 km. de aquí. Allí está el santuario de María, Reina de la paz, patrona de Kazajstán. También allí está comenzando un monasterio de Benedictinos (de Suiza), así como un monasterio de Carmelitas polacas.
El campo, el ambiente en el que estoy, siempre son nuevos e interesantes. Además no he venido aquí a buscar aventuras, ellas me encuentran solas. Pienso también que no espero nada extraordinario, pero creo que el hecho de estar aquí tiene un sentido en los planes de Dios, y que no me conciernen solamente a mí.
La oración diaria, la misa, nada regular a causa de los desplazamientos y del trabajo que marca el ritmo de mi vida, y que yo trato de mantener estable en la medida de lo posible. Trabajo sobre todo en las misiones polacas, en contacto con los ancianos del lugar, que tienen tras ellos el peso de las deportaciones y con los jóvenes que toman la vida tal cual se les presenta…
“GHER es el campamento de los nómadas de la estepa. Su puerta está orientada siempre hacia el Sur, Para acoger al sol … y a los amigos. La puerta de Gher está siempre abierta” (Sabiduría de los nómadas de Mongolia)
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