de Jorge - Ibague (Colombia)

Llegamos a Ibague, a Protecho (nuestro barrio de adopción), Rigoberto, Xavier y yo para la fundación de la fraternidad en Colombia. Al momento de llegar hemos sido directamente acogidos por la parroquia, pues queríamos ser identificados de entrada como gente de iglesia, la situación convulsionada del país requiere que uno sea fácilmente identificado para no despertar sospechas innecesarias, comenzar como desconocidos no es posible, así que esto nos ha facilitado que las personas que más asisten a la parroquia sean nuestros amigos y desde allí poco a poco vayamos entrando en relación con otras personas que no son de iglesia.

Hemos vivido los tres primeros meses recurriendo aún a un fondo de fraternidad que nos dejó Xavier, de allí en adelante ya hemos podido solventar en parte nuestros gastos.

 

Mercado de Ibague

Encontré trabajo muy pronto en un taller de carpintería en el que he estado durante cinco meses. En total recibí lo que es la mitad del salario mínimo, lo cual es muy poco, pero lo acepté porque era un taller que hacía frente a algunos problemas de ubicación, que hizo que las máquinas estuvieran varias veces bajo el barro. Me ha tocado vivir dos inundaciones, la primera al momento de llegar y la última cuando decidí dejar el trabajo, pues con el dueño no logramos sacar adelante el proyecto. Me vi obligado a renunciar porque no teníamos los suficientes recursos para comer en casa. Y sin embargo el proyecto era bueno pues incluía la elaboración de juguetes de madera y otros proyectos un poco locos que me interesaban. Pero pudo más el hambre...

Desde hace diez días estoy en otro taller de carpintería donde el dueño es un hombre que conoce muy bien el oficio y con quien aprenderé bastante; pero sobre todo respeta el día de pago y es claro en sus cuentas

En cuanto a Rigoberto estuvo un tiempo esperando encontrar un trabajo sencillo de limpieza de calles o de jardinería o algo parecido, pero con el paso del tiempo se fue haciendo más evidente que debía crear su propia fuente de empleo. En esta ciudad, la de mayor desempleo del país, con el 20 %. Recurrió entonces a su experiencia de zapatero que había ejercido ya en Lima durante el postulantado. Ejerce pues su oficio desde hace tres meses y la clientela, las relaciones y su salario van creciendo poco a poco… Va los sábados todo el día a un centro para mayores donde hace la limpieza de patios. Este trabajo lo tuvo desde antes de comenzar con el taller y le ofrece la oportunidad de una cercanía a los ancianos más pobres de la ciudad que le dan un tono especial a su vida por los contactos gratuitos que se presentan.

Estamos llegando a una situación más estable económicamente, lo que nos permitirá buscar una casa pagando arriendo y dejar ésta que nos había sido prestada, tanto más cuanto que hemos sobrepasado los seis meses de contrato. Está ubicada en un punto de paso de todo el transporte que llega del centro la ciudad y la hace receptora de todo el polvo de la calle. Además esta casa es un horno cuando regresamos del trabajo. Como queremos que ésta sea una fraternidad de acogida, queremos buscar algo más acogedor.

Nuestros vecinos son gente sencilla que venden productos de consumo diario: helados, panes, bocadillos y platos típicos de fácil preparación. Otros tienen sencillamente tiendas pequeñas para vender productos de primera necesidad… Los salarios se ponen en común en cada familia, puesto que una sola persona no logra completar la canasta familiar.

Sobre nuestra vida de iglesia, además de la parroquia, participamos en la reunión mensual de los religiosos. Deseamos estar presentes, al menos este año, para ser conocidos y conocer. Junto con nosotros ha llegado este año un grupo de "Hijas de Jesús", españolas, que estaban en otro lugar muy violento del país y se han venido para acompañar lo que se llama en Colombia "desplazados". Familias enteras que han debido dejar su tierra, a veces hasta por tres veces, para huir de la muerte, ya sea de uno u otro grupo armado. Lo que hace que en un barrio creado por el gobierno para desplazados haya gente que vienen de realidades muy diferentes pero que han vivido la misma experiencia: escapar de un grupo armado. El trabajo de inserción (casa, alimentación, trabajo y educación) es muy largo y para algunos es solo temporal a la espera de volver a su tierra de origen… lo que podría ocurrir dentro de muchos años.

Tenemos además muy cerca de nosotros el noviciado de los franciscanos, y un grupo de un instituto religioso femenino y una religiosa de otra comunidad. Con lo cual, cada mes, hacemos un grupo de diez personas que nos reunimos para compartir, a la luz del evangelio, sobre la situación del cada momento.

En cuanto a la situación del país, debo decir que llevaba 20 años fuera de Colombia y, por salud mental, no mantuve comunicación permanente con lo que acá sucedía en detalle, fuera de las visitas cada tres años a mí familia. Este tiempo, pues, me ha dado elementos muy nuevos sobre lo que es la vida y la muerte..., y me han recordado una manera de ser colombiano que había olvidado. Es un país verde y vital, lleno de instituciones de ayuda solidaria, con muchos sueños por realizar. La ciudad de Ibague acaba de adornarse de árboles de colores: "ocobos" rosados, "guayalandes" azules, "cambujos" naranjas y "guayacanes" amarillos... Pero, ¿cuál es la situación real...?

Las noticias hablan en los últimos meses del desarme de los grupos paramilitares y la entrega de armas. Pero, según datos oficiales, de 30.000 desmovilizados se dice que 1.500 se han convertido en grupos aunados dispuestos a todo para conseguir dinero. A los llamados desmovilizados se les da un montón de dinero para rehacer su vida. Este dinero es diez veces mayor del que reciben los desplazados, por lo que algunos de ellos simplemente no buscan trabajo... El dinero para todo esto es sacado de los impuestos. Desde hace años se saca el cuatro por mil de toda transacción y el precio del petróleo está grabado con un impuesto de guerra.

Algunas regiones han estado más de medio siglo bajo el control de la guerrilla y no conocen el estado de derecho. La selva tropical permite que esto sea posible y muchos lugares en Colombia son verdaderamente inaccesibles. Las fiestas de la patria casi no se celebran ya, como se hace en otros países. Hay una herida muy profunda en el alma colombiana.

El colombiano tiene un concepto muy claro de sus derechos, de los derechos humanos, pero no de que ellos incluyan a todos los seres humanos.

Puede ser que me sienta más sensible a esto después de haber vivido en Chile y Perú. Me gusta pensar en lo que propone René en "el corazón de las masas" que hay que pensar bien del otro antes de conocerlo y pensar que cada persona es mejor de lo que pueda parecer.

La gracia ha acompañado esta fundación. Hemos recibido mucho más de lo que esperábamos, sin merecérnoslo. Tenemos la suerte de tener en Colombia fraternidades seculares (laicos que se inspiran en el Hermano Carlos) en Medellín, Cali, Yumbo y Bogotá. Además tenemos también a Alberto y a Ricardo, dos antiguos hermanos que vivieron años como hermanos y que han seguido siendo auténticos amigos. Las hermanitas también estuvieron por aquí. Hemos tenido el apoyo de todos ellos de diferentes maneras e incluso la visita de algunos; así los vecinos han visto que "somos mucho más que dos" como dice una canción.

Quiero terminar agradeciendo a todos los que entre ustedes nos han manifestado además de la oración, una palabrita de apoyo en esta etapa de la fundación. En cuanto a nuestras familias están felices de tenernos cerca. Mi mamá ya ha venido a pasar unos días con nosotros y Rigoberto acaba de ir a Medellín a conocer a una sobrina nieta que nació en estos días, se llama Sofía.

He escrito este diario en casa de una vecina escuchando la música de Silvio Rodríguez, y a la espera de salir esta tarde con los niños del barrio a volar cometas para mirar el cielo con una mirada de niño después de esta mirada de adulto hacia nuestra tierra.

Un abrazo fraterno y en comunión con el espíritu de Nazaret.

 

 

 

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