de Kumar - Mylasandra (India) Queridos hermanos de todo el mundo: Ya hace tres años desde que empezamos esta fraternidad de Mylasandra. La fundación fue una opción deliberada de la región debido a varias razones. La más importante es que queríamos tener contactos más cercanos con la Iglesia local; en segundo lugar, para acoger a los jóvenes interesados en nuestra vocación y en tercer lugar para no estar muy lejos de Alampundi (de la otra fraternidad). La distancia desde Alampundi a Mylasandra es solamente de 250 km. De puerta a puerta casi nos lleva 7 horas en autobús o cualquier otro medio de transporte. Estamos en las afueras de la ciudad en la carretera que lleva a Alampundi, lo que nos evita el vernos inmersos en el denso tráfico de la ciudad. La fraternidad está justo a cinco minutos a pie de la parroquia. No tenemos la eucaristía en la fraternidad a diario porque no tenemos un En nuestra cultura la hospitalidad y la acogida son parte integrante de la vida. De hecho hay gente que nos visita; amigos, vecinos, nuestras familias y gente joven que se queda con nosotros para hacer una experiencia de nuestra vida. Acoger a los jóvenes que se interesan por nuestra vida es una prioridad para nosotros. Algunos de nuestros amigos utilizan nuestra fraternidad para descansar y rezar. La gente aprecia nuestra capilla, su serenidad y silencio. Para mí, personalmente, este aspecto de la acogida es un elemento importante en la fraternidad. Tenemos que acoger a la gente y por consiguiente nuestra disponibilidad es importante. Esta es una tradición que hemos heredado del hermano Carlos. Para mí, esto procede de Nazaret y creo que la Madre de Jesús asumió esa tarea en serio. Y también nuestros hermanos mayores nos lo transmitieron. Me alegra mucho vivir en esta fraternidad que asume una tarea de servicio en la región. Pero a veces me surgen algunas preguntas: ¿Vine para esto a la Fraternidad? ¿No me siento llamado a vivir una vida de gran sencillez, de amistad y oración, con gente marginada y llegar a ser la sal y la levadura en medio de ellos, a través de mi presencia y oración, en una pequeña fraternidad? ¿No estoy llamado a aportar alegría, paz y amor a gente privada de ello? Si es así, ¿lo estoy haciendo realmente en esta aran fraternidad de acogida?
Estoy muy ocupado durante el día recibiendo a la gente que viene a nuestra casa, cultivando la huerta, las tareas domésticas, leyendo la Biblia con los aspirantes, etc. También estuve ocupado acompañando a Xavier durante el noviciado el año pasado. Para mantener contactos con la aldea, tenemos un pequeño botiquín en la casa para primeros auxilios, que usan algunos amigos y familias vecinas. Debido a una opción personal, he limitado mis contactos con otra gente, como los que tenía antes cuando trabajaba con personas afectadas por el SIDA. Me siento cada vez más llamado a ser un hombre de oración de intercesión. Se ha hecho algo muy importante para mí: le llevo al Señor en mi oración los problemas de la aldea, la gente que sufre de problemas físicos y mentales -pidiéndole al Señor que los transforme: que los cure y los toque. Pienso que, como Hermano- no debo cerrarme a la realidad del mundo, sino más bien permanecer abierto a todos los medios que estén a mi alcance y tratar de llevarlos al Señor en la oración de Intercesión. Nuestra vida fraterna también tiene sus altos y bajos a causa de la diferencia de edad entre nosotros. Además cada cual tiene un pasado y experiencias diferentes. Cada uno ha sido modelado por ciertas convicciones y formas de hacer. Pero vivimos con todo eso haciéndole frente cada día con nuestra forma de ser. Todos tenemos fuertes personalidades y somos tan sensibles que, algunas veces, de cosas pequeñas podemos hacer montañas. Pero lo que más nos ayuda es la apertura entre nosotros y que existe un deseo de hablar y revisar las cosas. No nos rehuimos.
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