de Régis : Lille (Francia)

La primera fraternidad en el nordeste de Francia (Roubaix) data del año 1951. La de Lille fue fundada en 1982, en un barrio con una presencia muy fuerte de extranjeros, sobre todo marroquíes. Bastante a menudo, desde hace bastante tiempo, los hermanos de Lille acogen también jóvenes que quieren hacer una estancia en la fraternidad y también a hermanos extranjeros que vienen a Francia para aprender francés. Desde 2006 hay también una fraternidad de hermanos estudiantes.

Trabajo en una fábrica de pintura para edificios. Llegué a esta fábrica hace 14 años, con 42 años. Los 2 primeros años estuve con contratos temporales, luego tuve mi contrato definitivo… Desde mi llegada a Lille en 1982, sólo tuve pequeños trabajos, contratos precarios, temporales, 25 en 5 años en una fábrica textil. También hice algunos cursillos de reciclaje, y periodos más o menos largos de desempleo. Por consiguiente: viví la precariedad laboral durante 13 años.

Ahora trabajo en una empresa familiar, fundada en 1825… en la que se van sumando grandes dificultades desde hace al menos 5 años. Tenemos la impresión de tener jefes incompetentes. Una incapacidad sorprendente para organizar, para anticipar. Cada vez estamos más inquietos por el futuro de la empresa. Y por supuesto, la reciente crisis financiera y económica agrava la situación.

Tengo que reconocer que me siento muy bien en mi equipo de trabajo. No tengo la angustia de los lunes por la mañana cuando hay que volver a la fábrica.

No es que el trabajo sea apasionante, pero lo es por los compañeros. Está Sebastián, 150 kg, mi compañero con las tapaderas de las latas, además de los 2 de la serigrafía  de los bidones, además del de las etiquetas, eso hace 5 estables. El año pasado hubo durante ocho meses tres mujeres con contrato temporal. Este equipo, de 5 ó de 8 es formidable. Nos entendemos bien, durante la jornada de trabajo hacemos juntos varios descansos para el café, festejamos los cumpleaños, nos contamos todo, tratamos también de comprender el por qué la fábrica va tan mal… Y, hasta ahora, hemos tenido la suerte de que los jefes no se metan demasiado con nosotros.

Régis (segundo a la derecha) con sus compañeros de trabajo

 

Rápidamente me interesé por la vida colectiva del personal a través de los delegados obreros. Había un Comité de Empresa que organizaba bastantes actividades… Pero ahora no hay sindicato, ni ningún medio para que el personal pueda expresar sus inquietudes sobre la marcha de la empresa.

Mi sueño de reflexiones colectivas, de acciones solidarias, de democracia, de toma de responsabilidad de los pequeños, se hunden. Me gustaría apoyarme en los otros, pero estoy con gente que, como yo, nunca han militado en ninguna sección sindical. Y no tengo dones de líder o de animador.  Lo que me sostiene, son las reuniones (5 por año) con los otros delegados sindicales de la sección Química de la región de Lille. Me admira su compromiso y las acciones que llevan a cabo en sus empresas, porque así me siento menos solo y aprendo muchas cosas.

Lo que también me sostiene, es el compartir en la Misión Obrera, con los Sacerdotes Obreros, las Religiosas del Mundo Obrero. Tengo necesidad de sentirme en un movimiento más amplio, unido a las otras luchas.

A veces me digo: ¿no estoy en un ambiente obrero protegido, preservado del desempleo, de la precariedad, de la miseria? ¿Estoy disponible a la escucha y a unirme a los más pobres? La mayoría de mis compañeros obreros tienen un nivel de vida  por encima de mis vecinos de barrio, a menudo cercanos al ‘cuarto mundo’.

¿No debería yo volver a la precariedad, a los trabajos sin importancia? Tal vez entonces estaría más unido con los más desfavorecidos, en una situación más cercana a la de los vecinos en mi barrio.

No, mi presencia aquí en el barrio es la de un obrero, y los vecinos se alegraron conmigo cuando conseguí mi contrato. Y este recorrido desde la precariedad al empleo seguro, lo he vivido y es lo que deseo también para mis vecinos.

Sí, tengo buenas razones para permanecer. En primer lugar mis colegas. Este trabajo me da para vivir: por medio del salario, por el reconocimiento social, por el equilibrio que da. Además, estoy contento de estar ahí porque hay gente que forma parte del pueblo y yo quiero formar parte de ese pueblo. Este pueblo, son los empleados de la fábrica, sus familias; pero también los antiguos asalariados, los interinos, y también los desempleados que podrían estar un día ahí… Y por consiguiente, claro está, eso me hace estar en contacto con toda la “clase obrera”.

Lo que me hace quedarme, es el poder escuchar, mirar, compartir la vida de los interinos tratados como verdaderas variables (números) que permitan ajustes laborales, la vida de mis colegas en excedencia por las malas condiciones de trabajo, sospechosos, despreciados, mal pagados, etc., y también sus preocupaciones familiares u otras. Es toda esta vida compartida, esta cólera compartida, la que presento al Señor en mi oración, como ofrenda, como súplica.

Lo que me hace quedarme, es también el poder valorar esta vida. En el día a día hay múltiples ocasiones para hablar del valor de nuestro trabajo, de agradecer a un colega, de apoyar una buena iniciativa, admirar a alguien que te echa una mano, una reconciliación, etc. Intento ser el portavoz de esta gente, hacer peticiones o propuestas que puedo sostener en el Comité de Empresa o frente a los jefes. Todo esto también está muy presente en mi oración, en la intercesión, en la acción de gracias…

Todo lo que vivo allí en el trabajo hace que me parezca algo a los sacerdotes obreros. Pero si estoy en el trabajo, no es para ser sacerdote obrero, es porque elegí ser hermano de Jesús. Mi llamada es vivir los lazos de fraternidad con una pequeña porción de esta población urbana desfavorecida de la región de Lille. De ahí la vivienda  protegida y la búsqueda de un trabajo en lo más bajo de la escala social, para vivir lo que ellos viven, en una relación de igual a igual en la medida de lo posible. Mi primera preocupación en el trabajo es vivir la fraternidad entre colegas. El Reino de Dios es un reino de hermanos y hermanas.

En el grupo de Sacerdotes Obreros las reflexiones sobre el ministerio no me conciernen directamente... Pero yo también tengo deseos de que la Buena Noticia sea conocida alrededor mío, que la gente con la que estoy en contacto sepan que Dios les ama, que su vida tiene un gran valor, que ellos tienen su sitio en la Iglesia. Es por esto por lo que sigo estando con los Sacerdotes Obreros: encuentro allí una reflexión muy valiosa sobre el mundo del trabajo, sobre las luchas obreras, y esto me ayuda a ampliar mis horizontes, me ayuda para hacer una relectura y sobre todo servir como lazo de unión con la Iglesia local, con la Misión Obrera.

¿…qué eficacia desde la amistad? (Régis a la izquierda)

 

¿Por qué esta presencia en los lugares de trabajo? ¿Qué eficacia?

1º- Soy el primer beneficiario. Esta convivencia con gente sencilla, los “pequeños”, me ayuda a encontrar a Cristo, a unirme al corazón de Dios. En esta vida banal, reconozco al Espíritu actuando en aquellos que no le conocen. La oración es central en todo lo que vivo. Presento a Dios toda esta vida, sobre todo en los momentos de tensión; y también le doy gracias en los momentos en los que la cosa va mejor.

Trato de aprender a mirarle y escuchar a los compañeros como él les mira y les escucha. Después de tantos años, tomo una conciencia  mayor de la fidelidad de Dios: él está siempre presente, siempre amante, siempre consolador, en todas las situaciones y los lugares más diversos en los que me encuentre. Mis tiempos de oración no son grandes momentos de efusión sensible, pero sé que Él me ama, y estos tiempos que le ofrezco, sólo para Él, son mi respuesta a este amor.

Experimento un Dios que quiere ser humilde y discreto. Me enseña a ser paciente cuando me siento triste al ver que las cosas no avanzan como me gustaría. Me lleva a maravillarme cuando veo surgir iniciativas allá donde menos esperaba. Me invita a ser compasivo para compartir el sufrimiento o la rebelión de aquellos que viven situaciones de fracaso, de desprecio.

2º- ¿Y mis colegas, mis compañeros, mis vecinos? Sus opiniones sobre mí son probablemente muy diversas. La mayoría saben que soy cristiano, una especie de cura. Espero hacerles sentir que su vida banal está llena de riquezas, que tienen capacidades no reconocidas con diplomas o con un salario justo, pero son reales. Ellos me enseñan muchas cosas. Y  tal vez, a través de eso, les dejo entrever que cada uno es importante para Dios, amado personalmente por Él. Y frente a las tendencias de individualismo y racismo, trato de testimoniar que la fraternidad y la solidaridad son fundamentos de un mundo mejor.

3º- ¿Y para la Iglesia? Creo que es esencial que la “Iglesia” esté presente en los “lugares de fractura”. Y no solamente para asistir, para ayudar. Una presencia fraterna, codo a codo, es la única capaz de mostrar hasta donde Cristo se ha “rebajado”. Es una “Buena Nueva”, un anuncio de la voluntad de Dios de salvar a todos los hombres; un signo fuerte dado al mundo, aunque también un signo fuerte dado al conjunto de cristianos: la exigencia para la Iglesia de estar presente entre los hombres y las mujeres que se esfuerzan por construir un mundo más fraterno.

Los hermanos de Lille

 

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