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de René y Pius - Fraternidad de New Bell (Camerún)

Dos hermanos jóvenes viven en Duala, en esta gran ciudad en el sur del Camerún: vida marcada por la pobreza, el desempleo y también por una cierta forma de violencia. René y Pius nos hablan de su primer impacto en el barrio y sobre su trabajo.

 

De René

¡Hola a todos!

Unos días después de nuestra instalación en nuestro “nuevo Nazaret”, empezamos por insertarnos y tratar de hacer nuevos amigos. Eso no fue cosa fácil al principio pues al ser personas nuevas en el barrio, éramos objeto de desconfianza e interrogantes por parte de varias personas. Pero con el tiempo que pasa y la gracia de Dios, las cosas se clarificaron y estamos orgullosos de ello, puesto que ya hemos trabado lazos de amistad con algunas personas del barrio y sus alrededores tratando así de poner en práctica lo que habíamos aprendido en el noviciado.

Por lo que respecta al trabajo, no lo encontré como asalariado, pero no estoy en paro. Estoy “disponible” en la fraternidad.

Pius y René ... en New Bell

También a veces puedo aprovechar el tiempo que se me ofrece gratuitamente para encontrar a ciertos jóvenes que conocí en Bafoussan (lugar del noviciado), y que están ahora estudiando aquí en Duala. Juntos compartimos nuestras inquietudes frente a un  futuro que parece tan incierto, vista la situación política, espiritual, moral y económica de nuestro país que deja mucho que desear. Algunos de ellos (las chicas) se agarran a esta situación para justificar los comportamientos desviados que abrazan para satisfacer sus necesidades multiformes, pues ellas dicen que los tiempos son duros. Pero al final, cuando tratamos de entendernos sobre un hecho: hay que esperar a pesar de todo, pues solo Dios sabe a dónde nos lleva.

Estamos en un barrio donde reina la inseguridad, y eso me hace comprender nuestra presencia en este ambiente: presencia silenciosa y discreta de los instrumentos de Cristo al servicio de sus hermanos. No pasa ni una noche sin que se oigan gritos como: “¡al ladrón, al ladrón, detenedle!” o bien ¡socorro, socorro! A veces tengo ganas de salir de mi habitación y de tirarme al agua como esta gente angustiada.

Estoy contento en Douala donde saboreo las realidades de “Nazaret” y trato de profundizarlas. Es bueno vivir aquí y paso muchos momentos de gracia, con la atmósfera de esta ciudad que me hace correr hacia la Meta dándome la oportunidad de poner mi fe en Dios a prueba. Pero sé en quien he puesto mi confianza, sobre todo que tengo muchos hermanos que me apoyan en esta Marcha hacia la Tierra Prometida.

 

de Pius 

Como sabéis , soy carpintero /albañil. Desde nuestra llegada aquí el 12 de enero de 2.009 he salido a diario para trabajar en diferentes obras hechas por personas privadas. Estoy trabajando con algunos amigos que conocía desde antes. Formamos un grupo de tres personas. Lo que nos une es que todos somos albañiles y cuando uno de nosotros tiene un trabajo, llama al resto. Una cosa que me gusta de ellos es que nos entendemos unos a otros y ellos saben que debo volver a tiempo para unirme a los hermanos a la hora de la oración. Cuando uno tiene un trabajo y llama al resto nos pagan por día, pero recibimos la paga el sábado.

Es en estos fines de semana cuando acabo de comprender realmente el por qué los hermanos viven con la gente y comparten su vida. Lo que más me emociona es que los sábados, cuando uno no recibe su paga es un día doloroso que se une, además, al cansancio de todos esos días. Los sábados, uno, normalmente, vuelve tarde porque está a la espera de la paga, y algunos días esperamos hasta que el propietario de la casa vuelve y nos dice que no tiene dinero.

Otro aspecto del compartir la vida con la gente es que ahora estamos trabajando en el “mercado Congo” en una mezquita. Allí, en el “mercado Congo” hay muchas mezquitas   construidas por gente procedente de diferentes países de África, por ejemplo de Senegal o Malí y muchos otros. También hay gente de China que ha venido por razones comerciales. Como la gente está aquí por diferentes negocios, también hay personas con diferentes hándicaps: cojos, minusválidos, ciegos, locos y ladrones. Según la categoría de cada cual tienen su lugar propio donde él o ella se sientan para pedir limosna. Los cojos y los minusválidos se sientan a lo largo de la carretera, algunos de ellos tienen sillas de ruedas pero cuando se sientan a pedir, no la usan. Los locos o los ciegos van de allá para acá. Los ciegos van guiados por niños entre 7 ó 12 años.

La mayoría de las mujeres ciegas llevan a sus bebés a la espalda y cuando miras al niño pequeño en la espalda además del que guía a la madre, hay una pregunta que surge: ¿cómo será el futuro de este niño? En cuanto a los ladrones son en su mayoría jóvenes sin trabajo. Deambulan por el mercado buscando algo que robar. Puedes identificarlos por su rostro. La mayor parte del tiempo en las mezquitas, los que vienen a rezar, se quejan porque les roban los zapatos. Un día, atrapé a un chico que buscaba entre las ropas donde solemos cambiarnos antes del trabajo, y salió corriendo. Lo que me impresiona es que estos hombres y mujeres son en su mayoría musulmanes y vienen de países diferentes. Me pregunto ¿cómo se las arreglaron para llegar hasta aquí? Sé que son musulmanes porque desde las 6 a las 7 de la tarde suelen juntarse en un lugar alrededor de la mezquita Central para sus oraciones de la tarde.

con los vecinos

Todavía somos nuevos para los vecinos en el barrio de la fraternidad. La gente no me conoce mucho porque salgo temprano por la mañana y vuelvo al final de la jornada.

 

*****

“Continente rico por su diversidad, África aparece en su parte subsahariana como un cuerpo enfermo cuya fractura más profunda es la crisis de identidad que alcanza al africano en su ser mismo (…) La corrupción, la injusticia y el tribalismo minan la sociedad (…) a pesar de todo, la impresión  que se desprende de estos pueblos africanos es la de la alegría de vivir. En efecto los africanos aman la vida, acoger, cantar y bailar. Bailan por la vida como por la muerte: verdadera terapia que los preserva de la depresión y del suicidio”

(Capítulo de Yaundé: 2.002 “Suscitar la vida”)

 

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