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de Benito: Santiago (Chile)

La Fraternidad de los Hermanos de Jesús en Chile festejará este año sus 60 años. Benito está allí desde hace, al menos, treinta años. Pero fue en Lima (Perú)  donde tuvo una grave hemorragia cerebral al comienzo de 1998. Después de un año de cuidados médicos y de rehabilitación y a pesar de su hándicap, regresó a América del sur, esta vez de nuevo a Santiago,  donde vive todavía hoy.

 

Desde que nuestro hermano mayor, Enrique, se mudo a la Fraternidad del cielo, nosotros tres continuamos nuestra vida aquí.

Elías se fue al principio de este mes a Colombia para acompañar  a Rigoberto y a Jorge en Ibagué, fraternidad “asociada” a la nuestra de cierta manera y debe estar de regreso para la semana próxima.

Noel, aprovechando su “juventud”, está siempre atento a los múltiples quehaceres de la casa, aprovecha también para estar más disponible en la población para visitar a uno u otro, sobretodo que avanzando, todos,  en edad, entre los  vecinos o amigos, no faltan quienes están con mala salud o con alguna  limitación particular. Ahora que los tres estamos jubilados, es el momento de estar particularmente atentos a ellos, dentro y fuera de la población. Es lo que hace Noel más que todo y Elías también asume su parte en esto; yo, limitado como estoy, les sigo solo de lejos, beneficiando más bien en lo cotidiano de su atención vigilante que no falto de desilusionar, sin embargo, a menudo.

Porque creo que si, desde casi una docena de años, el Señor permitió que estuviera “en el  revés de la historia”, a menudo como un inútil, fue un gesto de amor que, desde entonces, busco entender. Es una búsqueda a tientas y el camino no es del todo claro todos los días; y, por lo tanto,  todavía menos clara o correcta es la respuesta. ”No importa”, diría fácilmente, la búsqueda no deja de ser apasionante y el diálogo se alegra de tantos gestos de ánimo o de luces que se encienden  en el camino. ¿Me atreveré  a contarles unas pocas que alcanzo a percibir? Intentémoslo.

Hay, por un lado, me parece, que el Señor cuidadosamente, me dejó unas pocas aptitudes que he de cuidar y poner en práctica, en la medida de lo posible, para quedar lo menos posible a cargo de mis hermanos y amigos; ser, en mi entorno, un peso lo más liviano posible para los demás, en otras palabras. Eso ya dibuja una buena parte del camino, pero no quita nunca que uno se sitúe, sin embargo, “en el  revés de la historia”, no puedes hacer las cosas, ni por lo tanto, mirar la vida con los ojos de la gente “normal”.

 ¿No será ésta una ocasión para tratar de estar más atento a tantos que se sitúan, por cualquiera razón, “en el  revés de la historia”, y ser su “hermano”? Creo que es allí donde encuentro una gran ayuda en mi trabajo cultural, junto a unos cuantos vecinos. No os hagáis ilusiones, es un ‘trabajo’ en permanente búsqueda, poco definido para la mayoría, un poco loco para muchos que intuyen un valor escondido buscando a ‘darle su valor’ volviendo ese trabajo cultural más ‘rentable’ sacándolo de su aspecto propiamente cultural y ‘a largo término’. Es de experiencia común que el mundo de los pobres y de los insignificantes de cualquier tipo es generalmente botado “en el  revés de la historia”. Hablar, por lo tanto, de “cultura popular” parece a muchos contradictorio en los términos; además de la confusión frecuente sobre el término “cultura”, no se enseñará en ninguna parte una clase sobre un tema tan polémico. Queda sólo la tarea de escuchar esta cultura en la vida concreta donde se forja y se expresa, para descifrarla  e intentar de formularla y de darle derecho de ciudadanía. Es también un trabajo donde hay que escuchar las reacciones desde los más sencillas a lo largo del día, tomar la gente en serio en lo que hacen o dicen, escuchar y tratar de descifrar el por qué o cómo se toman decisiones, luego darle una expresión comunicable a todo eso para llegar a darse cuenta, a menudo, de cómo los bienaventurados de hoy son frecuentemente los que nos pueden enseñar los caminos secretos del Reino de Dios y de la felicidad humana.

Evidente que aquí les resumo en pocas palabras, un camino largo de tanteos y nutrido de correcciones; no pretendo aburrirles con todos los recorridos, tenebrosos de este descifrar, pero sólo darles a entender o adivinar, por lo menos, como se puede tirar ampliamente provecho, interés y alegría de esta situación mía “en el revés de la historia”, inútil, y metido en esta cosa rara de la cultura popular.

 Noël, Juancito, Benito y Elías (detrás la foto de Enrique)

Si me permiten, eso me hace descubrir también que aquí, en América Latina, me parece que hemos aportado con nosotros, a menudo de manera inconsciente, nuestra cultura europea, la cual nos permitía  insertarnos sin mayor problema en estos países ”independientes” desde unos 200 años, por consecuencia de unos problemas políticos europeos.

Este camino era probablemente el más ”normal” e inevitable, dado lo que éramos y lo que eran estos países que se “independizaron” asumiendo la cultura colonial, o sea europea; pero queda todavía una larga tarea de inculturación, como lo pedía la conferencia de los obispos, en Puebla, hace ya más de dos décadas, para recuperar la rica cultura de los pueblos originarios que ha sido botada “en el  revés de la historia”, pero, quizás algo influenciada por el movimiento de Evo Morales, en Bolivia, está lentamente recuperando una nueva fuerza. Cultura profundamente comunitaria y, por lo tanto, ”horizontal”, en vez del “verticalismo” europeo que solo alcanza a definir una comunidad a partir de los que se sitúan fuera de ella, siendo “superiores”.

Si esta percepción no fuera del todo equivocada, me parece que hay mucho trabajo para las generaciones venideras, reconociendo también que sí, somos una fraternidad de jubilados a nivel del trabajo productivo, pero no todavía a nivel del camino que se hace en pos de Jesús de Nazaret, éste que, rompiendo todo verticalismo, nos reveló que Dios mismo se ponía, en una perspectiva horizontal, como un miembro más de nuestra comunidad, como nuestro hermano, viniendo hacer fraternidad con nosotros, aún, me atrevería a decir “desde el revés de la historia”.             

 

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“¿Cómo hacer conocer la vocación de la Fraternidad? ¿Cómo dar la posibilidad a los jóvenes que buscan su camino de unirse a nosotros? Estas preguntas nos resuenan a menudo, como una preocupación, en las regiones en las que hay algunos hermanos jóvenes: estos jóvenes –y no sólo ellos- se preguntan: ¿Por qué somos tan pocos para mantener viva en la Iglesia y por el mundo una vocación tan evangélica?”

(Fraternidad General, preguntas al Capítulo de 2.008)

 

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