Carta completa

Extracto de la carta de Marc al Hermano Carlos

Querido Hermano Carlos, hermano mío:

(…) Una de las grandes cosas que nos enseñaste fue a ser “humanos”. Es a veces la única forma de romper las barreras y hablar de Dios. Al final de tu vida, fuiste a vivir solo en medio de un pueblo desconocido, y la única cosa que hiciste fue acercarte a ellos respetando y valorando su cultura, te dejaste acoger por ellos y creíste que Dios está a la obra, incluso si hacen falta “siglos” como decías.

En el momento de tu muerte, Moussa, el jefe de los tuaregs, escribió a tu hermana estas sencillas palabras: “Carlos, el marabú, no ha muerto sólo para vosotros, ha muerto también para todos nosotros. Que Dios le otorgue su misericordia, y que nos encontremos con él en el paraíso”

Hoy en día, ya sabes, se habla mucho de comunicación, pero todos nos encerramos en nuestro pequeño círculo porque la diferencia nos da miedo. Tú al contrario, tu pasión fue siempre la de ir hacia el que está más lejos y lo viviste a fondo. ¡Qué fuente de inspiración nos das!

En el fondo, sé la cara que ponías el 13 de noviembre en tu beatificación: una cara de bienaventurado. La que tienes en la foto que te adjunto. No es que esté muy nítida, pero se ve bien que estás sonriendo y que caminas hacia el otro, preparado para el encuentro. Eres tú mismo completamente. Y es eso lo que nos gusta de ti.

Me permitirás que termine mi carta tal como tú terminabas las tuyas a tu amigo Gabriel: “Un abrazo de todo corazón”.

Marc, tu hermano

 

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