Hermanos de Jesús

 

En septiembre de 1933 cinco jóvenes sacerdotes franceses, uno de ellos, René Voillaume, se instalan en el Sahara (Argelia) para vivir según el espíritu de Carlos  de Foucauld: es el comienzo de la fraternidad de los Hermanos de Jesús.

En 1947 después de varios años de reflexión en el desierto y de la experiencia vivida durante la segunda guerra mundial, los hermanos comienzan a vivir en pequeñas comunidades y en ambientes populares.

Hoy , somos 250 hermanos en 45 países.

 ¿QUÉ QUEREMOS VIVIR?

Cuando Carlos de Foucauld se convirtió, tenía 20 años. En el fondo de su experiencia surge una intuición fuerte: seguir e imitar a Jesús "POBRE OBRERO EN NAZARET". Para ello, pensó que debía entrar en la Trapa: VIVIR EN POBREZA Y LEJOS DE TODOS , CERCA DE JESÚS.

Poco a poco va comprendiendo que la mejor manera de seguir a Jesús de Nazaret, es hacerse cercano, prójimo de aquellos que están abandonados para hacerles conocer la TERNURA DE DIOS.

Por eso se va a Argelia... precisamente para estar con aquellos que están lejos, los nómadas del desierto. Vive con ellos, intentando ser su hermano, simplemente por el respeto, la amistad, la simpatía, que le lleva a intentar conocer sus costumbres y su lengua.

No intenta convertir, sino amar; sabiendo que todo el resto está en manos de Dios.

El nos dejó escrito, lo que nosotros entendemos que es nuestra divisa:

"TU VOCACIÓN ES GRITAR EL EVANGELIO SOBRE LOS TEJADOS, NO CON PALABRAS, SINO CON TU VIDA".

Es la herencia que nos ha dejado: BUSCAR EL ROSTRO DE DIOS EN EL COMPARTIR LA VIDA CON LA GENTE SENCILLA. Y a través de este hermoso tejido de relaciones que vamos estableciendo con la gente y con Dios: Entrar en el "TRABAJO DE JESÚS SALVADOR".

Es lo que la Iglesia nos ha confiado: Vivir lo más profundamente posible este compartir la vida con la gente del pueblo, y gratuitamente... COMO UN SIGNO Y FRUTO DEL AMOR DE DIOS POR TODOS...

Para que este compartir sea posible, vivimos en pequeñas fraternidades: dos o tres hermanos en un piso o casa de pueblo; una vida cotidiana normal, hecha de relaciones, de trabajo asalariado... Sobre todo con aquellos que no cuentan demasiado en nuestra sociedad... sufriendo como todos el paro o la precariedad del trabajo... juntos en una misma lucha, en un mismo combate por la VIDA... Como veis, nada extraordinario.

Pero es, precisamente, en este nada extraordinario de cada día; en las relaciones fundadas en el respeto y en la escucha; en ese buscar juntos un mundo -el que Dios quiere- donde nadie sea oprimido, ni despreciado, donde se va tejiendo nuestra relación con Dios y con los hombres.

Es esto lo que hace de nuestras fraternidades COMUNIDADES DE ORACIÓN. En cada fraternidad, hay una capilla. Cada uno de nosotros intenta pasar momentos de oración personal. Allí también, nos encontramos para rezar juntos.

Porque para nosotros rezar es intentar estar cerca de Dios, con cabezonería buscar su rostro en el silencio, recibirlo, dejarle ir conformando nuestra vida, escuchar su proyecto de vida para los hombres. Estar con él, unidos a todos aquellos con los que Dios nos ha puesto en relación... con sus gozos, sus sufrimientos, sus esperanzas...

Pero, os podéis imaginar que la vida de un hermano, es también mucho tiempo pasado con la gente: en el trabajo, en el barrio, en casa... Y nos gustaría aprender a hacer de todo este tiempo un ENCUENTRO CON DIOS. Porque rezar, es para nosotros, tener un corazón abierto para buscar el rostro de Dios entre los hombres y dejarnos educar en el compartir, y dejarnos sorprender por los gestos y la vida, de aquellos que aún sin saberlo nos hablan de Dios.

Y caminar hacia Él, paso a paso con todos ellos.