Noticias para los Amigos de la Fraternidad Nº 2

de un hermano de España

"Vamos llegando al final de este Adviento, al final siempre me pregunto lo mismo ¿esperamos, de verdad, a alguien?

Estos días entre la visita de un chaval del barrio con permiso para salir de la cárcel unos días y visitar a su familia y verlo con su mujer (una niña) y su hijo de 5 años, y pensar en lo negro y dependiente que tienen su futuro y estar con José y Anabella y sus hijos José y Fali y que entre todos no suman los 40 años (que el tango diría que no son nada) y que van dando bandazos por la vida y en 2 años han cambiado 5 veces de piso y siempre sin dinero y una casa de locos y a pesar de todo se quieren... y ver el barrio y conocer a Vicente ingresado con SIDA (Miguel le visita todos los días) y a Milindris que duerme en una vieja furgoneta y estar con Pepe y saludar a Lázaro y escuchar a Vicky y saber que son ellos quienes tienen un corazón necesitado y roto y esponjoso y tierno y humano y grande y abierto para gritar "con toda su vida": "Esperamos a un hermano que quiera embarrarse con nosotros, que se siente en nuestras calles, que mire a nuestros ojos..." No sé, creo que no "esperaremos a nadie" si no nos ponemos a su lado... si no correremos el riesgo de no estar en el buen sitio cuando venga..."

 

de un hermano de Polonia

En nuestro barrio, hay también algunas casas habitadas por gitanos, pero no tenemos contacto con ellos. Después de la Segunda Guerra Mundial, todos los gitanos fueron obligados a estabilizarse, y es por esto que en Polonia no hay caravanas. Me gustan nuestro barrio y los vecinos. Son como ovejas sin pastor, que buscan la fuerza, la esperanza de cada día. Aquí, en nuestro "Nazaret", podríamos preguntarnos: "¿De aquí puede salir algo bueno?". Claro que sí. Podemos encontrar una viuda que da dos moneditas para guardar la esperanza, para ser curada. Me gusta estar con la gente en la calle o en nuestro patio.

 

de un hermano de América Latina

...Pero contigo Señor, ¿cuándo fue nuestro último encuentro? No el que yo preparé en mi distribución del tiempo, sino aquel en el que me dejé sorprender. Aquel en el que tuve que cambiar mis planes para darte toda mi atención, para reconocerte en lo imprevisto. Aquel en que te me apareciste sin que te buscara y en el que desaparecías de la escena en cuanto te reconocía. Aquel en que me dejaste derrotado y me hiciste ir marcha atrás. Aquel en el que me hiciste darme la vuelta hacia mis hermanos.