De Barcelona a ... Croacia   

Isabel - Pilar

 

Poco ha vivido Isabel- Pilar en España, casi siempre ha estado por los paises del Este europeo: Austria, Ex - Yugoslavia... trabajando siempre en el mundo rural. Con el pueblo de Aljmas (Croacia) ha vivido y compartido el sufrimiento de la guerra y un largo exilio. Por fin han podido volver a su pueblo, desde donde nos envía esta carta.

Os escribo desde la fraternidad de Aljmas, un pueblecito de Croacia, situado al borde del Danubio, lugar de peregrinación a  la Virgen del Refugio.

El pueblo está en una zona exclusivamente rural, en la frontera con Serbia y no lejos de Hungría. La historia de los Balcanes ha sido muy compleja: invasiones turcas, imperio Austro-húngaro, asociaciones de Serbia con Slovenia y Croacia y, finalmente, la invasión Yugoslava.  Es conocida la reciente desintegración de Yugoslavia, con la independencia de las diferentes Repúblicas, en las que se encuentran pueblos de las etnias circundantes: húngaros.......

Hace 25 años que vivo en este pueblecito y 22 que trabajo en la cooperativa agrícola del Estado. En 1991 los serbios que habitan en Croacia, ayudados por Serbia y el ejercito yugoslavo, invaden nuestro poblado. Nos atacaron con 60  tanques, obligándonos a huir a través del río Danubio, único camino abierto hacia la ciudad de Osijek. Ellos creían que por tener el ejército en sus manos tomarían toda Croacia en pocos días, pero la resistencia del pueblo croata, decidido a sacrificarlo todo por su libertad les obligó a cambiar de planes; era una lucha tan desproporcionada como la de David contra Goliat.

¡Habría tanto que contar!..., me limito a relatar a grandes trazos los hechos ocurridos.

Nos hemos visto obligadas a vivir siete años como refugiadas en Osijek. Fuimos acogidas por los jesuitas, que abrieron su casa a la ayuda humanitaria: acogida de soldados que pedían ayuda moral, refugiados, etc.

Yo pude continuar en la cooperativa agrícola en la que estaba, pero trabajando ahora en unas tierras distintas, fronterizas del territorio ocupado. Dos hermanitas trabajaron con los heridos de la guerra y otras dos en un asilo de ancianos, hasta que después de la caída de Vukobar, los heridos y los ancianos fueron deportados a Zagreb. Dos hermanitas les acompañaron en este nuevo éxodo forzado.

Cuando se callaron los tanques, nos fuimos a vivir a la casa de otra mujer refugiada, que nos acogió gratuitamente. Nuestro párroco también vivía en una casa con otros refugiados. Allí nos reuníamos los domingos la comunidad cristiana, se celebraron bautizos, matrimonios, etc.

En nuestras reuniones corrían de manera extraordinaria las noticias sobre nuestro pueblo. Pudimos recuperar la imagen de la Virgen del Refugio, que fue acogida por toda la ciudad de Osijek con gran solemnidad. Muchísimas veces había venido en peregrinación a Aljmas. Ahora ella buscaba refugio en la ciudad. Para todos los refugiados fue la llegada de la madre que nos ayudaba a mantener la esperanza.

El quince de agosto de 1997 se nos permitió ir, por primera vez, hasta las ruinas de nuestra Iglesia de Aljmas. Nos acompañó un grupo de representantes judíos de América, que estaban en Osijek para un encuentro ecuménico. Ellos pudieron comprender mejor allí el sentimiento del pueblo de Israel durante el exilio de Babilonia. Los tanques de la ONU nos rodeaban y no nos permitieron ir a nuestras casas.

El día 1 de agosto de 1998, siete años después de nuestra huida del pueblo, vivimos con alegría el fin de nuestro exilio. Después de una solemne despedida en la Catedral que había acogido en su exilio a la Virgen de Aljmas, las mismas barcas que nos salvaron en la huida nos condujeron a nuestro pueblo; esta vez con una pasajera singular, la Virgen del Refugio.

Tras el exilio, la gozosa y dura tarea de reconstruir nuestro pueblo: el 60  por ciento de las familias han regresado; se han reconstruido más de 65 casas, entre ellas la nuestra. El paisaje inhóspito que encontramos a nuestra llegada, cada día se va haciendo más habitable y acogedor.

Las peregrinaciones a la Virgen de Aljmas se renuevan, con más vigor aún y con la convicción de que la protección de la madre de Dios es asilo seguro.

Ya he vuelto de nuevo a trabajar «en mis tierras». Vesna, la hermanita croata, trabaja en Osijek al servicio de ancianos y enfermos. A Cristiane Margerite le han regalado un horno que le ha permitido volver a trabajar la cerámica. Las otras dos hermanitas están en casa, dedicadas  a la acogida de cuantos llegan y a cultivar el huerto.

La situación del país es difícil todavía, sobre todo por la transición socio-económica en la que está envuelto. Algunos están aprovechando desgraciadamente esta situación de cambio para enriquecerse; lo que era de todos está pasando a manos de unos pocos. Todavía no hay leyes sociales que defiendan los intereses de los que no tienen poder; como imagináis queda mucho que reconstruir. Muchos albergamos la esperanza y el deseo de una renovación espiritual de nuestra sociedad.

¡Qué alegría poder compartir todo esto con vosotros!

       

        Un abrazo desde Croacia a todos

 

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