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De Castellterçol (Barcelona) al ... Camerún

Dolors

Vive desde hace muchísimos años en África... se fue cuando era postulante a Kenia y lleva prácticamente toda su vida con los pigmeos en Camerún, compartiendo sus luchas y esperanzas. Es lindo descubrirla tan «africana». Su comunicación nos permite acercarnos a ese mundo que ella ama apasionadamente.

 

En diciembre hizo treinta años que llegué a la fraternidad de Bipindi, al sureste de Camerún. Es una fraternidad consagrada al pueblo de la selva, a los pigmeos “Bagyeli”. Hay unos cinco mil pigmeos de esta etnia en la zona, pero al este del país, la etnia “Baka” es más numerosas, de treinta a cuarenta mil.

Hermanita Magdeleine vino aquí la primera vez en marzo de 1951. Ella decía: “¡cuanta emoción se siente al estar aquí por primera vez! La selva es cada vez más hermosa. Una se siente muy pequeña y perdida en esta gran inmensidad. La selva está, a la vez, llena de silencio y de vida; se aprende a reconocer los cantos de los pájaros y los gritos de los animales. Atravesamos, por lo menos, cuatro ríos sobre troncos de árboles y, al final llegamos al campamento...

Los pigmeos dependen de los más ricos del poblado, casi como esclavos, cazando para ellos y cultivando sus tierras... Y ella se preguntaba ¿quién querrá venir para vivir con ellos una vida de amistad?

La llamada fue escuchada: Hermanita Magdeleine regresó a Bipindi el 11 de febrero de 1952 con el primer grupo de hermanitas, acompañadas por el Obispo de Duala, el Padre Voillaume y un guía catequista. El Padre Voillaume lo refiere: “llegamos hacia el mediodía a la colina donde viven una decena de familias. Este campamento es fijo y a él vuelven siempre después de las cacerías. Ellos manifestaron su alegría organizando espontáneamente una danza con el Tan Tan”.

El Jefe del Campamento Pam les pregunta: ²¿quién os ha hablado de nosotros para que hayáis venido hasta aquí?². Así empezó la amistad con estas familias y con otras.

Bipindi está situado en el cruce de cuatro rutas, donde convergen tribus de cuatro lenguas distintas. Poco a poco, viviendo con ellos y comprendiendo mejor su lengua hemos descubierto el sufrimiento que entraña la situación de marginación que viven y que ellos sienten, el no ser considerados como seres humanos a causa de su modo de vida diferente y alejado en la selva.

Un día estábamos rezando con una abuela. Ella rezó por los sacerdotes, los huérfanos, las viudas, los niños y por las hermanitas. Dijo: “desde que ellas han venido aquí la gente ha conocido que los pigmeos no son animales de la selva sino personas humanas como las otras, con una inteligencia y un alma. Que Dios guarde de toda enfermedad y de todo pecado a las hermanitas”

Con motivo de la celebración del treinta aniversario de la fundación de Bipindi les invitamos a celebrar con nosotras la bondad de Dios y la acción de gracias. Todavía me parece oír la oración que brotaba del corazón de nuestros amigos: “¿Por qué somos los últimos, si somos quienes hemos abierto los caminos a la civilización, cortando la selva delante de las otras etnias para que pudiesen llegar hasta el mar?  “ Los del pueblo dicen que Dios no conoce a los Bagyeli y que los Bagyeli no conocen a Dios, sin embargo Dios ha enviado a las hermanitas para que vivan con nosotros y no con ellos”

Tienen una experiencia viva y profunda de la presencia de Dios; saben que les cuida como un padre. Ellos le rezan invocándole con el nombre de “PAPA – DIOS”  y empiezan dándole gracias antes de pedir nada. Sus oraciones suben del fondo del corazón, en todas las circunstancias de la vida, particularmente a las horas de peligro en la selva. Uno comentaba: “Si llegamos sanos y salvos al poblado, cuando la tormenta nos sorprende en plena selva y las ramas de los árboles caen de todas partes, es porque Dios se ocupa de nosotros; Él nos protege mejor que a los que viven en la carretera”. Nosotras también lo palpamos: Dios nos protege siempre en nuestras idas y venidas por la selva.

En 1995 empezaron a llegar algunas ONG, convencidas de que la relativa promoción de los Bagyeli de nuestro pueblo -muchos habían ido a la escuela- les facilitaría su trabajo. Después de sufrir y rezar mucho, comprendimos que debíamos marcharnos a otro sitio para empezar de nuevo. Confiando al Señor los 46 años de presencia de la fraternidad en Bipindi, pudimos dejar el pueblo el 1 de julio de 1998. Podéis imaginar lo duro que fue para todos: los vecinos del pueblo, los habitantes de la selva y nosotras.

La fraternidad vive ahora en Kribi, a 57 kilómetros de Bipindi. Hemos empezado a visitar los poblados cercanos y trabar nuevas amistades. La situación es muy precaria, sobre todo por la sobreexplotación y desertización a que está siendo sometida la selva, a manos de empresas madereras desaprensivas y de una industrialización incipiente que ha dejado a los pigmeos sin selva, sin comida y sin trabajo.

Las visitas a los poblados del entorno nos está permitiendo encontrarnos con personas ya conocidas, lo que nos alegra y conforta en esta nueva etapa de vida con los pigmeos.

Ojalá que estas líneas os ayuden a conocer y amar un poco a nuestros hermanos y hermanas bagyeli. Con ellos hemos intentando, día tras día, vivir una vida por Jesús y su Evangelio; un evangelio que queremos gritar con toda  nuestra vida, siendo signos de ternura y de esperanza para todos.

 

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