Esmeralda en el trabajo…

Desde hace largos años mi trabajo se ha vuelto para mí el lugar donde puedo comprender profundamente que la infancia espiritual es la piedra angular de nuestra espiritualidad y que es también una de las exigencias más apremiantes del Evangelio porque “en Jesús, toda la humanidad es llamada a volverse hacia el Padre y a renacer como hijos de Dios”.

Pienso muchas veces en Hermanita Magdeleine cuando estoy de lleno en mi trabajo… ella amaba a los niños, estaba desde el inicio de la Fraternidad preocupada por los niños de Sidi Boujnan (Argelia) y nos quería a nosotras, hermanitas, trabajando en el mundo.

La llamada a seguir a Jesús en la Fraternidad bajando, haciéndome una con mis compañeras de trabajo, no es siempre fácil, hay que volver a empezar todos los días, pero es un camino evangélico en el que soy feliz.

Trabajé durante años en una residencia de personas mayores, ahora hace cuatro años que estoy en una escuela infantil. ¿veis? Dos lugares bien diferentes y al mismo tiempo siempre la misma “infancia espiritual”. Es un DON cada mañana encontrarme delante de la VIDA, para cuidarla, para acompañarla, para estar presente en un momento difícil de aceptar… con una sonrisa, una caricia, un pequeño gesto, aliviar la dureza de la vejez.

Hoy es la vida que crece, que se abre… los niños son un don de Dios muy reconfortante, a pesar de que el trabajo es a veces duro, porque hay que estar muy presente, y los niños son unos diablillos… exigen mucha disponibilidad, y sus preguntas tan acertadas me desarman!

Siento que el trabajo ha llegado a ser mi lugar de inserción, mi lugar de misión, que es mucho más que el salario. He descubierto que mi presencia en este ambiente es lugar de crecimiento en el camino de pequeñez al que me invita el evangelio, aunque no siempre me siento comprendida por los que me rodean.

Al regresar del trabajo, es en la oración donde yo encuentro la serenidad y la paz, donde puedo descansar y alimentarme, y en el silencio, cuando escucho todo lo vivido, me descubro pequeña y en paz. Es un don que en el corazón de mi vida sencilla y cotidiana pueda tocar el misterio escondido de un Dios que ha hecho alianza conmigo y con todos los “pequeños”.

Quiero añadir una frase de Hermanita Magdeleine que ilumina mi vida: “Quisiera que las hermanitas de todos los continentes transparentaran alrededor de ellas, en todas partes, hasta los extremos del mundo, la irradiación de este Niño Pequeño que es dulzura, ternura, luz, esperanza. El mundo necesita tanto esta dulzura, esta ternura, esta luz, esta esperanza…” Estoy en camino, y cada día me levanto y me marcho al trabajo con este fuerte deseo en el corazón.

 

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