María Estrella

Hace unos años estoy en una residencia, en la provincia de Toledo. Sé que la misión que la Fraternidad me ha confiado en esta etapa de mi vida es la de rezar por todos los problemas del mundo, especialmente por todas aquellas personas que no pueden valerse por sí solas.

Cuando era joven fue la pobreza lo que me atrajo, los lugares donde vivíamos… Ahora que soy mayor, sólo queda esta otra pobreza, la que no he escogido, y nuestra vida contemplativa. El corazón de nuestra vida es esta vida de oración; es muy importante que en todas las etapas podamos profundizar en ella y en la amistad gratuita, pilares de nuestra vocación.

Hago plena confianza y al mismo tiempo estoy viviendo una gran prueba, pero la vivo en la paz. Estoy convencida que Dios no quiere nada de mí que yo no pueda dar, y esto me hace caminar en la confianza. Creo que Dios ha querido que pueda ser fiel a la vida religiosa en todos esos años, Él lo ha hecho posible, y esto me da también la certeza que seguirá conmigo. Vivir aquí y ahora como si fuera el último instante de mi vida, ese es mi deseo profundo.

Algo que me habita: “Si no os hacéis como niños…”: cuando se es pequeño se depende de todos pero es cuando te haces mayor, cuando estás más cerca del “Encuentro con el Señor”, que es el momento de la verdadera infancia, de la auténtica pequeñez, estamos en las manos del Padre completamente.

Esta obediencia a la vida la quiero esquivar a veces, pero estoy convencida de que está habitada por Dios, y en este momento la Fraternidad está llamada a vivir este paso, esta PASCUA: ¡la infancia de la tercera edad! Es un camino de humanización que todo el mundo vive, una solidaridad que no escogemos, que se nos da. Ahora sí que somos como todo el mundo, en este despojamiento y en nuestra realidad de debilidad y limitación.

Hay personas en este lugar que no tienen a nadie, y hay también otras que querrían estar aquí por no tener a nadie… en la presencia a todas ellas descubro poco a poco el sentido de mi presencia aquí.

Como nunca, digo mi SÍ a Dios a partir de mi realidad. Dios me espera en esta realidad, en mi realidad, y esto me hace feliz.

 

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