Fátima

Nuestra fraternidad fue escogida y fundada por hermanita Magdeleine en 1953, cerca del Santuario, para que fuera un noviciado, dedicado en un principio a las jóvenes que estuvieran destinadas a los países del Este de Europa que tanto preocupaban a nuestra fundadora.

Está cerca de una aldea – “Moita Redonda” – donde vivía gente muy sencilla y pobre. A lo largo de los años hubo hermanitas que trabajaron en el servicio de limpieza y de ropería del Santuario, en hoteles, en talleres, y también en el campo, junto a algunas familias, lo que creó lazos de amistad que perduran hasta hoy. En 1966 empezó el trabajo de artesanía que, a lo largo de los años, nos ha unido a los otros artesanos de los alrededores que fabrican objetos religiosos.

Nuestra artesanía, propia de la Fraternidad, permite además la difusión del mensaje de Navidad, mensaje de la ternura de Dios, que hermanita Magdeleine amaba tanto.

Hoy día, en Fátima ya no tenemos noviciado, pero es la casa de familia de todas, donde nos reunimos para tiempos de oración y encuentros de reflexión. Debido a su capacidad, podemos acoger también a hermanitas de otros países que desean venir a Fátima para un tiempo de oración y de descanso.

Hay mucho movimiento y mucha vida en Fátima: amigos de todos los países que pasan a vernos, grupos que quieren conocer nuestra espiritualidad, personas interesadas por la artesanía, otras que desean compartir sus penas y preocupaciones, amigos de las “Familias Anónimas” y del movimiento “Fe y Luz” (consecuencia del compromiso de dos hermanitas con ellos), etc.

También se suelen realizar aquí diferentes encuentros de la Familia Espiritual del Hermano Carlos, para hacer crecer la comunión entre nosotros. Un matrimonio amigo nos ha dicho: “Vuestro testimonio de vida es el abrazo, las manos tendidas de la acogida, tan bien representada en la belleza de vuestras imágenes. Estamos reconocidos por vuestra presencia.

Todo esto lo asumimos con las fuerzas que tenemos, que son pocas… Algunas de nosotras (somos seis hermanitas en la fraternidad) nos encontramos limitadas por la edad o la salud, pero todas podemos participar en la misión principal de nuestra vida: la adoración y la intercesión por todos nuestros amigos y por el mundo entero. El trabajo de la artesanía, el cuidado del huerto, todo el trabajo consecuencia de la acogida, el cuidado de las hermanitas enfermas, llenan bien nuestras horas, pero procuramos también ser fieles a los tiempos de silencio y oración, y a nuestros momentos de encuentro comunitario.

Como Fátima es el “centro” de la vida de la Iglesia de Portugal, tenemos la oportunidad de participar de vez en cuando en cursillos bíblicos, encuentros de la unión de los religiosos, Justicia y Paz, etc.

Queremos terminar con una poesía que nos dedicó un sacerdote amigo, y que dice algo importante de nuestra misión aquí:

 

Y el Niño continúa sonriendo…

Tengo delante de mí un Niño Jesús

de barro.

Sonríe. Las manos abiertas y

tendidas

Nos ofrecen el mensaje de su sonrisa

Y acogen a los que quieren

acercarse

Para recibir ternura y amor.

Hoy, haz sonreír por lo menos a un niño.

¡Y sonríe tú también!

Es el regalo más precioso y apreciado.

Así, la sonrisa del Niño Jesús

Se extenderá de rostro en rostro,

Hasta invadir el mundo.

 

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