Málaga

Las primeras hermanitas llegaron a Málaga en 1955 y se fueron a vivir a las chabolas de la Playa de San Andrés. En 1973 junto con los vecinos de la playa fueron realojadas en unos barracones del barrio de la Palmilla, y unos años más tarde nos dieron un piso a todos en los bloques donde vivimos aún.

El barrio es muy grande, vivimos unas 40.000 personas. Tradicionalmente (y desde el tiempo de la Playa) ha sido un barrio de mucha población gitana, pero desde hace unos años están viniendo muchas personas de otros países, sobre todo de África, de Marruecos y también de Rumania.

Es un barrio de los llamados “de exclusión”, orillado, donde el paro, la droga, los malos tratos, la prostitución, las mafias, la violencia... rompen las familias y desestructuran muchas vidas.

Viviendo aquí, con largos años de presencia, sentimos una llamada profunda, y consecuente con la realidad que nos rodea, a acercarnos al mundo de la cárcel, ya que en ella encontramos a muchos de nuestros vecinos y amigos del barrio. En realidad, nos damos cuenta de que hay una relación muy profunda entre nuestra vida de barrio y nuestra presencia en la prisión. El barrio nos lleva a la prisión, y la prisión nos devuelve al barrio. Por eso, la presencia en el barrio y en la prisión es el corazón de nuestro proyecto comunitario, la concretización de nuestra vida dada comunitariamente en el día a día.

Acompañamos la vida de nuestros vecinos y amigos, como sucede en todas las fraternidades, pero aquí a todos ellos, prácticamente, les toca de cerca la realidad de la cárcel, porque acaban de salir de ella, porque deben entrar, porque tienen algún familiar próximo “dentro”...

Hemos tenido la suerte de ser admitidas a entrar como “voluntarias” un poco especiales, pues podemos ir a todos los módulos de la cárcel de Málaga, todos los días que queramos y toda la comunidad tiene el carné para entrar. Si una hermanita está de paso, fácilmente la dirección nos facilita que pueda entrar con nosotras para que descubra lo que vivimos nosotras dentro con todos nuestros vecinos y amigos.

Cada una con lo que ella es, todas estamos comprometidas con la realidad de la prisión: visitas, acompañamiento de las familias, contacto por correo, tan importante en esa situación de aislamiento...

Intentamos que todo en nuestra vida concreta esté en coherencia con esta realidad y esta elección. Por ejemplo, hemos renunciado a un empleo fijo y estable como puede ser en una empresa de limpiezas para buscar trabajos puntuales que podemos hacer con nuestros vecinos que no pueden encontrar otra cosa: limpiezas grandes, pinturas, artesanado, venta ambulante... toda clase de “chapuzas” que les permiten trabajar con nosotras, ganar algún dinero y, tal vez, llegar un día a introducirse en el mercado laboral.

Estos últimos años, interpeladas por lo que nos toca vivir, varias hermanitas de otros países han pasado con nosotras algún tiempo. Para nosotras es la exigencia de estar atentas a ellas, de introducirlas en la realidad del barrio, pero es sobre todo una riqueza y apertura muy grandes, por la que damos gracias a Dios y a la Fraternidad.

Actualmente estamos en Málaga: Elisa, Daniela, Teresa, Carmela y Rosaura, contentas del cariño, la escucha y la cercanía que podemos ofrecer a tantas personas que la sociedad ha dejado al margen, como muchos de los que se acercaban a Jesús.

 

 

 

 

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