Francia

Cuando me encontré en el paro por un período largo, sentí un malestar que se instalaba en mí. Estaba preocupada y no llegaba a encontrar la calma. Tenía necesidad de gastar energías en diferentes actividades, cuando en realidad, ese período hubiera podido ser propicio para la lectura, que echaba en falta.

Gracias a una asociación de inserción volví a encontrar un trabajo profesional  Esto nos permite, a  mí y a mis compañeros, volver a un empleo durante seis, doce o a lo más 18 meses. Es importante, porque se vuelve a encontrar un ritmo y una socialización. Formamos un grupo de nueve personas y un responsable, y aprendemos a trabajar en equipo el día entero. Algunos trabajan 20 horas a la semana, otros 26, en función del contrato de trabajo, que es de 6 meses renovables.

Nuestro trabajo consiste, durante el período de verano, en limpiar los caminos de senderismo (con podaderas, limpiadoras, rastrillo), durante el invierno en plantar setos y, cuando hace mucho frío y hay nieve, como este año, preparamos leña en paquetes para vender.

En general las personas están en el paro hace varios años, y este contrato subvencionado por el estado les ayuda a reinsertarse en la vida activa.

Debido a mi pasado rural, este trabajo en plena naturaleza me va muy bien, me permite apostar totalmente por esta vida de equipo. He sentido que la  relación es importante.

En esa asociación es tradición que los “antiguos” expliquen a los “nuevos” la manera de hacer el trabajo. Pero esto no siempre es fácil cuando uno tiene su propio punto de vista y toda una experiencia. “Saber estar”, ser acogedora y receptiva es reconocer  al otro y darle su lugar. Es muy motivador para todos, porque cada uno necesita ser reconocido, y la etapa en que ya se sabe trabajar da mucha seguridad.

Este paréntesis en el período de paro no siempre es bien entendido por mis compañeros. Por una parte, no ofrece la seguridad de desembocar en un empleo estable y, por este hecho, la motivación es débil. Por otra parte, cuando una persona se instala en la precariedad, es muy difícil que encuentre el valor para hacer todas las gestiones y contactos necesarios. Un chico que está en esta misma situación decía:

“Cuando mi contrato se iba a renovar me pregunté si lo iba a aceptar: es solo un empleo “subvencionado”, trabajo a medio tiempo, la paga es una miseria, ¿qué habrá cambiado dentro de un año? Pero me dije que más valía estar allí, ocupado, que no hacer nada y vagar por la ciudad”.

Procurando estar atenta me doy cuenta de que son ellos, los “pequeños”, quienes me enseñan y me hacen descubrir quién soy en realidad. Me descubren también el verdadero rostro de Dios a través de su vida herida, a través de los signos del compartir, a veces muy delicado, y doy gracias a Dios por ser testigo de todo esto.

Cuando llegamos al principio de un sendero para limpiarlo, después de haber escuchado las consignas del jefe de equipo, a menudo cada uno se precipita hacia su máquina de desbrozar preferida. He aprendido a ser algo rápida para no quedarme aparte, a no hacer siempre lo que los otros no quieren hacer sino llegar a encontrar mi lugar en el equipo. Aceptar también el ritmo, encontrar el justo medio haciendo mi trabajo lo mejor que sé pero respetando las posibilidades de los otros como dice una poesía que me gusta mucho:

El humilde servidor tiene el lugar más bello,

Servir a Dios hace al hombre libre como Él.

Nuestro jefe de equipo, muy humano, se pone al alcance de todos y permite una vida de equipo simpática. Sabe transmitir sus conocimientos, tanto en relación al material como del medio ambiente o a nivel cultural. En las encrucijadas de los caminos encontramos muchas cruces, y a veces pasamos delante de pequeñas iglesias del campo, a menudo él dice una palabra que abre el espíritu a más conocimiento.

Cada camino es único, al igual que quienes estamos allí para que esté limpio y bello. A través de este trabajo el Señor me sacude, me interpela: caminos llenos de lodo, de piedras, nunca rectos, bajo el sol y la lluvia. Me transforma para que mi corazón se abra siempre cada vez más a este “otro” que ha sido creado a la imagen de Dios.

Hermanita Claire Iris

 

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