México

Desde los comienzos de la humanidad, hombres y mujeres se desplazaron de sus lugares de origen con el deseo de buscar una vida mejor para ellos y sus familias. Pero actualmente el fenómeno migratorio reviste condiciones dramáticas.

En México, los campesinos e indígenas comenzaron a emigrar hacia México D.F. y las grandes ciudades, ante la imposibilidad de seguir viviendo en el campo a medida que la familia aumentaba, las tierras por falta de lluvia no daban cosechas y no había ninguna posibilidad de trabajo. Pero con el tiempo esta migración interna emprendió el viaje hacia EEUU donde en una hora ganaban el equivalente a un día de trabajo en México.

Alrededor de los años 60, se dio el fenómeno de los “braceros”, mexicanos que iban a EEUU con un contrato temporal. Desde entonces la migración a EEUU empezó a aumentar, ante los bajos salarios que sólo permitían la supervivencia, pero no alcanzaban para construir su casa, dar estudios a los hijos, atender la salud, etc. Los primeros que se fueron, pudieron obtener sus documentos de residentes y esto les permite regresar cada año para ver  a su familia y participar de la fiesta del pueblo que desde el punto de vista cultural es muy  importante. Pero los que se fueron más tarde enfrentan el problema del regreso que cada vez resulta más difícil y más costoso, lo que hace  que se demoran más en regresar o no regresan.

Es cierto que la migración aporta un beneficio económico a las familias que viven con las remesas que mensualmente envían los emigrantes. Es muy significativo ver como el primer dinero que envían después de pagar el préstamo del viaje, es para construir la casa ya que tener casa propia da seguridad. Muchas veces estas casas se venden antes de estar terminadas ya que la familia decide permanecer en EEUU. Pero  la mayoría se va sólo por un tiempo, con el objetivo de juntar  dinero para un fin determinado: construir la casa, comprar una camioneta, montar un negocio, etc.

Si bien es cierto que la migración aportó un bienestar económico, también tiene muchos inconvenientes como la desintegración familiar, ya que muchos llegan a formar dos familias una en EEUU y otra en México. Muchas mujeres se quedan solas con la responsabilidad de la educación de los hijos. También aumentó mucho el porcentaje de contagio con el VIH, ya que las mujeres son contagiadas por los esposos cuando regresan. Y también hay una pérdida de valores culturales y religiosos, muchos regresando desprecian su propia lengua y cultura. Actualmente se calcula que 20 millones de mexicanos se encuentran en EEUU.

En cuanto a los migrantes centroamericanos, la mayoría son hondureños, pero también llegan de El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Ellos lo tienen más difícil pues llegan a Guatemala con facilidad, pero primero tienen que cruzar la frontera Guatemala- México  y luego atravesar todo México hasta llegar a la frontera con EEUU. Hace unos años, al atravesar México, sólo tenían que esconderse de los agentes migratorios que eran los únicos que los podían detener, pero actualmente tienen que enfrentar gran cantidad de bandas delictivas con las que la policía está implicada, lo que hace más difícil el camino.

La travesía del río Suchiate que separa Guatemala de México, se hace en unas llantas, y ahí encuentran el primer obstáculo con la presencia de las maras, bandas que les quitan sus pertenencias. Todos tratan de llegar a  Arriaga, población del estado de Chiapas de donde sale el tren que va hacia el norte a través del territorio mexicano. Se trata de un tren de carga que sólo pueden abordar cuando está en marcha ya que los empleados de los ferrocarriles no les permiten el acceso en las estaciones. Y este es otro factor de riesgo, ya que muchos se caen y quedan mutilados o incluso encuentran la muerte. Cuando el tren llega a un lugar y se para, aprovechan para bajar y buscar algo de  comida, descansar y esperar que pase otro tren. Durante el trayecto son víctimas de abandono por parte de los coyotes, de asaltos, secuestros, violaciones, etc. En ciertos puntos están los zetas y  bandas que los secuestran, los llevan a casas de seguridad donde los torturan y  golpean hasta conseguir el número de teléfono de la familia para pedir el rescate. Si alguno no tiene dinero le obligan a trabajar con ellos y secuestrar a sus propios hermanos. Uno de los muchachos me decía: “Lo que más me duele es que los que me secuestraron son de mi propio país”. Cuando viajan en camión, los bajan en los retenes de policía para quitarles el dinero que llevan. Hace unos años se dio el caso de una mujer centroamericana que se dirigía  a EEUU para visitar a sus hijos y como declaró en la frontera que llevaba 2000 dólares, durante la noche la bajaron en un retén, le quitaron su dinero y la mataron. Hace poco bajaron a todo un grupo que viajaba en un tren, separaron a las mujeres de los  hombres y las violaron.

Ante esta realidad la población mexicana fue tomando conciencia del problema y trata de ayudarles de diversas maneras.

 

Hermanita y amigos en México D.F.

La gente que los ve pasar trata de ofrecerles comida, bebida y si es necesario atención médica, aún sabiendo que el mínimo gesto de ofrecerles un vaso de agua, está criminalizado en el país. Una señora en el estado de Veracruz, prepara algo de comida y un refresco en  bolsas  de plástico y cuando pasa el tren les avienta las bolsas. Otra señora cuando bajaban del tren, los llevaba a su casa, les daba de comer y los acompañaba al médico si tenían algún problema de salud. Pero un día la policía la detuvo acusándola de tráfico de personas y se quedó dos años en la cárcel hasta que un Centro de Derechos Humanos tuvo conocimiento del caso y la defendió demostrando que lo que ella había realizado eran tareas de  ayuda humanitaria.

Tanto la Iglesia como la sociedad civil,  con el deseo de responder a las necesidades de los migrantes, establecieron albergues  a lo largo del país y de las fronteras norte y sur, y yo estoy colaborando en uno de ellos. Les voy a contar su historia…

Bolsas de comida al paso del tren

La gente que vive cerca de las vías del tren se dio cuenta de las necesidades de los migrantes pues los veían pasar cada día y empezaron a llevarles comida. Pero el número fue aumentando y se vio la necesidad de tener un local donde preparar los alimentos. Hablaron con el párroco del lugar, que les ofreció una casita que pertenecía a la parroquia. La casita tenía  una cocina pequeña, un salón grande y tres cuartos más.

En diciembre pasado la municipalidad ofreció hacer una ampliación y construyeron una cocina más grande, un comedor y dos baños pues hasta entonces no había lugar adecuado para bañarse. También regalaron unas literas lo que facilita que haya más camas, y  una comunidad religiosa ofreció cobijas. Allí se pueden quedar 24 horas, se les ofrece desayuno, comida y cena, baño, posibilidad de lavar la ropa, atención médica, ropa y tenis cuando hay y es lo que más solicitan pues llegan con los tenis reventados, etc. Los albergues se mantienen gracias al apoyo de la población y también con donaciones de distinta procedencia: Cáritas, diócesis,  parroquias, supermercados,  empresas, etc.  Actualmente recibimos fruta y verdura de un supermercado, pero hasta hace poco el menú era siempre el mismo: sopa de arroz o de  pasta, frijoles y tortilla. Se calcula que pasan por el albergue alrededor de 2.000 migrantes por semana. En otros se habla de 5.000.

La edad de los migrantes oscila entre los 15 y los 60 años y la mayoría son varones aunque también pasan algunas mujeres. Me impresiona su fuerza vital para continuar el camino a pesar de tantas dificultades. Otros se sienten abandonados al negarles el apoyo que les prometieron y emprenden el camino de regreso a casa. Últimamente, ante las dificultades que encuentran, algunos optan por buscar trabajo y quedarse en algún lugar del territorio mexicano. También están regresando muchos, unos porque son deportados y otros porque con la crisis actual tienen menos trabajo y como la vida está más cara ya no les conviene quedarse. Muchos de los que regresan, ante las dificultades del viaje optan por entregarse a Migración, unos lo hacen directamente y otros a través de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Algo que me ha impactado en muchos de los que pasan es su fe. A través de lo que comparten, se siente que han emprendido este viaje poniendo toda su confianza en Dios y a lo largo del camino viven esta experiencia de sentirse acompañados y protegidos por Dios.

 

Vista del barrio desde la fraternidad de México D.F.

El Dios que escuchó el clamor del pueblo de Israel cuando vivía bajo  la opresión  de los egipcios, sigue escuchando hoy  el clamor de los migrantes que lo imploran.

Dicen que uno de los negocios más lucrativos es la trata de personas, tal vez por eso resulta tan difícil lograr un acuerdo migratorio entre México y EEUU, porque muchos intereses se verían afectados.  A pesar de todo, seguimos creyendo que otro mundo es posible. Pero, ¿seremos capaces de construirlo?

Hermanita Rosalía

 

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