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Signos de esperanza en nuestra región

APELAÇÃO (Portugal)

«Las primeras comunidades cristianas adoptaron la fórmula "en Cristo" o "en el Señor" para caracterizar todas las relaciones humanas (pareja, familia, esclavitud…) insertándolas en una especie de nueva atmósfera que las transforma: hay hermanos, hijos y amigos en el Señor; hay saludos, alegrías, exhortaciones… en el Señor; la pertenencia mutua de hombre y mujer "en el Señor"… Este vivir o estar "en Cristo" es lo que funda la contemplación en las relaciones humanas». González Faus, J.I. Contemplativos en la relación, Cuadernos Cristianismo y Justicia 174, p.4.

Algunos flash de nuestras relaciones "en Cristo", "en el Señor":

"Buenos días, señor T.!" le decimos sonriendo a ese señor, viejo amigo, a quien tendemos la mano que él coge con una de las suyas mientras coloca la otra en nuestra cabeza diciendo: "¡Que Dios os bendiga, os dé mucha salud, mucha felicidad, paz y todo el bien!"

"¿Hola, Z.! Cuanto tiempo sin verte. ¿Qué pasa?" "Estuve enfermo", contesta. "¿Y no nos dijiste nada? ¿Quieres comer? Entra." (Y en cada una de nosotras surge la interpelación: ¿por qué no fuimos a llamar a su puerta? ¡Perdona, Señor!) Z. aparece en casa durante unos días para comer. Una tarde llega con otra vecina y su hija que nos dice, muy sonriente: "Él está enfermo como yo. Le vi por la ventana, lo llamé, comió, y ahora subo con mi hija a su casa para ponerle la ropa en la lavadora." (Cuando hicisteis esto a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis).(Mt 25, 40)

Suena el timbre. Abrimos la puerta y aparecen dos, tres, cuatro o cinco niños, según los días, gitanos, africanos, a veces mezclados, que nos piden: "Hermana, nos presta las cartas?" dice uno de ellos. "No, mejor el juego de la oca o las damas", dicen otros. Se ponen de acuerdo y preguntamos: "¿Quién se responsabiliza?" "Yo, yo, yo…" "Basta con uno", contestamos. Acabado el juego lo devuelven diciendo "¡Gracias!" (Si no os hacéis como niños pequeños, no podréis entrar en el Reino de los Cielos) (Mt 18,3)

El Ayuntamiento solía organizar en el barrio una Fiesta de las Comunidades, pero este año no la hacen. Así que la Pastoral Diocesana de Gitanos, que tiene aquí un Centro de Actividades Sociales, tomó la iniciativa, que se realizó en septiembre. Pidieron a la Parroquia que fuese posible celebrar una Eucaristía en honor de la Virgen de la Fuente, al aire libre, delante de un azulejo con esta imagen que se encuentra en un jardín, al lado de ese Centro. Suena el móvil: "Oiga, ¿hermanita? Soy A. Ya tengo las canciones preparadas para la Misa, en criollo de Cabo Verde, Guinea y Santo Tomé. ¿Puedo pedirle a Carmela que las escriba en el ordenador para que podamos hacer fotocopias?" M., nuestro vecino musulmán, con quien mantenemos una buena relación, al vernos salir de casa un domingo y calculando, por la hora, que vamos a la iglesia, nos dice amablemente: "¡Buena Misa!" (No hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gal 3, 28).

Carmela llega del trabajo y trae un billete de diez euros: "Fue el Sr. J. que me los dio, diciendo: "Como se va de vacaciones y los viajes son tan caros, es solo una pequeña ayuda". Ya anteriormente, cuando tuvo que ir a España, algunas de sus compañeras de trabajo le habían dado unos "mimos" para el viaje. Otra vez aparece con una bolsa de manzanas: "Son del jardín de L., nuestra usuaria, y quiere que vayamos un día a merendar con su familia". "Los pobres son nuestros maestros", decía un santo.

Uno de nuestros amigos, T., sufrió bastante con el paro, aunque no lo diga expresamente. Nos impresiona la dignidad de su actitud, su sabiduría al hablar de la sed de dinero y de poder tan actuales en este momento. Hombre de gran frugalidad y de profunda fe. "Felices vosotros, los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios" (Lc 6, 20).

Sí, creemos que todos podemos ser contemplativos en las relaciones, incluso cuando aún no descubrimos en el rostro del otro el rostro de Cristo, ya que Él está presente en toda relación humana que deja transparentar el Reino de Dios, y fue este mismo Reino que Jesucristo vino a anunciar a la tierra.

 

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