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Signos de esperanza en nuestra región

CHELAS-LISBOA (Portugal)

"En todo interviene Dios para el bien de los que le aman" (Ro 8, 28).

Considero una gracia muy grande para mí haber venido a Portugal. Doy gracias al Señor en primer lugar, y luego a la Fraternidad del Brasil por haberme enviado y a la de Portugal por acogerme. Llegué a Lisboa en febrero y es una alegría compartir con vosotros lo que he podido vivir con las Hermanitas en Chelas y lo que he conocido de las fraternidades de Fátima, Apelação, Málaga y Madrid.

Nuestra vida aquí en el barrio es muy sencilla y fue a partir de esa cotidianeidad tan común como pude vivir acontecimientos que marcaron mi vida para siempre. Con algunas personas del barrio pude ir de peregrinación a Fátima, a pie. Acontecimiento muy corriente para los portugueses, tuvo un significado expresivo para mí, que vengo de fuera. Caminar en grupo venciendo los obstáculos, con un objetivo común como principio, medio y fin. Una experiencia fuerte de abandonar lo superfluo. Al volver de Fátima tuve la triste noticia de que mi hermano había muerto después de algunos días en el hospital. Fue una agravación repentina de la enfermedad, que nos cogió de sorpresa… La comunidad me ayudó en ese momento de sufrimiento. Un acontecimiento bueno fue escuchar en Madrid las experiencias de las delegadas al Capítulo. Enseguida participé en un encuentro de formación con las Hermanitas de Europa que nacieron entre los años 1940 y 1945. Fue muy bueno reencontrar a hermanitas conocidas. Por último, tuve la oportunidad de pasar unos días en Málaga y de ir con Rosaura a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud. Era impresionante ver a toda esa juventud vibrante y llena de esperanza. Poder experimentar que, si estamos firmes en la fe y enraizados en la esperanza, nada ni nadie nos podrá derribar. La pluralidad y las diversidades son muchas, y los desafíos de nuestro tiempo son grandes… Yo creo que el carisma y la misión de la Fraternidad, que nos transmitieron el Hermano Carlos y la Hermanita Magdeleine, muestran un camino… Nos cabe a nosotras vivirlo, y traducirlo en un lenguaje para los días de hoy.

Hermanita Cândida

Del barrio

¡La Tía Preta nos dejó!

Era una gran amiga nuestra, con nosotras se sentía en familia, y nosotras con ella también. Después de un largo sufrimiento nos dejó. La Tía ayudó a muchos niños del barrio a los que quería como a "sus niños", por esta razón la llamaban Tía. Tenía sólo los recursos provenientes de su trabajo, pero daba comida, transmitía valores, daba afecto a los niños que entraban por su puerta, ¡y eran muchos! Nunca se sabía si tenía en casa a cinco o a veinte. A veces, para los cumpleaños, tenía como única tarta un "kake" que repartía entre todos.

Una chica del barrio hizo este poema:

¡En casa de la Tía era Navidad todo el año!

El Niño de Belén, nacido pobremente en una gruta, tenía el rostro de los niños de la Tía Preta (como todos la llamaban), del Tío Pedro, de Ana Bela y tantos otros que viven el misterio de Belén y nos enseñaron cómo vivirlo hoy.

En casa de la Tía Preta los niños abandonados encontraban ternura y alegría, y eran felices. El Tío Pedro, vecino de Tía Preta que vive solo, le echaba una mano cuando era necesario.

Ante la realidad de los problemas de orden social y de soledad existentes en nuestro barrio, Tía Preta era la mano amiga que a todos amparaba.

En la Misa de Adiós, Ana Rita, en nombre de todos los niños, dijo: "Tía, queremos que te vayas en paz y que no te preocupes por nosotros. Permanecerás siempre en nuestros corazones. Acuérdate que nunca será un adiós, sino un hasta luego.

¡De hecho, ya están poniendo en práctica lo que prometieron, reuniéndose con una de las antiguas "niñas", hoy casada y madre de dos hijos!

 

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