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En el mundo... Signos de esperanza

FRANCIA (La Courneuve)

Nuestra fraternidad está situada en la cuarta planta de un edificio de 15 pisos y de 200 m de altura. Enfrente hay una torre… Hace 30 años, el barrio albergaba a 4000 familias, y por este motivo lo llamaron "la ciudad de las 4000"… ¡los que llevan más tiempo tienen un buen recuerdo de los primeros años, en que todo el mundo se conocía! Hoy, muchas de esas "barras" enormes han sido destruidas, demolidas aquí, reconstruidas allí… Edificios más humanos y de menos altura salen de la tierra, pero los apartamentos son más pequeños, menos adaptados a las familias numerosas y más caros. Los carteles dicen: "La Courneuve se inventa otro futuro"… ¿Es verdad? Vivir es cada vez más difícil, la tasa del paro no ha disminuido, las agresiones, el tráfico de droga, y los ajustes de cuentas tampoco… Los jóvenes se llaman a sí mismos "la generación perdida". ¿Entonces? ¿Qué futuro hay? ¿Qué esperanza?

Demos una vuelta por el barrio: ved a estas mujeres africanas, madres de familias numerosas, cansadas tras una dura jornada de trabajo. Nos encontramos con una de ellas; utilizamos cada una la lengua de la otra para saludarnos; la de Mali dice "comment ça va?", la francesa dice "Amoro?". Y la alegría estalla. Y ahí está Ángela: se preocupa por un vecino anciano, de nuestra escalera; su puerta no cierra, él se deja robar… le ha llevado ropa limpia. Ahí vienen las hijas de nuestros amigos de Mali y Mauritania: Montan pequeños espectáculos acerca de un tema y llevan a cabo acciones humanitarias. Damos una vuelta por la tienda del marroquí que busca siempre un poco de conversación con cada uno. Salimos y una de nosotras se cae: un magrebí le ofrece un vaso de agua. Nos dice: "¿Sois cristianas? Yo soy musulmán. Estamos hechos para entendernos."

Entramos en nuestro portal: Un vecino, de Comores, limpia la escalera que se ensució en una fiesta de familia. Es un hecho verdaderamente nuevo y vale la pena animarlo. Silvia, una francesa cristiana, llama a nuestra puerta: nos cuenta la dificultad que ha tenido para encontrar su identidad en este barrio multicultural… y ahora es feliz, pues ha sabido ver la riqueza de todas estas diferencias…

Es una cuestión de mirada: Elegir ver los restos que se amontonan en los bajos o el esfuerzo de los que los recogen cada día, y buscan soluciones con algunos inquilinos llenos de ideas y de buena voluntad. Elegir ver los gestos que rompen las cosas comunes o la llama escondida que espera un signo de confianza. Elegir detenerse en la violencia de Jordan, de 13 años, o preguntarle qué le gusta, y recoger en su mirada una primera sonrisa. Encerrarse en el miedo… porque somos minoría, no somos muy jóvenes, ni musulmanes, ni de otro continente, y porque los que son "los otros" parecen ser más fuertes, o alegrarse de ver a este niño, de origen turco, que de pie sobre un taburete, delante de nuestro mapa del mundo nombra todos los países, dice de cual viene cada uno de sus compañeros y se interesa por lo que pasa en ellos.

¿Aprovecharemos esta oportunidad de ser una "encrucijada de naciones", de tejer con los otros este nuevo pueblo que formamos? Sí, nuestras costumbres son diferentes, pero compartimos nuestros platos. No tenemos siempre las palabras para comunicar, pero encontramos otros medios. No tenemos siempre la actitud adecuada en la cultura del otro, pero procuramos aprenderla y contamos con la indulgencia de la amistad.

Aquí, estamos "condenados" a ser y a permanecer "pequeños", "condenados" a abrir los ojos y acoger lo inesperado, "condenados" a abrirnos. ¿No es una buena noticia, una promesa de vida al céntuplo? "Nosotros", no es un "nosotros" restringido, que signifique "las hermanitas", o los cristianos. Todos, musulmanes, cristianos, judíos o de otras convicciones, todos, de todos los países, estamos delante de esta elección: apertura o cerrazón, pequeñez o dominación, esperanza o miedo, vida o muerte. Estamos en el espacio de una nueva creación, donde la vida humana puede surgir con toda su fuerza.

En este momento, con varias vecinas de orígenes diferentes, estamos intentando montar una asociación para unir nuestras fuerzas y ganarnos la vida mediante una artesanía solidaria. Esto creará también lazos en el barrio entre grupos étnicos. Es conmovedor ver el entusiasmo de las personas a quien pedimos consejo o apoyo gratuito. Están muy contentas de ver nuestra iniciativa porque esto va a poner en plena luz algunas de las riquezas humanas del barrio. Riquezas reales, que sólo desean expresarse y ser por fin reconocidas.

¡Es una pequeña aventura! Pero no hay por qué temblar. Porque no tenemos nada entre las manos, nos vemos obligadas a pedir ayuda, la recibimos y el proyecto se vuelve cada vez más bonito.

Está aquí Otro, que nos precede y nos abre muchas puertas… Él es el primero que ama este barrio, Él ama esta región que anuncia la Europa multiétnica de mañana… Él hace su parte… Nos pide que no midamos nuestros proyectos solo con nuestras fuerzas, sino con nuestro deseo para con los otros, con nuestra esperanza,… y que pongamos humildemente un pie delante del otro, cada día.

Nuestro barrio es un pueblo que busca nacer… Espera solamente que los demás acepten reconocer lo que es. Para él esto será un gran apoyo en su esperanza.

 

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