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En el mundo... Signos de esperanza

LÍBANO y SIRIA

"Sed alegres en la esperanza, pacientes en la adversidad, perseverantes en la oración" (Rm 12,12).

Es verdad que la guerra, los levantamientos populares en muchos de los países árabes, la ausencia de gobierno en el Líbano, podrían hacernos creer que todo va mal en este querido Oriente. Y sin embargo, se pueden observar signos de esperanza, especialmente en el Líbano y es de manera positiva como quisiéramos compartir con vosotros algunas noticias.

Después de tantos años de espera nos alegramos con los libaneses de la apertura de una embajada siria en Líbano y de una libanesa en Siria, reconocimiento oficial de la soberanía de cada país.

Una iniciativa de antiguos alumnos de los Jesuitas ha permitido que la fiesta de la Anunciación (25 de marzo) sea un día oficialmente festivo, una fiesta nacional, que muestre el amor de todos por la Virgen María. Una oración común une en esta ocasión a los creyentes de toda confesión y, por nuestra parte, intentamos sensibilizar a nuestros amigos y conocidos del significado de esta fiesta.

De igual modo, en Siria, la memoria de San Maron (1600 años) fue festejada oficialmente por el gobierno que invitó a una gran delegación libanesa. 

Hay grupos en los que las personas se comprometen para sostener a los más débiles. Tenemos el ejemplo de un amigo de la parroquia de Ras el Nabeh que visita regularmente a los cristianos del sur del Líbano para animarles a quedarse en sus pueblos, o también, el grupo Ofrece-Alegría que ha participado con voluntarios en la reparación de casas dañadas por los bombardeos israelitas. Pintan también muros en los barrios populares, sobre todo en Trípoli, y llevan a campamentos de verano a los niños de la calle.

Signo de esperanza es nuestro regreso a Ras el Nabeh (Beyrouth), barrio que se ha vuelto casi enteramente musulmán y donde, gracias al taller de Nacimientos, los clientes, al principio tímidos, ya no dudan en venir a buscar sus pedidos afrontando el miedo, consecuencia de la guerra, de pasar al otro lado.

Otro signo de esperanza es la ceremonia de votos perpetuos de la hermanita Rania en la iglesia de Ras el Nabeh, habitualmente casi vacía y ese día llena de amigos venidos de todas partes y nuestro obispo, animado a venir más a menudo, preside la misa de las fiestas patronales.

Signo de esperanza también es que, habiendo cerrado la fraternidad de Doueilaa (suburbio de Damasco) la hemos podido volver a abrir, a pesar de ser pocas, con gran alegría de los vecinos.

Otro signo de esperanza es que las jóvenes que buscan su vocación llaman a nuestra puerta y, a pesar de nuestra debilidad reconocen una espiritualidad que les atrae. Dos o tres veces al año, invitamos a algunas para un fin de semana o un día de profundización de su fe sin intentar influirles para una elección determinada, lo que les permite ser libres y ser ellas mismas. Varias han dado el paso, tres son ya novicias en Jordania y Maya es postulante en Beyrouth.

Admiramos el valor y el testimonio de fe de los refugiados iraquíes en nuestros países. Nos enseñan el abandono a Dios. Frente a esta realidad, la Fraternidad permanece abierta a nuevas llamadas e intenta responder a ciertas necesidades trabajando con ellos en una organización de jesuitas que está en varios lugares. El arzobispo maronita de Damasco escribió el 9 de marzo de 2011 en una carta titulada "Gracias a los refugiados iraquíes":

"Estos cristianos bien formados, piadosos y practicantes se refugian en la fe y la esperanza cristianas. Ellos llenan nuestras iglesias, dinamizan nuestras parroquias y refuerzan la fe cristiana en Siria aportando un nuevo soplo a nuestras comunidades.

Practicantes cotidianos, los refugiados iraquíes son asiduos a la misa cada día viniendo de lejos, a pie o en transporte público…

Sus hijos son numerosos en las clases de catecismo y de primera comunión. Sus jóvenes se comprometen en las corales de diferentes iglesias y liturgias.

Están presentes en oraciones de noche, la adoración eucarística, peregrinaciones y las procesiones por las calles de Damasco durante la Semana Santa y sobre todo durante el mes de mayo. Su dinamismo atrae a las otras comunidades.

Estos refugiados iraquíes, que no hacen más que pasar por Damasco, son misioneros ambulantes que han marcado la iglesia de Siria, que les ve pasar y se interroga sobre su porvenir.

A estos refugiados misioneros dispersos por todos los rincones del mundo no les une nada más que la oración e Internet que por cierto manejan muy bien. Se sienten desarraigados y confrontados con el ocaso de su iglesia. ¿Podrían, estos refugiados iraquíes, con su vitalidad religiosa, aportar un soplo nuevo a las iglesias de occidente que les acogen?"

 

 

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