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En el mundo... Signos de esperanza

PAKISTÁN

Shammem es una cristiana fervorosa. Pertenece a una familia pobre y se encontraba en el hospital junto a su hija enferma. La cama contigua estaba ocupada por una joven musulmana, más pobre que ella, velada por su suegra. La joven estaba a punto de dar a luz, pero su estado requería una operación de urgencia. Había que pagar la operación, el cirujano, los medicamentos, la transfusión… y nuestra Shammem oyó a su vecina murmurarle a la suegra: "Sácame de aquí, no tendréis ni siquiera para pagar mi entierro".

Shammem se conmovió mucho. Es cristiana y la otra musulmana, qué importa, hay que hacer algo. De cama en cama va pidiendo la contribución de las familias de los otros enfermos. Habla con el cirujano que no cobrará, con el director del hospital que dará gratuitamente los medicamentos que tenga en su farmacia, mientras que el yerno de Shammem comprará los otros. Queda solo la transfusión.

Shammem sale de la sala y ve un joven militar: "¡Salam aleikum, hermano! ¡Pareces fuerte y bien constituido!" Y le cuenta la historia de la joven. "¡Sí, estoy dispuesto a dar sangre, y también a pagar las pruebas y el material del gota a gota!". La sangre era compatible, la joven pudo ser operada y dar a luz una niña muy bonita. 

Shammem me dice después de contarme la historia: "Olvidé pedirle la dirección, me hubiera gustado saber cómo crecía esa niña". Hay un refrán Urdu que dice: "Haz el bien y échalo al río".

La propia Shammem tiene cinco hijos. El segundo, Asif, afectuoso, atento y siempre dispuesto a ayudar, pudo beneficiarse de una beca para empezar estudios de fisioterapeuta. Pero hace seis años desapareció… se hicieron búsquedas pero no han dado ningún resultado. La madre está deshecha. ¡Si por lo menos pudiera saber qué se ha hecho de él! Vivir en la incertidumbre es muy duro. Es como si su existencia se hubiera borrado. Shammem tiene problemas de salud y su nieta tiene cáncer. Continúa llorando, pero también luchando, caminando con confianza: "Dios no puede abandonarnos", y pide que recemos por ella. El modo en que vive su sufrimiento es para mí una luz de esperanza que me hace pensar en otro cristiano de nuestro país, Shabbaz Bhatti.

Shabbaz Bhatti era ministro federal para las minorías. Fue asesinado el dos de marzo de este año en Islamabad. Había sido el fundador de APMA (Alianza de todas las minorías pakistanís), una alianza que trabaja por todas las minorías marginadas. Siempre en solidaridad con los oprimidos, trabajó sin cesar para promover la paz, la justicia, la tolerancia y la armonía entre los adherentes de las diferentes tradiciones religiosas. Dejó un testamento espiritual que nos emociona mucho, del cual cito algunos extractos:

"Me han propuesto grandes responsabilidades en el gobierno y me han pedido que abandone la batalla, pero yo siempre lo he rechazado, aunque sepa que con ello arriesgo mi vida. Mi respuesta ha sido siempre la misma: No, yo quiero servir a Jesús como hombre del pueblo. Esta devoción me hace feliz. No busco la popularidad, no quiero ninguna posición de poder. Quiero sólo un lugar a los pies de Jesús.

Quiero que mi vida, mi carácter, mis actos, hablen por mí y digan que estoy siguiendo a Jesús. Este deseo es tan fuerte en mí que me consideraría un privilegiado si – en mi esfuerzo y en esta batalla que es la mía para ayudar a los necesitados, los pobres, los cristianos perseguidos de Pakistán – Jesús quisiera aceptar el sacrificio de mi vida. Quiero vivir por Cristo y por él quiero morir. No tengo ningún miedo en este país.

Los extremistas han intentado matarme, encarcelarme. Me han amenazado y perseguido y han aterrorizado a mi familia. Pero mi padre me ha apoyado siempre.

Y mientras viva, hasta mi último suspiro, continuaré sirviendo a Jesús y a esta pobre humanidad sufriente…

Quiero deciros que encuentro una gran fuente de inspiración en la Biblia y en la vida de Jesucristo. Cuanto más leo el Antiguo y el Nuevo Testamento, los versículos de la Biblia, más se consolidan mi fuerza y mi determinación. Cuando reflexiono sobre el hecho que Jesús lo ha sacrificado todo, que Dios ha enviado a su hijo para nuestra redención y salvación, mi fuerza y mi determinación se consolidan. Me pregunto cómo podré seguirle en el camino del Calvario. Nuestro Señor dijo: "Coge la cruz y sígueme"… los fragmentos de la Biblia que más me gustan son los que dicen: "Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era extranjero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; estaba enfermo y me visitasteis, estaba en la cárcel y vinisteis hasta mí". Así, cuando veo personas pobres y necesitadas, pienso que es Jesús quien viene a mi encuentro bajo sus trazos. Por esta razón, procuro siempre, con mis compañeros, ayudar y asistir a los que lo necesitan, los hambrientos, los sedientos."

Estos dos testimonios se corresponden: el de una madre de familia y el de un joven ministro asesinado por haber defendido a Asia Bibi, una pobre cristiana injustamente acusada y condenada a muerte según la ley de la blasfemia. (Esta ley condena a muerte o a cadena perpetua a quien falta al respeto debido al profeta Mahoma y al Corán. Ha sido invocada muchas veces con falsos testimonios con motivo de peleas entre vecinos o litigios por propiedades de tierras.)

Dos meses antes fue el gobernador musulmán de la provincia de Penjab que cayó bajo las balas de un fanático por haber intentado, también él, obtener la liberación de esa misma Asia Bibi.

Como escribía Pascal Robert, franciscano que vive en Karachi, "estos dos hombres fueron enviados por Dios para compartir su amor, su compasión y su verdad sin componendas". Serán para nosotros un signo de esperanza porque en un país en dificultad, un musulmán y un cristiano vertieron la sangre por la misma causa.

 

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