Compartir nuestra vida con los inmigrantes

Inglaterra

 

BUENOS DÍAS DESDE HACKNEY!

La historia del Reino Unido durante siglos, ha propiciado que Londres haya acogido gentes de todas las nacionalidades. «Le Bout de L’Est», donde vivimos, cerca del puerto de Londres, fuera de los muros de la ciudad, es uno de los barrios londinenses más pobres. Oleadas sucesivas de inmigrantes han encontrado en él su casa. Ya en el siglo XV, los judíos encontraron aquí refugio y la inmigración ha continuado a lo largo de los siglos, sobre todo procedente de Rusia y de Centro Europa. «Bout de L’Est» se ha ido convirtiendo, poco a poco, en un verdadero gueto de personas muy pobres, sobre todo de judíos «Hasideos». Con las hambrunas del siglo XIX, llegaron irlandeses y malteses. Después de la segunda Guerra Mundial, en 1953, vinieron emigrantes de las Antillas para trabajar en la construcción de carreteras, en los transportes y en los hospitales. Los indios y los paquistaníes y, sobre todo, las personas de Bangladesh se instalaron en Toser Hamlest cuando sus países consiguieron la independencia. Después de la guerra, llegaron también griegos y turcos, sobre todo chipriotas. Recientemente han encontrado aquí su refugio turcos y kurdos, así como familias de Europa Central que han emigrado debido a la inestabilidad política de sus países de origen. Hay refugiados de todos los lugares: de Vietnam y de China y, últimamente, están llegando masivamente de África, sobre todo de Nigeria, de Ghana, de Camerún, del Congo, de Sudán, de Ruanda y de Somalia. Los últimos en llegar proceden de Rumanía, de Rusia, de Estonia, de Ucrania y de Afganistán.

En nuestro barrio también hay transeúntes y personas que vienen de otras regiones de Inglaterra y Escocia atraídos por todo lo que ofrece Londres, tanto de bueno como de malo. Hay también un pequeño grupo de Ingleses que tienen como identidad ser del «Bout de L’Est», y que han vivido siempre aquí.

Además, debido a la cercanía del centro de la ciudad, empieza también a haber zonas muy caras y deseadas, a las que vienen a vivir aquellos que tienen éxito en la vida..

Nosotras nos encontramos inmersas en este contexto multicultural y multirracial.

Las Iglesias Negras Bautistas (Black-led Churches), tienen mucha influencia y precisamente en Hackney, están construyendo el templo más grande de Europa. Los feligreses de nuestra Parroquia, la de Santa Mónica, son en un 90% africanos y de las Antillas.

Realmente en Hackney se encuentra el mundo entero. Esta es nuestra riqueza y también nuestro reto.

El encuentro para reflexionar sobre la emigración que las hermanitas tuvimos en Sigüenza (España) el año pasado, me hizo tomar más conciencia de lo que vivimos. Tengo que reconocer que no todo el país es como Hackney, aunque esta es cada vez más,  la imagen de nuestras grandes ciudades.

Desde hace años estoy contratada por el Ayuntamiento de Hackney para trabajar en la ayuda a domicilio. En el Municipio existe una «Policy Of Equal Opportunity». Esto implica que cada persona tiene los mismos derechos y deberes, y que las diferencias de raza, de cultura y de sexo son respetadas. Hay un tribunal interno para resolver los problemas y para favorecer el diálogo. En el gobierno local hay efectivamente representantes de todos los países. En los puestos oficiales están los dos grupos mayoritarios, los africanos y los de las Antillas. En este momento el Alcalde es un judío tradicional.

También mi ambiente de trabajo es un «pequeño mundo». En el trabajo, nuestro «manager» es de Jamaica, mi responsable de Nigeria y la portera del bloque paquistaní. Las personas mayores o impedidas a las que atiendo son de muchos países distintos. En cada caso se nos informa cómo seguir y respetar las practicas de higiene de cada una, según su cultura y religión.

Estoy afiliada al Sindicato Unison. a  veces me pregunto ¿cuál es la visión del sindicato?, ¿cómo vivir la solidaridad a escala mundial, dado que las luchas por mantener el bienestar aquí tienen repercusiones en  la otra parte del mundo? Últimamente he tenido una sorpresa agradable: El marido de una de mis compañeras de trabajo, una refugiada camerunesa, forma parte de un movimiento político democrático. Mi sindicato le ha sostenido económicamente y ha apoyado su petición de residencia en Inglaterra, luchando por conseguirla.

Ahora cada mañana voy a casa de una sra. de Estonia, que se llama Helea y que vive refugiada en Inglaterra desde 1943. Su nieta ha venido recientemente de Estonia para visitarla. Para la abuela ha sino una alegría, pero después me ha dicho “Sabes, la visita me ha removido. Ya no pertenezco ni a Estonia ni tampoco soy de aquí. No pertenezco a ningún sitio, pero lo más importante es ser yo misma y hacer cosas pequeñas por los demás”.

La señora Helea es Luterana. Ella no puede andar para ir a su Iglesia, y me dice que está contenta de que yo pueda ir a la mía en su lugar.

Enfrente de Helea vive Esther, que es originaria de la India y tiene 95 años. Ella se acuerda de su abuelo que vino de Rusia. Está ciega y sorda pero desborda de vida. Le gusta salir, ponerse vestidos bonitos y se interesa por todo, sobre todo por lo referente a la justicia en favor de los más pobres. Habla muchas veces de los valores humanos y de no dejarse engañar por esta sociedad de consumo. A veces me recita poemas que aprendió en su juventud.

También está Evalúan de Jamaica, que tiene 85 años y necesita muchos cuidados. Ella misma se hace la comida y, sobre todo, se siente «mamá». Tiene un hijo muy enfermo. Cada mañana me cuesta trabajo convencerla de que no vaya a verle, pues sin poder andar quiere ir a hacerle la comida. Piensa con frecuencia en su país, aunque viendo su realidad sabe que no podrá volver a él.

Voy también a casa de Mar, una nigeriana enferma grave del corazón. Pasa el día escuchando la radio, una emisora con cantos y reflexiones religiosas. Me habla de lo importante que es alabar a Dios, incluso cuando se está mal.

En este trabajo he tenido el privilegio de encontrar personas que han tenido una vida no sólo interesante sino desinteresada y entregada a los demás. Soy testigo de vidas muy hermosas, muchas veces tan escondidas, que he decidido escribir algunos poemas, para guardar en la memoria estos rayos de dignidad y belleza humana.

Quiero compartir un poema que he escrito pensando en  Annie. Su sentido del otro y su interés por él a pesar de tanto sufrimiento, reflejado en su propio cuerpo, habla con más elocuencia que todo lo que se pueda decir de ella.

 

 

Mujer en la ventana, la ventana es tu mundo.

Llamas a cada uno de los peatones

Al indio, al kurdo, al maltés o al judío.

Cada rostro, cada historia es importante para ti.

 

Caramelos para los niños, una palabra y una sonrisa,

No hay nada en la plaza que se te escape.

Tus favoritos no son ni el bien ni el mal,

Sino que dices lo que piensas con alegría.

 

¿Pero dónde está tu casa ya que todos son amigos,

Stamford Hill en el East End?

Lituania y Letonia modelaron tu alma,

Además de la comunidad judía, que aún está a tu lado.

 

Tu ventana está grande, abierta al viento y al vendaval,

Echa un vistazo a nuestro mundo y a su dolor.

Ahora miras con los ojos del corazón,

Que tu visión nunca sea en vano.

 

Ni árabe ni judío, pues cada persona que ves

Es un hermano o una hermana para ti

¿No está tu ventana abierta al alto cielo,

Donde la luz y la compasión de Dios

Transforma nuestra mirada?

En nuestro encuentro de España hemos hablado de caminar juntas desde líneas convergentes. Sí, esto es posible, Annie es la prueba.

                                                       Little Sister  Catherine Helen

 

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