Compartir nuestra vida con los inmigrantes

Portugal

 

Estamos desde 1991, en el barrio de la «Quinta da Serra, Prior Velho», situado en la periferia de Lisboa.

Nos vinimos a vivir aquí porque, en aquel momento, llegaban a esta zona muchísimos africanos que venían de las ex-colonias portuguesas. Su llegada tan numerosa fue vista por la gente del pueblo como una amenaza, pensaban que venían a invadir su ambiente, a robar su trabajo, a perturbar sus costumbres...

Decidir vivir en medio de ellos, en un barrio clandestino, significaba estar a su lado, ser solidarias con su destino, compartiendo su inseguridad, asumiendo sus dudas y sus esperanzas.

Se ayudaban para conseguir que cada familia pudiera tener su casa. Trabajando de noche y los fines de semana fueron construyendo sus propias casas, humildes pero hechas de ladrillos. Pero como estas casas eran clandestinas, las autoridades locales amenazaron reiteradamente con demolerlas, incluso llegaron a tirar algunas...

El barrio creció rápidamente. La lucha por la supervivencia y para conseguir el agua, la luz y un mínimo de condiciones de vida digna, fraguó una gran solidaridad. Esto ayudó a tejer lazos de relación y amistad, no solo entre los habitantes del barrio, sino también con la comunidad cristiana de la parroquia, que tomó conciencia de esta realidad, y con otras personas del exterior que eran sensibles a estos problemas.

De vez en cuando nos encontrábamos en fiestas y reuniones organizadas por la asociación del barrio y otras organizaciones de apoyo escolar y deportivo, todo esto nos animó y estimuló.

Para nosotras, que formamos parte del barrio y que sentimos como propio todo lo que constituye la vida de nuestros vecinos, que queremos compartir su destino, crece día a día una solidaridad y una relación que nos hace sentirnos como en familia.

Se trata de compartir la vida diaria, hecha de penas y de alegrías, de trabajo y de proyectos...sin faltar las fiestas, los encuentros y los sueños...

Mirando el tiempo vivido aquí, nos damos cuenta hasta qué punto las dificultades, las luchas y los sufrimientos, nos han hecho crecer y han sostenido una vida comunitaria de la que todos nos sentimos responsables y en la que, a pesar de las dificultades, todos estamos a gusto.

Camino que está marcado por la esperanza, que nos anima, a pesar de que todo parezca vulgar y que nada parezca cambiar

Hay muchas señales de vida que nos animan, como la alegría de tener luz legal, el agua corriente en casa, el reparto del correo y las mejoras de las calles, etc...Todo esto ayuda a vivir con más dignidad.

Nuestro deseo más profundo es que Jesús tenga cada vez más lugar en nuestro corazón y en el de cada persona. Para nosotras es una alegría ver como va creciendo el número de nuestros vecinos que participan en la Eucaristía dominical y de los niños en la catequesis y otras actividades parroquiales.

Caminamos con este pueblo tantas veces marginado y víctima del color de su piel...considerados muchas veces como personas de segunda clase... Esto es para nosotras una invitación constante a vivir lo esencial de nuestra vocación: mirar a cada ser humano, a cada uno de nuestros vecinos, diferentes de nosotras por la raza y el color, por la cultura y la religión, como un hermano único al que tenemos que amar.

En el llamado mundo de la globalización vemos muchos aspectos positivos, pero también cómo por otro lado dominan:  los intereses, el poder, el tener y la fuerza. Al tomar conciencia de esta realidad, siento la necesidad y la llamada a descubrir cada vez más profundamente el Evangelio, procurando seguir los pasos de Jesús que vino sin poder y sin fuerza a enseñarnos que el único camino que da vida y salva es la entrega de la propia vida por amor.

Durante ocho años compartí el trabajo con mis compañeras y compañeros en un snak bar. Cuando llegué todos los trabajadores eran portugueses. Más tarde empezó a trabajar una vecina nuestra, de Cabo Verde, que yo había recomendado al dueño. Ahora trabajan personas de distintos países.

Mi presencia durante todos estos años, me dio la oportunidad de ayudar a crear una relación que fue creciendo cada vez más en confianza y amistad. Con frecuencia me buscaban para compartir algo de sus vidas, que no se atrevían a hablar con otras compañeras, confiando en mí y en el amor gratuito que intentaba ofrecerles.

Acabo de dejar el trabajo para participar en el año de renovación que organiza la Fraternidad. Un tiempo dedicado a profundizar en mi vida como hermanita de Jesús, a centrar más intensamente la mirada en Jesús,«El Modelo Ùnico» y, al mismo tiempo, en todos los que nos rodean, asumiendo sus alegrías y sufrimientos, «dándonos todas a todos».

Irmäzinha .Casimira.

 

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