Encuentro de Regionales de Europa 

En Junio, en Berlín, un lugar tan significativo en la historia reciente de Europa, tuvimos un encuentro de Regionales de Europa con el objetivo de asumir colegialmente las búsquedas, orientaciones y decisiones de la Fraternidad.

Para algunas de nosotras esta reunión nos proporcionó la ocasión de abrir los ojos a las verdaderas dimensiones de Europa, a la diversidad de países y de situaciones que vive la Fraternidad en ella. Algunas regiones destacan por la enorme dispersión de las fraternidades a causa de las grandes  distancias que hay entre las comunidades. Otras por su enorme pluralidad cultural, lingüística, religiosa y de nacionalidades. En la mayoría de las fraternidades es notable la ausencia de jóvenes, con las excepciones de Polonia, Checoslovaquia e Italia. En algunos países, casi todas las hermanitas son extranjeras, en otros del propio país.

La peculiar realidad de la fraternidad en Francia, con un elevado número de hermanitas, hace que esté dividida en tres regiones. La mayoría de las hermanitas han dado lo mejor de sí mismas, fundando fraternidades a lo largo y ancho del mundo. Pero ahora, por diversas circunstancias, muchas han tenido que volver. 

También la situación de la fraternidad romana de Tre Fontane merece una mención aparte. La edad de las hermanitas que están permanentemente allí aumenta, haciendo cada vez más difícil que puedan seguir ofreciendo el servicio que vienen prestando con esa marca de universalidad, de casa de familia, de acogida.

Ante ambas situaciones nos comprometimos a hacer frente juntas a las necesidades que vayan surgiendo, aportando regularmente hermanitas que vayan a prestar su servicio durante un tiempo a Francia y a Tre Fontane.

Tomamos conciencia del envejecimiento de la fraternidad en el ámbito europeo, de la fragilidad física y psíquica de muchos de sus miembros. Tenemos ante nosotras el desafío de descubrir y aprender la manera de acoger positivamente nuestra fragilidad, manteniéndonos abiertas a la esperanza. Vemos la necesidad de avanzar en la clarificación de esta nueva etapa y de redefinir nuestra misión en ella, y no nos faltan ejemplos que ilustran como podemos hacerlo.

Al mismo tiempo, constatamos que estamos abiertas a los desafíos de la sociedad y de la Fraternidad, que vivimos en búsqueda y nos atrevemos a lo nuevo, con proyectos de abrir nuevas fraternidades para acercarnos a los sin techo, al mundo de la prostitución, a los gitanos... Nos atreveremos a ello, en la medida que seamos capaces de reavivar las motivaciones más profundas que nos trajeron a la Fraternidad, algo para lo que no es un obstáculo la edad.

Una y otra vez, a lo largo del encuentro resaltamos la importancia de construir una vida comunitaria sólida, abordando los aspectos psicológicos, de conocimiento de sí misma, la comunicación y la relación interpersonal, todos ellos de una gran ayuda. Pero sin quedarnos en estos, sino descender a los niveles más profundos y posibilitadores, la fe, la esperanza y la caridad, pilares fundamentales de nuestra vida.

También nos planteamos la dificultad para mantener vivo el sentido de pertenencia a una familia, pues si algo caracteriza a nuestra época es su fuerte presión hacia el individualismo. Necesitamos profundizar en la relación entre nuestra identidad y la pertenencia. A veces la pertenencia a la fraternidad será causa de alegría, otras nos hará sufrir, pero es así como construiremos nuestra propia identidad comunitaria, pasando del «yo» al «nosotras», con sus gestos, palabras y acciones concretas. El mundo de hoy necesita «comunidades santas». Y esa es la tarea que tenemos delante, si queremos que la Fraternidad sea signo profético.

Finalmente nos marcamos unas líneas conjuntas de trabajo cara al futuro, haciéndonos eco de las palabras de Hta Raymonde Andrée, nuestra Responsable General: “Cambiemos nuestra mirada... En el corazón de la realidad, en la pobreza concreta de nuestras regiones y de nuestras fraternidades, está escondido el Señor. Desinstalarnos de nuestras maneras de pensar y de hacer es un camino de conversión que nos hace dóciles al ritmo de Dios conmigo, con nosotras y con el mundo”.

 

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