Las Fraternidades hoy: Una vida abierta al futuro

 

MÁLAGA,

PRESENTE Y FUTURO

 

Josefa de Málaga

La fraternidad de Málaga nació en las chabolas de la Playa de San Andrés, en medio de una población en su mayoría gitana. Después, siguiendo las “migraciones” dictadas por la voluntad de “esconder la miseria” por parte de las sucesivas Corporaciones Municipales, se trasladó al barrio popular de La Palmilla, de gente sencilla, trabajadora, venida de diferentes zonas de Málaga, e incluso de pueblos más o menos cercanos. Muchas familias gitanas conocidas fueron también realojadas aquí. Elisa, gracias a su trabajo de cocinera en una guardería del barrio durante ya más de veinte años, ha seguido manteniendo el contacto con todas estas familias de una manera privilegiada.

Rosaura, Auxi, Ángel y Elisa

Con el tiempo, la situación se fue deteriorando: el paro, la aparición de la droga, la llamada de la sociedad de consumo, el dinero fácil del tráfico de droga, la desestructuración de las familias... son los eslabones de una cadena que conduce cada vez más a la cárcel y a la exclusión.

Después de una mirada atenta a la nueva realidad del barrio y de un discernimiento que llevó su tiempo, hace ya dos años vimos que la fidelidad a nuestro carisma y a nuestros amigos exigía que esta fraternidad estuviera prioritariamente consagrada a todos aquellos para quienes la prisión es una realidad que forma parte de su vida cotidiana... ¡y esto significa la mayor parte de las familias del barrio!

A partir de esta constatación, hemos ido dando pasos que orientan nuestra vida en este sentido: En el ámbito laboral, hemos privilegiado situaciones que nos permitan trabajar con personas que han salido de la cárcel y que necesitan recorrer un largo camino antes de llegar a una verdadera “integración laboral”. Procuramos estar especialmente disponibles para acoger, escuchar y ayudar a los presos y a sus familias. Esto supone mucho tiempo, mucha paciencia... ¡y muchas tazas de café! Nuestro teléfono se ha convertido en un punto al que se puede llamar desde la cárcel para tener noticias de la familia y que puede utilizarse para pedir una cita con los que están “dentro”. Tenemos la preocupación de ir a ver a nuestros vecinos presos y de escribirles con fidelidad. Una de nosotras ha conseguido tener autorización para entrar dentro de la cárcel, y lo hace siempre que puede. ¡Sí!, como veis, la “orientación” de nuestra fraternidad ha cambiado, y muy concretamente.

Existen, en distintos países, fraternidades que viven esta misma “atención especial”. Para nosotras es una gracia y un apoyo enorme estar en contacto con ellas y enriquecernos de su experiencia. Soñamos con poder organizar un día un encuentro con ellas aquí, en Málaga.

¿Proyectos para el futuro? Los tenemos, y grandes. El más querido y deseado es el de poder entrar un día en la cárcel para compartir plenamente durante unos meses la vida de las presas. No es fácil, llevamos ya dados muchos pasos y el final del camino no se ve muy claro, pero ¿no es Jesús el Señor de lo imposible? Continuamos pues sin desanimarnos, esperando y luchando para conseguirlo.

Otro cambio que nos espera en breve, será la jubilación de Elisa, después de tantos años en la guardería. Lo vemos como un momento importante, que no viviremos sin emociones, sobre todo ella, pero que puede ser un paso significativo para consagrar aún más energías a este mundo de la cárcel que es nuestro entorno natural, y que nos ha tocado el corazón, porque... Dios está en él.  

Una amiga con Josefa

                       

 

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