Rememorar nuestra historia

Elena Celia de Palestina

Los cumpleaños “importantes” son una excelente ocasión para desempolvar las fotos amarillentas que nos hablan de cuando éramos jóvenes... y nos invitan a recordar las experiencias vividas. Así pues, ¡rememoremos!

La Fraternidad de las Hermanitas de Jesús nació en Argelia, en 1939, con un fin muy específico y concreto: vivir una vida contemplativa, como Jesús en Nazaret, compartiendo la vida de aquellos que están “al margen de la sociedad”... haciéndose “una de ellos”, caminando juntos, en profunda amistad, la amistad solidaria del día a día, creciendo hacia la Humanidad plena a la que todos estamos llamados.

En sus inicios, la Fraternidad, recogiendo la herencia del hermano Carlos, quería caminar junto a los pueblos nómadas del mundo musulmán; y esto de una manera “exclusiva”. Con esta exclusividad como punto de partida, parecía imposible descubrir algún resquicio que pudiera desembocar más tarde en una “vocación universal”.

Pero el viento sopla donde quiere y, a menudo, sin que nos demos cuenta. Hta. Magdeleine escribía en 1946: “En la Sainte Baume (Francia), de repente, tengo la certeza... como si una gran luz me cegara... tengo la certeza que la Fraternidad tiene que extenderse al mundo entero y llegar a ser universal... Esto significa el sacrificio de una idea muy querida para mí: la consagración exclusiva de la Fraternidad a los pueblos del Islam...”. Poco a poco, la Fraternidad se va abriendo a otros ambientes; sin perder de vista los pueblos de Islam, su primer amor, el corazón de la Fraternidad se va dilatando al mundo entero. Vivir una vocación contemplativa no en el claustro de un monasterio, sino compartiendo las condiciones de vida y de trabajo, el estatus social, los ambientes y las amistades, y hasta el tipo de vivienda de tantas personas excluidas, que no consiguen encontrar un lugar en la sociedad. Compartir la vida gratuitamente, día a día, desde la amistad.

Aquella semilla, pequeñita, sembrada por Hta Magdeleine entre los nómadas de Argelia, llevada por el viento del Espíritu comienza a expandirse a lo largo y ancho del mundo. Y así llega a nuestro país, hace ya 50 años. ¡Medio siglo, y parece que fue ayer!

Hta Magdeleine tiene su primer contacto en Barcelona, con motivo del Congreso Eucarístico (junio 1952). Allí comienza a percibir el clima social, político y eclesial, el sufrimiento del mundo obrero y la ausencia de libertad y de justicia.

Su respuesta es inmediata, al poco tiempo, la Fraternidad se establece en Ventas, entonces uno de los barrios más populares y más pobres de Madrid.

En los primeros años de la década de los 50 arraigan las intuiciones de Hta Magdeleine: “HACERSE UNA DE ELLOS, árabe con los árabes... y, sobre todo, humana con los humanos”. Por eso, busca el modo de facilitar a las jóvenes que quieren ser hermanitas una formación lo más cercana posible a su cultura. Una expresión clara de este deseo fue la apertura de un noviciado en Guadalupe, cerca del santuario mariano.

Hacerse “una de ellos”, obreras con los obreros, es el deseo de Hta. Magdeleine: “tendríamos que tener rápidamente hermanitas obreras en España, para que sea visible el verdadero rostro de la Fraternidad”. Y surge la primera fraternidad obrera de nuestro país, en Bilbao “donde el problema obrero se plantea ampliamente...”

Hoy, 50 años más tarde, nos gusta recordar aquellos primeros pasos que sentaron las bases de lo que actualmente son nuestras fraternidades en España. Ahora, en un contexto social distinto, las primeras intuiciones de la fundación siguen siendo un obligado punto de referencia.

Primera fraternidad. Barrio de la Bomba (Madrid) 1953

                                                                        

 

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